El Desarrollo Sustentable: del papel a la realidad - EntornoInteligente
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Foto: Marina González – FAO Verónica Boero es oficial estadística regional de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en América Latina y el Caribe y trabaja en la sede de Panamá.

Ella señala que existe una confusión muy común entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y sus indicadores, pero que en realidad estos últimos son los que permiten monitorear los avances hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Respecto a la tarea de dar seguimiento al camino recorrido, la experta explica que “la región está en un término medio: hay mucho trabajo por hacer, pero también hay bastante capacidad. Una de nuestras funciones, como agencia especializada encargada de ciertos indicadores, es asistir a los países para que puedan tener la capacidad de calcularlos. A ese nivel, los países son muy dispares en capacidad”.

Como agencia encargada de 26 indicadores, las tareas son varias: una es recibir y compilar toda la información estadística de los países, así como recibir y compilar los indicadores regionales y los indicadores globales.

Otro de los cometidos de la FAO es desarrollar la metodología de los indicadores que no la tienen. Luego hay que aprobar esa metodología en el Grupo de Expertos Internacional para recién entonces poder empezar a monitorear.

Para poder hacerlo, a su vez, es necesario capacitar a los países en la metodología y asistirlos para que puedan recolectar los datos que permiten calcular los indicadores.

Los objetivos de Desarrollo Sostenibles son objetivos que incluyen metas, por ejemplo, acabar con el Hambre en 2030. Cuando la meta se aprobó, en 2015, quedaban 15 años por delante.

“Cuando adoptas esa Agenda, quiere decir que te comprometes a adoptar políticas para acabar con el Hambre al año 2030. Lo que hacen los indicadores y las estadísticas es, primero ayudar a ver qué políticas podés aplicar, porque podés ver cuál es el problema para solucionarlo, después te van a ayudar a ver si las políticas que estás aplicando realmente están teniendo el impacto que vos querías, si el hambre está disminuyendo”, explica Boero.

La estadística continúa indicando: “Con uno, dos o tres indicadores mides el hambre y vas viendo si el hambre va disminuyendo, si no va disminuyendo, tienes que ir otra vez a mirar las estadísticas -no necesariamente los indicadores- para ver qué está fallando y por qué la política que se aplica no está funcionando”.

“Las estadísticas no sólo solo números, lo que importa es que se usen. Tratan de ser un reflejo de la realidad, mayormente lo son”, asegura.

Cita como ejemplo que, si los números indican que hay un 10% de la población con inseguridad alimentaria, hay que desglosar las estadísticas para ver quiénes son las personas afectadas, cuáles son sus características y dónde están.

Los cruzamientos de datos permiten acercarse al por qué. “Si están en zonas remotas, en áreas áridas que no pueden cultivar y tampoco les llegan los alimentos, tenés un problema de disponibilidad de alimentos”, advierte. “Mientras que, si tú 10% vive en las ciudades, con alimentos por todos lados, pero no tiene empleo, ni dinero para adquirirlos, entonces tu problema es de acceso”, concluye.

Los indicadores de ODS son para monitorear, para ver si las políticas funcionan. Pero desglosados y cruzados entre ellos, permiten diseñar y corregir políticas.

Uruguay y la Agenda

En el área agropecuaria, Uruguay “es uno de los países que mejor está, porque tiene una cultura de encuestas agropecuarias y censos agropecuarios regulares, bien hechos. Pero como la Agenda 2030 es compleja y requiere muchos indicadores, de todas maneras hay que ajustar para poder monitoreala”, explica Boero.

L aexperta destaca que “Uruguay es uno de los que mejor ha empezado, porque es uno de los pocos países que tiene un censo agropecuario cada 10 años, tiene encuestas anuales y tiene un programa bien definido. A ese programa le falta, pero es un buen punto de partida”.

La experta señala que Uruguay aún debe mejorar la parte social de sus estadísticas: “En Uruguay, las estadísticas agropecuarias tienen muy buena data de producción y algo de data económica, pero no tienen la parte social de los productores rurales en general. Han empezado -pero tampoco tienen mucho todavía- la parte medioambiental”.

Esto se debe a que en las estadísticas agropecuarias es necesario poder relacionar lo social, lo económico y lo ambiental.

En términos de seguridad alimentaria, Uruguay todavía no tiene datos suficientes para medir los dos indicadores bajo custodia de la FAO: subalimentación y prevalencia de la inseguridad alimentaria moderada y severa.

