Dos mujeres - EntornoInteligente
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Crecer entre esas ostentosas columnas representaba el simbolismo con el que vivió sus días. La misma estructura con la que daría cada paso, con la que caminaría determinada hacia esa plaza a darlo todo por una idea. Los días sentada en la banca sin mayor distracción que el sonido de las campanas le permitieron estudiar, cuestionar las reglas de la biología, explorar sus pensamientos: si la doctrina era producto de la realidad o solo una narrativa para el control y el sometimiento.

La ligereza de su figura le permitía pasar inadvertida entre los anchos pasillos del claustro que la albergaba, desde los cuales observaba con sigilo los movimientos y conversaciones, decisiones que se tomaban en la sala de definitorio y que fuera del círculo solo ella conocía de cerca. A sus 15 años era en secreto una mujer de las letras, a la espera del menor descuido para correr ¿Adónde? Había trazado mapas, imaginado y dibujado ciudades leídas en libros; tenía toda una estrategia escondida en su viejo y duro colchón.

Las historias de quien en pocos años se convertiría en la heroína, llegaron a oídos de José María, quien en su calma recordó su olor y soñó con sentirla de nuevo algún día.

Solo un té. Durante las últimas 7 semanas había estado suspendida, apagada, con nada más entre sus manos que una rutina matutina que se obligaba a cumplir a pesar de sus carentes ganas de hacer algo por ella. Esa fuerza que la había acompañado en su juventud se había desvanecido sin aparente razón, todos sus años habían estado llenos de memorias, amigos y amores. Ahora solo quería leer una y otra vez aquellas viejas postales que le recordaban la pasión con la que había vivido su vida, la fuerza y el coraje que la caracterizaban y le daban luz a su exótico rostro. Los años donde la perfección eran su principal motor, habían cambiado por tareas mediocres, intencionalmente inacabadas.

En la última semana, ya cansada de leer y escribir pensamientos sin conclusiones, decidió salir por un té, una bebida poco común entre sus preferencias. Determinada a cruzar la ciudad para llegar al extraño café que había encontrado en algunas recomendaciones, salió en su bicicleta en medio de ese clima adverso y mientras sus pensamientos iban al ritmo de los pedales, por torpeza, distracción o, tal vez, por ganas se resbaló en medio de la lluvia.

Agustina, a pesar de que los años y los malos hábitos le han pasado factura, siempre ha sido una mujer llamativa, misteriosa y genuinamente coqueta. Ese resbalón, que para ella fue intencional, derivó en que un joven muy simpático – 20 o 17 años menor que ella – se ofreciera acompañarla de regreso a casa. 37 minutos en los que poco pudo preguntar sobre él, siempre que entre tantos raspones y moretones la atención se centró exclusivamente en ella, fueron suficientes para que, en los días que vendrían, sus pensamientos difusos se concentraran en conjeturas sobre un próximo encuentro. Un encuentro, ojalá, menos precipitado.

LINK ORIGINAL: El Heraldo

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