Despertando a la dignidad - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / La Nacion / Mirando para atrás en la historia vemos múltiples ejemplos de personas, comunidades, países, empresas que han sido aplastados (por buscar una palabra que ilustre el sentimiento de frustración y dolor) por estructuras que abusando de su mayor poder han sacado provecho de una situación que les favorecía solo a ellos, aunque esto perjudique a los más débiles. Uno se dirá “si pero esto siempre ha sido así”. Creo entender esta frase, pero lo que quiero recalcar es que no estoy de acuerdo y pretendo trabajar en conseguir cambiar esto de alguna manera.

Hago un paralelismo entre esta humilde intención y los grandes logros de alguien que se hizo esta misma pregunta en un escenario muy difícil y, finalmente, consiguió que prime la justicia sobre la discriminación, que prime la humanidad sobre los intereses individuales. Me refiero a Nelson Mandela, a quien le llevó más de 40 años conseguir su sueño. Gandhi fue otro grande que hizo esto también posible. Jesús proclamó esto intensamente. ¿Qué nos falta para que estos ejemplos se multipliquen en nuestra sociedad? ¿Qué nos falta para despertar a la dignidad en nuestra sociedad?

Buscar la Humanidad en nuestras acciones tiene una premisa que es transversal a todas las acciones. Tiene que ver con no igualarnos hacia lo oscuro, lo denigrante es ahí donde normalmente está el Poder. Tiene mucha relación con buscar la luz, lo digno, lo edificante, y generalmente aquí están los oprimidos. Algunos dirán que desde el Poder se puede conseguir cambiar muchas cosas. Mas es una intención muy inocente, cargada de estigmas históricos y de resultados no muy felices a través de la historia.

Los cambios se consiguen a partir de una resistencia pacífica y consistente sin posibilidad de negociar con el Poder en transgredir con lo que estamos reclamando. En lenguaje popular y criollo no nos venderemos, ni negociaremos nuestra dignidad. He leído mucho en estos días posiciones que, si bien las respeto y de alguna manera las comprendo, no las comparto en mi visión de largo plazo. No puedo pedir respeto de alguien que no está dispuesto a respetarme. No puedo pedir dignidad de alguien que considera desde su punto de vista que yo no soy merecedor de lo más mínimo que él recibe normalmente.

No es mi intención en este corto espacio encontrar una solución al espinoso problema que estamos pasando con respecto a nuestros vecinos –a menos que estemos prejuzgando–, pero siempre debemos encontrar un camino para instalar en el mapa mundial que nuestra dignidad no se vende, no se negocia ni se somete a los humores de los más poderosos. Esta posición no tiene que tener nada de fanatismo, ni de acciones extremas. Esta posición debería ser una causa nacional buscando entender lo que realmente es ser digno como persona, como nación. Quizás no entendamos aún el verdadero alcance de una formal impostura, quizás luego de heroicas epopeyas nos acostumbremos a agachar la cabeza ante los poderosos, quizás estamos tan embotados en una dinámica de complejos intereses que no entendemos qué significaría claudicar en nuestra dignidad, cuya deshonra ojalá no esté en juego.

Conseguir los puntos que nos interesan como nación en cuanto al respeto y reconocimiento como nación soberana y digna debe ser siempre una bandera de todos los paraguayos. Espero, con buena fe, que no nos apartaremos de esta decorosa vía.

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