La prevalencia de subalimentación viene siendo estimada por la FAO desde el año 90 y Uruguay generalmente está por debajo del 5%. “Hay veces que se va un quito arriba pero generalmente, tiene un buen nivel. El país tiene parte de los datos para calcularlo, y FAO de hecho lo calcula con los datos de Uruguay, pero Uruguay aún no lo calcula”, según Boero.

Ese número aún “no es suficientemente bajo”, advierte sin embargo la experta, aunque todavía no se acordó cuál va a ser el mínimo aceptable.

No se puede medir menos del 2,5% de subalimentación, que es la proporción de gente que no puede ingerir suficientes calorías para tener una vida sana y saludable. Respecto a la inseguridad alimentaria moderada y severa, lo que se mide es el acceso.

Los indicadores en concreto

Uso del agua Riccardo Biancalani es ingeniero agrónomo y coordinador, en Roma, del  Proyecto GEMI  que se dedica a monitorear el uso del agua, dependiente de la División de Tierras y Aguas de la FAO.

Explica que medir la eficiencia del uso de agua permite conocer la cantidad de agua necesaria para la economía de un país y calcular cómo varía la cantidad de ese recurso necesaria en relación con el desarrollo del país.

“Este indicador ayuda a establecer políticas públicas que permitan continuar con el desarrollo sin que implique un aumento del uso de agua”, explica el experto.

El ingeniero agrónomo añade que el interés de este indicador se debe a que “en muchos casos, el consumo de agua está vinculado al desarrollo económico, pero para que la presión que se ejerce en los recursos hídricos sea sostenible, es necesario desacoplarlos”.

El otro indicador en el que trabaja Biancalani es el de estrés hídrico, que indica la relación entre el agua que se utiliza y las reservas disponibles.

Es un indicador que, de acuerdo al experto, “toma en cuenta la necesidad de dejar recursos disponibles para el funcionamiento de la naturaleza”.

“En la región y en varios países del mundo aún hay pocos datos a disposición y hasta ahora se informa gracias a  AQUASTAT , la base de datos de la FAO, pero aún hacen falta esfuerzos de los países y para eso los talleres fueron de gran utilidad”.

Los talleres a los que se refiere tuvieron lugar en Uruguay  a principios de setiembre y reunieron a expertos de la FAO con funcionarios de 10 países que trabajan en estos indicadores.

“A nosotros nos sirve para conocer los problemas de comprensión de la metodología y para ver formas de explicarla mejor y también para conocer las situaciones particulares que enfrentan los países a la hora de medir los indicadores”, evalúa el ingeniero agrónomo.

Inversiones públicas en el sector agropecuario Giulia Gonnella trabaja en la División de Estadística de la FAO. Es consultora sobre inversiones en el sector agropecuario y está a cargo de recopilar los datos relativos al indicador correspondiente.

Ese indicador monitorea el objetivo de aumentar las inversiones para aumentar la productividad del sector agrícola, como instrumento de lucha contra el Hambre.

“Es importante monitorear las inversiones en el sector agro, porque cada país necesita saber en qué invierte su dinero y cuáles son los sectores que necesitan más inversiones”, explica esta experta, que viajo a Montevideo desde Roma.

Hay diferentes fuentes de inversión: públicas, privadas, domésticas y extranjeras. La inversión pública depende de muchas cosas. También depende de cuáles son los sectores que más necesitan inversión por parte del Gobierno y por eso es importante para los Estados monitorear esas tendencias.

La metodología para calcular este indicador ya está establecida en base a la del FMI, según clasificaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Pero “lo que faltan son los datos. Todavía no hemos logrado alcanzar que el 50% de los países tenga datos disponibles en cada región, la mayoría aún no aplica la metodología establecida”, diagnostica Gonnella.

Esto se debe, según ella, a que implementar esa metodología toma tiempo e implica legislar para que las instituciones puedan compilar esos datos y que se establezca un mecanismo de coordinación entre las distintas instituciones involucradas.

“En Uruguay todavía no está implementada la metodología, pero probablemente el taller haya permitido avances”, cree la consultora.

El suyo, es un indicador que “no tiene una meta precisa, pero quiere dar a los Gobiernos un instrumento para poder ver la tendencia de las inversiones públicas en el sector agrícola comparado con la contribución del sector agrícola al PBI. Es un instrumento que puede permitir monitorear a largo plazo cómo van las inversiones públicas, para analizarlas y ajustarlas”, explica.

