El laberinto de la Selva - EntornoInteligente
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Juan Carlos Soto

La historia nació en una noche bañada en cerveza; era la década de los ochenta, segundo piso del portal San Agustín. Pepe Flor, músico de rock, contó una historia real pero alucinante a Hugo Yuen Cárdenas.

El cuento refería a un amigo de Flor que se marchó a Madre de Dios en busca del oro y sus vicios: trata, prostitución, alcoholismo, vida y muerte.

Al día siguiente, la resaca no vaporizó los recuerdos de esa trama, más bien potenció la obsesión de Yuen. Tenía que escribir una historia de aventuras ambientada en Madre de Dios.

Los trabajos alimenticios lo tenían atrapado, hasta que un día dijo: “¡Basta!”. En 2012, renunció a su trabajo en el Congreso. Compró un boleto aéreo de ida a Madre de Dios. Su objetivo era llegar a los lavaderos de oro, territorios de la minería informal.

“Si vamos ahí, nos matan”, le dijo un amigo ambientalista que no pudo desanimarlo de su proyecto. Yuen consiguió infiltrarse —por otro amigo— en estos territorios.

Ahí se convirtió en un minero informal. Ayudaba en las tareas para extraer el oro de la arena aplicando mercurio.

Todas esas experiencias se sintetizan en El laberinto de los endriagos . Es una muy buena novela inspirada en esta región casi marginal del Perú, nos dice el poeta Ricardo González Vigil, quien presentó la novela en la Feria del Libro de Arequipa. González Vigil formó parte del jurado del Premio Cope 2017, que galardonó la obra en la Bienal de Novela. González nos dice que la obra construye un microcosmos y se expresa mediante un lenguaje con muchos recursos expresivos.

Para Vigil, la virtud de Yuen es introducir el humor. Se dice que el hombre andino o selvático es triste; sin embargo, esas historias desmienten esa percepción, afirma. “Es humor que se da la mano con el de García Marquez”, añade. Hay realismo mágico, sucesos reales de los que la ficción solo da cuenta sin hacer esfuerzo alguno de imaginación.

Yuen sostiene que el 90% del libro está basado en la realidad. Está el Apaktone, José Álvarez Fernández, un misionero que llegó a Madre de Dios en el siglo pasado para evangelizar a los nativos. Además de García Márquez, la novela es tributaria de Vargas Llosa, que escribió tres novelas ambientadas en la selva, Alejo Carpienter y el colombiano Álvaro Mutis.

Sin la ayuda de Jorge Eduardo Benavides, un escritor arequipeño radicado en España, el libro no hubiese sido posible. Él ayudó a perfeccionar la técnica; primero, en un taller y, luego, con asesoría personalizada.

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LINK ORIGINAL: La Republica

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