Fuente de la imagen, EPA La guerra contra Irán ha sido el peor error de política exterior del presidente Donald Trump hasta ahora. Hace más difícil para Estados Unidos disuadir a sus enemigos. Ha dañado sus alianzas con las monarquías árabes productoras de petróleo del Golfo, cuyo modelo de negocio como islas de estabilidad en la turbulencia de Medio Oriente tardará años en recuperarse. En privado, los funcionarios de estos países ya hablan de diversificar sus lealtades y de la necesidad de encontrar formas de convivir con Irán, su vecino al otro lado del mar. China habrá estado observando de cerca mientras Estados Unidos agotaba reservas de armamento difíciles de reemplazar y se enfrentaba a los límites de su poder. El acuerdo, siempre que no haya contratiempos de última hora, pone fin a una guerra que se basó en una mala interpretación por parte de Estados Unidos e Israel de la fortaleza de su enemigo en Teherán. Esto generará un enorme suspiro de alivio entre todos aquellos cuyas vidas se han visto trastocadas por la guerra, empezando por los civiles en la línea de fuego. El acuerdo reabre el estrecho de Ormuz, según afirma Trump, lo que alivia la presión sobre la economía global y sobre la vida real de cientos de millones de personas en todo el mundo que ya se encuentran en dificultades. Final de Más leídas Miles de personas en Medio Oriente han muerto. Hogares y negocios han sido destruidos. El impacto en la producción de fertilizantes, que depende de suministros transportados a través del estrecho, podría significar que personas en países pobres pasen hambre más adelante en el año, con África subsahariana especialmente en riesgo. Fuente de la imagen, Reuters El acuerdo no es un tratado de paz. El texto completo, que los negociadores dicen que consta de 14 puntos en dos páginas, aún no se ha publicado. Pero, además de reabrir el estrecho, el memorando de entendimiento extiende el alto el fuego y levanta el bloqueo de la Marina estadounidense a los puertos iraníes. Deja los temas más espinosos para futuras negociaciones. Esa agenda incluirá el futuro del programa nuclear de Irán y el nivel de alivio de las sanciones que recibirá Teherán a cambio de concesiones. Por fin se ha trazado una línea final a la guerra que Estados Unidos e Israel iniciaron el 28 de febrero. ImprobableEl nuevo podcast de BBC Mundo sobre un amor que triunfó contra todo pronóstico Episodios Fin de Podcast Retrocedamos el reloj al 27 de febrero, mientras las fuerzas estadounidenses e israelíes se preparaban para atacar, armando sus aviones, informando a sus tripulaciones y programando los objetivos para sus misiles. En Ginebra, Irán y Estados Unidos participaban en lo que al mundo se le dijo que eran conversaciones esenciales destinadas a controlar los planes nucleares de Irán. Múltiples fuentes nos han dicho a mí y a otros que los negociadores iraníes creían que estaban en un proceso serio y habían puesto sobre la mesa concesiones, además de exigencias. En la entrada del Golfo, el estrecho de Ormuz estaba abierto, permitiendo el paso de alrededor del 20% de las necesidades mundiales de petróleo y gas natural, así como de subproductos de la industria petroquímica que se han convertido en componentes vitales de la vida moderna, incluidos los fertilizantes agrícolas y los semiconductores. El memorando de entendimiento despeja el camino para que los negociadores nucleares vuelvan a reunirse y para que los barcos transiten por el estrecho. Ese es exactamente el punto en el que se encontraban 24 horas antes de que Estados Unidos e Israel entraran en guerra con Irán. En el primero de una serie de devastadores ataques sorpresa, Israel mató al líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, y a sus asesores más cercanos. Casi al mismo tiempo, un ataque estadounidense arrasó una escuela en Minab, en el sur de Irán, según han demostrado múltiples investigaciones. Más de 150 civiles murieron, incluidos al menos 120 niños en edad escolar, en su mayoría niñas menore
Fuente: BBC Mundo — Ver nota original