El pasado 23 de mayo de 2026, el Comando Sur de Estados Unidos ejecutó un ejercicio militar sin precedentes en Venezuela que trascendió ampliamente el carácter de un simple simulacro de evacuación. La operación incluyó sobrevuelos estratégicos, aterrizaje de aeronaves en Caracas y el despliegue de dos buques de guerra de la Armada estadounidense posicionados a menos de seis millas náuticas de la costa venezolana, supervisados directamente por el general Alvin Holsey Donovan. Esta demostración de poder representa una clara señal geopolítica con múltiples implicaciones para la región y el orden internacional.
Para comprender el significado de esta operación es fundamental analizar la Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense de 2025, que establece explícitamente el propósito de asegurar un hemisferio occidental estable, bien gobernado y libre de incursiones extranjeras hostiles. El documento oficial introduce formalmente el "Corolario de Trump" a la Doctrina Monroe, concepto que reviste especial importancia histórica. Este término evoca el Corolario Roosevelt de 1904, que transformó la Doctrina Monroe en una herramienta activa de intervención hemisférica. Sin embargo, el nuevo enfoque surge en un contexto radicalmente distinto: un hemisferio profundamente penetrado por capital chino, redes logísticas rusas y organizaciones criminales transnacionales con capacidad financiera comparable a pequeños Estados.
El cálculo geopolítico adquiere mayor relevancia cuando se considera que Donald Trump acaba de reunirse con Xi Jinping manteniendo una actitud relativamente cautelosa respecto a Taiwán. La lectura estratégica sugiere que Washington está construyendo una zona de influencia compartida con Beijing, donde China limita su penetración en el hemisferio occidental mientras Estados Unidos acepta ciertas realidades de poder en Asia-Pacífico. En este escenario regional, Venezuela deja de ser únicamente un problema de gobernabilidad, narcotráfico o crisis humanitaria para convertirse en un marcador territorial de competencia geopolítica de envergadura global.
Esta demostración de poder militar representa, en consecuencia, mucho más que una operación táctica. Constituye una clara comunicación de intenciones estadounidenses respecto al futuro orden del Caribe y su compromiso de mantener la primacía estratégica en el hemisferio occidental. La operación sirve simultáneamente como advertencia a actores extraregionales y como refuerzo de autoridad frente a gobiernos de la región, estableciendo nuevos parámetros para la política exterior estadounidense bajo la administración Trump.
Fuente: Infobae America — Ver nota original