DF Conexión a China | Para Beijing, una guerra muy incómoda

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Marcel Oppliger

En febrero pasado, sólo semanas antes de que Rusia invadiera Ucrania, Vladimir Putin visitó a Xi Jinping en Beijing, donde el mandatario chino celebró la «amistad sin límites» entre sus respectivos países. Pero luego de casi tres meses de guerra en que los ucranianos les han negado a los rusos la rápida victoria que estos casi de seguro daban por sentada, cabe presumir que el líder chino esté reconsiderando, incluso lamentando (en privado, desde luego), haberse mostrado tan cercano al hoy vilipendiado Putin.

¿Qué pueden estar viendo Xi y los «lobos guerreros» de su Ministerio de Relaciones Exteriores, desde la distancia? Nada que sea muy tranquilizador.

«Sería inconcebible que China no tuviera en cuenta todo lo que ha puesto en juego la guerra en Ucrania, sea cual sea su desenlace».

La Unión Europea, por ejemplo, lejos de resignarse a la invasión de Ucrania como lo hizo con la anexión de Crimea en 2014, está replanteando por completo su dependencia energética respecto de Rusia, decretando sanciones a diestra y siniestra contra ella, y apoyando al país agredido con armas y dinero. Tanto así, que en un giro tan radical como histórico, Alemania ha roto con décadas de política exterior esencialmente pacifista y adoptado una estrategia de rearme propio, a la vez que anunciado el envío de armamento pesado a Ucrania, para que lo usen contra Rusia, que es una potencia nuclear, ni más ni menos, al igual que China. Lo mismo están haciendo otros.

Por otro lado, antes que frenar la expansión de la OTAN, como era un objetivo declarado de Moscú, la guerra está alentando a más países a sumarse a la alianza defensiva, como Suecia y Finlandia, que por décadas habían evitado esa peligrosa jugada.

Más lejos del teatro de guerra, pero mucho más cerca de China, el gobierno de Japón ha anunciado una inédita expansión de su presupuesto de defensa, lo que no puede dejar de ser visto como una eventual amenaza por Beijing, histórico rival de Tokio.

Finalmente, el régimen de sanciones económicas y diplomáticas sin precedentes en contra de Rusia -mayormente impulsado por las potencias occidentales, es cierto- no puede parecerle inocuo a China de cara a eventuales acciones unilaterales en su vecindario, ya sea contra Taiwán o algunos de los países con los que mantiene disputas en el Mar del Sur de China, como las Filipinas, Vietnam y también Japón, entre otros.

Incluso la actitud de la ONU debe dar que pensar a los diplomáticos chinos, pues pese a que su país es miembro permanente del Consejo de Seguridad -donde se abstuvo de condenar la agresión rusa, pero no vetó dicha condena-, el apoyo de una mayoría de naciones al voto de castigo contra Rusia lo pone en la vereda opuesta de muchos de sus socios comerciales alrededor del mundo.

Por todo esto, sería muy imprudente, casi inconcebible, que la política exterior china de los próximos años no tuviera en cuenta todo lo que ha puesto en juego -en lo geopolítico, económico y militar- la guerra ruso-ucraniana, sea cual sea su desenlace. Para Xi, que busca asegurar un tercer mandato a fin de año, tal vez la «amistad sin límites» con su colega autócrata de Moscú ya no parezca tan buena idea.

LINK ORIGINAL: Diario Financiero

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