Volatilidad de precios Jung Eun Sohn es economista y trabaja en la División de Comercio y Mercados de la FAO en Roma. En ese marco, participa del  Sistema mundial de información y alerta sobre la Alimentación y Agricultura .

“En 2007 y 2008 hubo un aumento repentino y muy alto de los precios internacionales. Hubo algunos países en los que el incremento de los precios nacionales fue exponencial, respecto a los precios internacionales. Así fue que la comunidad internacional y los países tomaron conciencia del vínculo que existe entre volatilidad de precios y hambre”, explica Sohn.

Cuando hay volatilidad, los productores familiares son la población más vulnerable, porque como los precios se comportan de manera inesperada, no se cumplen sus previsiones de ingreso y es muy difícil para ellos decidir cuánto sembrar.

“Una vez establecido el vínculo entre seguridad alimentaria y precios, en la FAO hemos comenzado a monitorear los precios mensuales al por menor y al por mayor de los cereales, en particular, porque son el principal alimento para la población más vulnerable. Publicamos un boletín por mes con las variaciones de precios y un análisis de la situación en los países en desarrollo. Nos basamos en los datos que nos envían los ministerios o los institutos de estadísticas” relata la experta.

El indicador de ODS sobre volatilidad de precios ya tiene una metodología definida, pero la mayoría de los países de la región todavía no la aplica o no la está informando.

Además de monitorear los precios, la FAO también estima el volumen de la producción de cereales a mediano plazo (la del año en curso y del siguiente), para poder alertar cuando ve que hay un riesgo de aumento del hambre debido a una baja de la seguridad alimentaria.

¿Cómo se mide eso? La economista responde: “Cuando la producción se reduce y hace que crezcan mucho los precios, aparece el riesgo de que la población con poco poder adquisitivo no pueda acceder a los alimentos”.

Durante los talleres celebrados en Montevideo pudo presentar el indicador del que se ocupa, el método para calcularlo y realizó ejercicios prácticos con los participantes, que son los funcionarios que se ocupan del indicador en cada país, en general desde los institutos de estadísticas y los ministerios de finanzas.

El “objetivo supremo” de Sohn era que los participantes pudieran “hacer luego las mediciones e informar a sus colegas en su país de orígen sobre el indicador”.

Talleres con objetivos concretos

Los talleres fueron realizados en Montevideo en el marco de un proyecto regional para el fortalecimiento de las capacidades de 10 países para poder calcular los 26 indicadores de ODS que monitorea la FAO.

Dos economistas, Alda Díaz, oficial técnica líder del proyecto, y Gloria Lucía Vargas, asesora regional del proyecto, estuvieron a cargo de la coordinación y organización técnica de los encuentros de Montevideo a los que concurrieron unos 50 funcionarios de 10 países, incluidos unos 10 técnicos y asesores de Uruguay.

Primero, el proyecto realizó un diagnóstico de los indicadores mediante consultorías nacionales y consultas a los expertos de la FAO en Roma y de la región.

“Los talleres culminan la etapa de fortalecimiento de capacidades, se buscó ir más allá en la construcción de datos, con muchos ejercicios prácticos para poder hacer simulaciones que permitieran calcular los indicadores”, relata Vargas.

El objetivo final de este proyecto es que los países puedan completar los indicadores en la web de Naciones Unidas y que se vea que se avanza en cumplir con la Agenda 2030. Hasta el momento, según Díaz, “por los menos 20 indicadores” se han calculado gracias al proyecto en los 10 países participantes y se espera que gracias a los talleres la cifra aumente.

“Los participantes quedaron muy satisfechos porque necesitaban estas orientaciones. Tenían muchas dudas al respecto, querían conocer la factibilidad de monitorear esos indicadores para su país y les resultó útil tener más cercanía e intercambios con los expertos que trabajaron en desarrollar las metodologías”, relató Díaz, al cierre del evento.

La oficial técnica líer del proyecto insiste en que “es muy importante que se tome conciencia en los países que los indicadores globales pueden ser útiles para homogeneizar todos los datos y tener comparabilidad. Incentivamos a los países a que tomen en cuenta estas metodologías globales porque están comprobadas, son de utilidad y además se tomaron en cuenta porque hacen falta esas informaciones para poder tomar decisiones en materia de políticas públicas”.

 

LINK ORIGINAL: La Red 21

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