El inquietante naturalismo de Jason Bourne - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / El Clarín / Jason Bourne, la película que continúa la serie del soldado norteamericano descerebrado por la CIA y convertido en una máquina de matar pero que les termina fallando a sus mentores, trae más de lo mismo en formato más inverosímil, con las consabidas explosiones, persecuciones agotadoras, saltos al vacío, tiroteos de todos los colores y trompadas a granel. Entre las mínimas variaciones que tiene a bien depararnos está el de un mayor protagonismo de la tecnología. En realidad, resulta abrumador ese leiv motiv. Casi no hay acción en el filme que no esté monitoreada por satélite, rastreada con sensores, grabada a distancia o filmada online. El celular compite con Jason el estrellato del guión. Su papel resulta clave en la mayor parte de las acciones. Y de todas las armas que usa el ex soldado es la más eficaz y la que utiliza con más frecuencia.

Toda la paranoia concentrada en microchip que es, en suma, la película, de pronto se parece bastante al paisaje de mi realidad. Bancos, tarjetas de crédito, redes sociales, sitios de Internet tienen montañas de información sobre mis movimientos, conjunto enorme de datos a disposición del hacker que tenga la voluntad de vulnerar.

Tantos o más datos sobre mí tiene, según reveló el periodista de “Clarín” Claudio Savoia en su estupenda investigación recopilada en el libro “Espiados”, el Sistema de Identificación Nacional Tributario y Social, que comparte una enorme cantidad de información sobre cada uno de los argentinos con 380 organismos nacionales y provinciales.

Y eso para hablar de lo blanqueado por la legalidad. El trabajo de Savoia da cuenta, sobre todo, del lado oscuro del Estado: los organismos de Inteligencia, que hasta hace muy poco estuvieron manejados por los individuos más sospechados y opacos que se puedan concebir, estilo Milani o Stiuso, y que tiene o tuvieron a su disposición estos datos y muchísimos más conseguidos por métodos non sanctos.

“La vigilancia y el espionaje son pasos previos y necesarios para las persecuciones y vendettas del Gobierno contra sus cambiantes enemigos de turno”, razona, con razón, el periodista. Algo que la administración de los Kirchner se encargó de demostrarnos también como una película, pero de terror. Y, muy preocupantemente, nadie del actual gobierno ha salido a anunciar que semejante aparato ilegal haya sido desarticulado por la sencilla razón de que no ha sido desmantelado.

Con esta evocación me pregunto qué parte de la ficción de “Jason Bourne” corresponde a la ficción. Y me hunde en el desasosiego no encontrarla.

El pensador Nicholas Carr escribió en “Atrapados”: “La automatización debilita el vínculo entre la herramienta y el usuario no porque los sistemas controlados por computadoras sean complejos, sino porque exigen muy poco de nosotros. Resisten cualquier implicación del operador más allá del mínimo indispensable. Desalientan el cultivo de habilidades en su uso. Así, la automatización termina teniendo un efecto anestésico.” Salgo del cine anestesiado por tanta acción automatizada y contemplo a una parejita, cada uno con su celular en la mano y conectados a auriculares. Son muy jóvenes y la escena provoca ternura. Los sigo con la mirada. Lo de ellos no es un juego amoroso: están cazando pokémones. Me pregunto si están jugando con los pokémones o los pokémones están jugando con ellos.

Quién juega con quién sería la hamletiana cuestión que la sigilosa invasión de la tecnología en nuestras vidas ahora pone en juego.

El inquietante naturalismo de Jason Bourne

Con Información de El Clarín

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