El Gobierno en una posición incómoda

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«¡Si me lo quitas, me muero;

si me lo dejas, me mata!»

Así cierra el poema «Caso» de Rubén Darío. Y así podríamos también resumir la paradoja que vive nuestro Gobierno en materia de seguridad, al tener que lidiar y consensuar posiciones entre las dos coaliciones que sustentamos su administración. En efecto, para nadie es un misterio la encrucijada que se ha vivido, por una parte, entre Apruebo Dignidad —y en particular el Partido Comunista— y por la otra el Socialismo Democrático, que integra, entre otros, mi partido el PPD.

El Socialismo Democrático ha respaldado desde el inicio la Agenda de Seguridad del Gobierno, en especial su planteamiento sobre Estado Intermedio, ya que entendemos la urgencia y la necesidad de las personas que requieren tener mayor seguridad en sus territorios. Se lo dijimos personalmente al Presidente Gabriel Boric hace unos días, cuando tuvo la deferencia de reunirse por prácticamente dos horas con nuestras bancadas parlamentarias y parte de la mesa directiva.

No obstante, en la vereda contraria, Apruebo Dignidad no logró salir de su posición ideológica, ya que con sus vaivenes, y pocas certezas acerca de un eventual respaldo legislativo a la iniciativa gubernamental, forzó al Gobierno a desechar la propuesta de Estados Intermedios y a tener que utilizar los mecanismos existentes, es decir, el Estado de Excepción Constitucional de Emergencia. Las críticas de la oposición abundaron por la tardanza, pero las que más duelen son las provenientes del llamado «fuego amigo», que acusan de mantener medidas ya aplicadas en la administración anterior.

Esta rigidez política de una de las dos coaliciones gobernantes puso a prueba el accountability del Gobierno muy tempranamente (aún no se cumplen dos meses y medio de mandato), y lo colocó en una situación a lo menos incómoda, de tener que decidir si hacerle caso a la coalición que lo llevó al triunfo en diciembre de 2021 o dejar contentos a los partidos que fuimos invitados a sumarnos a un objetivo mayor, que es darle viabilidad al programa del Presidente.

Desde el Socialismo Democrático no hay dos lecturas. Estamos detrás de las decisiones del Primer Mandatario, nos gusten o donde tengamos disensos, porque entendemos que el acto de gobernar es también transar, dialogar, llegar a acuerdos y no aspirar a maximalismos. Es el bien común y el bienestar de chilenos y chilenas el que está en juego, y no los gustitos personales o la consulta a comités centrales antes de fijar una postura. O se está o no se está, así de sencillo.

De más está decir que la seguridad, junto con la economía, son de las principales preocupaciones que tiene la ciudadanía, y por tanto una agenda en esa línea en La Araucanía, donde a diario se viven hechos de violencia, no solo era necesario, sino un imperativo popular. Y para eso se necesita del concurso de todos quienes son parte del Ejecutivo; y no basta con pregonar lealtad al Presidente, si al final la consecuencia de sus actos marcará un rumbo distinto al diseñado por la autoridad.

Por nuestra parte, seguimos con el compromiso intacto con el Gobierno, tal como lo dijimos el primer día. Sí, tenemos disensos y utilizamos los canales formales para expresarlos, con la verdad de frente, pero esas diferencias siempre son con el ánimo de llegar a buen puerto y lograr lo que sea mejor para Chile. Como también dijo Rubén Darío en «Yo soy aquel»:

«Por eso ser sincero es ser potente;

de desnuda que está, brilla la estrella»

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