¿Dónde termina el derecho a la libre expresión? - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / En respuesta al editorial del 12 de abril de 2019, titulado “Silenciar a Julian Assange sería un error gravísimo” .

Uno de los principios éticos del periodista es la verdad y la precisión, se supone que su labor radica en informar de una manera objetiva, transmitiendo la información al público sin maquillajes. Por lo menos eso es lo que se espera de los medios de comunicación: que la ciudadanía tenga la plena certeza de creer en lo que lee, ve o escucha de parte de los periodistas. En este punto considero que hay una delgada línea entre “lo que se puede y lo que se debe informar”. Para nadie es un secreto que existen intereses políticos, sociales y económicos que, de cierta manera, limitan al periodista y han hecho que no tenga la misma credibilidad de antes. Además las nuevas tecnologías han hecho que los medios de comunicación evolucionen. Se necesita eficiencia, mayor alcance, inmediatez de la noticia y la tan añorada e importante primicia.

Estos elementos han hecho del ejercicio periodístico una carrera. Quien publica primero, quien obtiene el mejor reconocimiento y, por qué no decirlo, el que da de qué hablar, para mal o para bien; lo importante es estar en la agenda de la opinión pública.

Por otra parte, el derecho a la libre expresión es cuestionado cuando se dañan, perjudican o difaman los derechos de otros miembros de la sociedad, y es allí donde existe el conflicto de saber hasta dónde puede llegar un periodista. El señor Julian Assange, fundador de Wikileaks, es acusado de cruzar esta delgada línea. Puede que para muchos sea necesario y hasta importante realizar este tipo de investigaciones, pero para otros traspasa los límites de lo que tiene transcendencia o interés en cuanto a información se refiere.

La forma de conseguir dicha información deja mucho que decir, y el señor Assange es acusado de ejercer malas prácticas periodísticas. Además su vida personal también se ve rodeada de otros altercados que son muy delicados.

Sin embargo, y mencionando el nombre del editorial: “Silenciar a Julian Assange sería un error gravísimo”, considero que tiene dos aristas: una donde efectivamente se condena el trabajo periodístico, enviando un mensaje contraproducente y es que nosotros como espectadores solo podemos ver la información a medias, como si tuviera niveles de clasificación; esta persona puede saber sobre esto pero la otra no, y así mismo pasa con el periodista: va a trabajar con miedo, con cautela, pensando siempre hasta dónde puede llegar.

Y por otro lado está la premisa: las cosas hay que hacerlas bien. Inicié hablando de los principios éticos del periodista y allí también se menciona la humanidad y conciencia sobre el impacto de la información. Lo que ha revelado Wikileaks generó una gran conmoción, eso no se puede negar.

Sin duda la tarea periodística es compleja, ¿cómo encontrar un equilibrio entre lo que se puede y lo que se debe hacer?

Katherin Morales González

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LINK ORIGINAL: El Espectador

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