EL MUNDO en el corazón de la tragedia venezolana: Estamos sumidos en ruinas y desesperación

Lapatilla junio 26 2026, 6:32 amPosteado en:  Destacados, NacionalesCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn Rescatistas trabajan en una zona afectada por un terremoto, este jueves en Caracas (Venezuela). El Gobierno de Venezuela elevó a 235 los muertos y a 4.300 los heridos por los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 de la víspera, cuya devastación golpeó especialmente al estado La Guaira. EFE/ Ronald Peña R   Primero el pánico, luego la desolación y después el desamparo. Habitantes de La Guaira, estado costero destruido por la naturaleza por segunda vez en apenas 27 años, clamaron durante todo el jueves para que llegase ayuda desde la capital y el resto del país, ya que ciudadanos, voluntarios, algunos policías y bomberos, sin herramientas y máquinas adecuadas, no se daban a basto para rescatar a las cientos de personas atrapadas en los edificios. Por Leanyer RojasCatia  / elmundo.es Venezuela atraviesa un plan de TRES FASES, déjanos tu correo y te actualizaremos al momento Como si se tratara de una reedición caribeña de la trágica riada de Valencia, entre los cientos de voluntarios que comenzaron a desembarcar desde Caracas surgió un eslogan, que muy pronto se hizo popular: “Donde falta gobierno, (lo que) sobra es pueblo”, tan parecido al grito valenciano, convertido en lema de rabia, de “sólo el pueblo salva al pueblo”. “¡Ahí está mi nieta con cinco años, tapiada”, clamó el abuelo a la carrera en Catia La Mar para llamar la atención de los recién llegados. No se trataba, ni mucho menos, de un caso aislado. “Siempre he votado por este gobierno y ni una cisterna (camión de bomberos) pueden enviar para que los tapiados no mueran asfixiados”, se quejaba angustiado, con el temor de que el incendio que comenzaba devorase los restos de la estructura que fue una vivienda. “Hemos venido a buscar a una familiar y gracias a Dios la hemos encontrado. Ella vivía en Los Cocos, por Caribe. Se cayeron dos bloques enteros pero el de ella se quedó por la mitad y pudieron salir vivas“, se congratuló Joel Parra, de 28 años, que se había desplazado desde la capital para la operación rescate. La dimensión de la destrucción es tal que las propias víctimas se sorprenden cuando se desplazan desde sus zonas hacia otros lados del litoral. A la espera de las mismas fuerzas del Estado, cadáveres permanecían en el suelo, tapado cada uno como buenamente se podía, ya fuera con un cartón, sábanas o trapos. “Lo primero que me impactó fue el nivel de la destrucción, la zona está resumida a ruinas. Por otro lado, el desespero se siente en el ambiente, la gente buscando a sus familiares bajo los escombros, aceras llenas de personas en shock, cadáveres tapados con sábanas”, resumió para EL MUNDO el periodista y exprisionero político, Gabriel González, que vive en la parte montañosa del estado. El clamor era generalizado, incluso muchos recordaban la ausencia de los militares, tan presentes en la vida diaria revolucionaria. “El Alto Mando Militar y toda la Fuerza Armada tienen entre sus funciones apoyar al país ante desastres y emergencias. Hasta ahora no se ha visto una verdadera movilización ni actuación ante esta grave situación que vivimos. Hemos visto familiares, vecinos y rescatistas tratando de salvar vidas con sus propias manos. Las familias afectadas necesitan auxilio inmediato y atención médica”, protestó a través de sus redes el dirigente opositor Juan Pablo Guanipa, mano derecha de María Corina Machado en la Plataforma Unitaria. “Ciudadanos comunes ayudando a ciudadanos comunes. Ciudadanos comunes rescatando a ciudadanos comunes. Con las manos. ¿Para qué sirve un militar?”, se interrogó la es

Fuente: La Patilla — Ver nota original

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