El naufragio - EntornoInteligente
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En varias columnas he tratado de hacer una crítica constructiva al gobierno Duque. He procurado señalar sus aciertos y desaciertos; menos los primeros y muchos los segundos, lo cual es bastante exótico en el primer año de un presidente en donde casi todo es color de rosa.

Sistemáticamente he reconocido en Duque “a un hombre bueno”. En mi cabeza jamás ha existido la idea de que sus esfuerzos no pasan por tratar de construir un mejor país. Sin embargo, estoy a punto de reconsiderarlo. Su permanente falta de liderazgo y sus equivocaciones invitan a dudar si en realidad Duque es un buen tipo o es que simula serlo, lo que no es lo mismo.

No entiendo por qué Duque sigue cometiendo el inmenso error de no desmarcarse de las posiciones radicales de su jefe Uribe, alfiles y socios. De forma más que torpe, Duque insiste en defender como propias las ideas de quienes pretenden dividirnos para generar un caos político-institucional que solo conviene al egocentrismo de los caudillos de los partidos extremos, léase Uribe y Petro, quienes están igual de deschavetados. Al tiempo que Petro propone la destrucción de todo porque según él nada funciona, Uribe se atreve a decir que la supremacía no está en el Estado de derecho sino en el Estado de opinón. Ambos personajes causan tanta risa como miedo.

Sigo sin entender a Duque. ¿Cómo se explica que en la última semana legislativa, la que sin duda es la más importante, haya decidido viajar a Europa dejando los proyectos en manos de su poco experimentado gabinete y de esas abejas llamadas congresistas? ¿Por qué se ha demorado tanto en apersonarse del grave problema de la vía al Llano? ¿Por qué no le ha exigido la renuncia a la ministra del Interior? ¿Por qué no le dice al ministro de Hacienda que aparezca? ¿Por qué no se ha propuesto proteger adecuadamente a los líderes sociales?

Mientras Duque viajaba, su Gobierno tuvo una de las semanas más calamitosas. El asesinato de María del Pilar Hurtado y el video de su hijo llorando exacerbaron al país, que no entiende por qué no se le da la debida prioridad a la supervivencia de los líderes sociales. El hundimiento del proyecto anticorrupción en el Congreso, gracias a la conspiración entre la insostenible ministra del Interior y el inefable presidente de la Cámara, Alejandro Carlos Chacón, famoso por meter micos en los proyectos y hundirlos, indignó al país, que no entiende por qué Duque se niega a jugarse sus restos para convertirse en el primer presidente en asumir la lucha contra la corrupción como su principal bandera. Duque habla de una Corte Internacional contra la corrupción y aquí en Colombia no es capaz, ni siquiera, de pasar ni una ley para combatirla.

Gobernar un país con tantos problemas es un asunto complejo, pero lo es mucho más cuando quienes lo gobiernan son un presidente y un equipo que lo que más los une es la inexperiencia. En serio, no se entiende cómo es que Duque prioriza una insulsa agenda en Europa, en vez de atender un barco llamado Colombia, que está a punto de naufragar por cuenta de un capitán ausente, inexperto y polarizador.

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