El dolor se convierte en rabia entre los restos del terremoto en Venezuela

Lapatilla junio 30 2026, 5:59 amPosteado en:  Destacados, Nacionales, Terremoto VenezuelaCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn Familiares de un niño atrapado durante las operaciones de rescate en La Guaira, Venezuela.Maxwell Briceno (REUTERS)   La rabia empieza a desplazar al dolor. Cinco días después del doble seísmo que sacudió el norte de Venezuela, las posibilidades de hallar señales de vida bajo las losas de cemento son mínimas, y los vecinos se sienten abandonados. Agotados e impotentes. Muchos no se han despegado de los edificios donde saben que siguen atrapados sus seres queridos. Ahora, ya, probablemente, muertos. La frustración se dispara entre ellos, contra los rescatistas que no llegan y contra las autoridades. También contra el Gobierno de Delcy Rodríguez, que dirige el país de la mano de Estados Unidos desde la caída de Nicolás Maduro. Por María Martín / elpais.com URGENTE: Dos terremotos azotaron La Guaira y hemos preparado un reporte de información actualizada AQUÍ Venezuela ni siquiera ha empezado el luto porque sigue en modo supervivencia. El alcance de la catástrofe aún es imposible de calcular, pero es enorme. Los dos terremotos —de magnitudes 7,2 y 7,5, encadenados en menos de un minuto la tarde del miércoles— son los más destructivos que ha sufrido el país en más de un siglo. Este lunes el balance oficial era de 1.719 muertos y casi 13.000 familias damnificadas, pero serán muchos más. La ONU calcula que más de 50.000 personas siguen desaparecidas y la oposición, que ha levantado su propio registro, eleva la cifra por encima de las 55.000. Son registros que incluyen repeticiones, pero nadie duda de que aún faltan miles de víctimas mortales por contabilizar. La Guaira, el estado costero que en 1999 quedó sepultado por los deslaves del Ávila, vuelve a verse devastado. La magnitud de la tragedia se refleja en uno de los estacionamientos de La Guaira que las autoridades convirtieron en una morgue improvisada al aire libre. Aguantó hasta que los propios vecinos, asfixiados por el olor, reclamaron que se llevaran los cuerpos. “Estaba afectando a personas mayores y niños, ya era muy peligroso. Era horrible”, cuenta Génesis, que vive al lado. Las imágenes que ella misma compartió con EL PAÍS muestran decenas de cadáveres hinchados, desnudos, alineados. Una parcela entera. La crisis de salud pública ya es un nuevo reto. “¡Máquinas! ¡Queremos máquinas! ¡Estamos cansados! ¡Mi hijo está ahí dentro!”. El hombre, cubierto de polvo, con la mascarilla mugrienta caída en la barbilla, grita afónico con el puño en alto. Está fuera de sí. La desesperación más absoluta se apoderó este domingo de los vecinos de un rincón olvidado de La Guaira, la zona más devastada. Es un barrio pobre, donde las torres no tienen vistas al mar ni piscina, sino pisos de protección oficial para familias humildes. Allí montan guardia desde hace cinco días los vecinos de la conocida como torre Oppe33. No se duchan, apenas comen. Duermen de noche en un descampado y de día escarban. La primera excavadora apareció apenas este domingo y empezó a retirar cascotes, pero hace falta maquinaria capaz de levantar y picar los forjados que han caído unos sobre otros, plegados como un acordeón. La segunda llegó más tarde, aunque de poco sirvió: en un país que se asienta sobre las mayores reservas de petróleo del mundo, no había combustible para ponerla en marcha. La escasez de gasolina y un apagón que dejó a oscuras buena parte del litoral han lastrado el rescate desde el primer día. “Esto es una anarquía, aquí no se ha presentado nadie”, reclama el profesor Brencis Hernández, cuyo hijo sigue enterr

Fuente: La Patilla — Ver nota original

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