El mundo judicial se pregunta «¿quién es hoy el poder?»

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En esa reacción -que genera, por qué no, también cierta ansiedad en tribunales- están contenidos varios gestos: la búsqueda de autonomizar agenda, el abroquelamiento detrás de las figuras más fuertes del sistema y la captura de espacios de poder. Con la economía estallada, el Gobierno en modo Fidel Pintos, el kirchnerismo en etapa de resignación y la oposición sometida a las reglas cambiantes de quien oficia como el «dueño de la pelota», el combo es de inédita inestabilidad. Traducir todo eso en gestión frente a los otros poderes del Estado, casi paralizados es el objetivo que desde varios sectores judiciales se han puesto como meta. Por esto cobró notoriedad la instalación de la problemática de comprensión simple para el ciudadano de a pie como es la del narcotráfico que tuvo como epicentro la cumbre en Rosario pero que promete reeditarse. Parece mentira pero la instalación de una sala multimedia para poder tomar declaraciones fue recibida con bombos y platillos. Eso solo lo explican las condiciones de trabajo en la que están sumidas la mayoría de las jurisdicciones por fuera de la Capital Federal.

Informate más Escándalo en elenco de los Power Rangers: detienen a un actor por fraude relacionado al Covid-19 Ante el vacío que también se agrega por el desconocimiento de la política acerca de las resoluciones que la Corte tiene en carpeta sobre cuestiones relevantes como la Coparticipación o las causas judiciales que afectan a exfuncionarios (Vialidad por Cristina de Kirchner y Correo por Mauricio Macri como icónicas), los gobernadores aprovechan para lanzar su «wishlist» y hacer toda la serie de pedidos que puedan capitalizar (en cuanto a estructura judicial) para sus terruños. Las vacantes en la Cámara Federal y en los juzgados de Comodoro Py interesan pero pierden centralidad precisamente por la ausencia de claridad en los espacios políticos. Hay otra consecuencia que se lee en el cuarto piso del Palacio de Tribunales: «el que aprieta, pierde», se transforma casi en códex para decodificar el comportamiento de la Corte.

Enmarañado en esa dinámica, un pequeño haz de luz parece colarse en las casi nulas chances que tenía el Gobierno para aprobar una ley que modifique la composición del Consejo de la Magistratura. Ya corriendo de atrás la conformación de 20 miembros que quedó totalmente instituida a partir de la jura de Martín Doñate y de Roxana Reyes, las negociaciones continúan en la Cámara de Diputados. Las opciones son cada vez más angostas en cuanto a lo sustancial: incluir o no a la Corte Suprema en la presidencia. En la puerta de junio, el Congreso no puede mostrar que en la primera mitad del año logró aprobar solo una de las leyes relevantes que se pusieron en la hoja de ruta. Si el oficialismo siempre merodea la aldea de Graciela Camaño para testear acompañamiento en números tan desfavorables también deberá ser cuidadoso con respecto al texto que busque someter a discusión. No hubo siquiera tiempo de velar el proyecto oficial que venía aprobado desde el Senado.

En toda esa confusión se recorta en el horizonte el proyecto de ley presentado a principios de año por el diputado del PRO y consejero Pablo Tonelli. Con en ese entonces vigente modelo de 13 miembros, la novedad no estaba en el número de sillas. De hecho, solo incorporaba la de la Corte Suprema, llevando la cifra a 14 miembros. Pero no necesariamente sería su presidente, sino un representante del tribunal. Hoy es casi un caramelo de madera destronar a Horacio Rosatti , sobre todo porque nada asegura que no pueda volver a ser elegido «representante» para ocupar el sillón del máximo Tribunal. Es la misma mayoría que se requiere para ser elegido presidente. De cualquier manera, el ensayo de pizarrón indica que es un proyecto presentado por un opositor, que contiene a la Corte y que daría equilibrio funcional al Consejo bajo la premisa de un equilibrio en los estamentos.

Volviendo al modelo Tonelli, lo novedoso que propone el texto es que cada estamento puede elegir como su representante a una persona que no forme parte del mismo. De esta manera, el representante electo por el estamento desempeñará exclusivamente ese cargo público, sin superponerse con otra función. Es un experimento que ofrece un panorama inexplorado todavía, no solo golpearía el narcisismo de los representantes del Congreso –que siempre ansían la vidriera que implica el Consejo-, sino también la perspectiva de los jueces que valoran para su política interna la botonera que ofrece un sillón de consejero. Lo cierto es que esa idea de «representantes de» y no directamente los funcionarios tiene un punto de contacto con una iniciativa presentada por el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires (el que ganó el litigio de la inconstitucionalidad), AmCham y las organizaciones empresarias y de la sociedad civil que abogaron por un modelo de despolitización absoluto del Consejo. Todos ensayos de pizarrón, por el momento y para escenarios previos a la asunción de cada uno de los designados para el tramo abril-noviembre. Hubo satisfacciones repartidas por igual. El único que perdió en toda esta secuencia fue Luis Juez, sin que nadie se lamentara demasiado. Este jueves a las 9 se pondrá en marcha el Consejo de la Magistratura con la denominada reunión de coordinación «multitema», donde según pudo confirmar Ámbito se inaugurará, en términos formales la tarea más rutinaria del órgano de selección y remoción de jueces. Una de las más relevantes.

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