Desde Uruapan: arte para derribar la muralla de la violencia

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«Quiero que hacia afuera Uruapan empiece a tener otra cara, porque hoy vive amurallada por la violencia, no solo la real, que sí ocurre, sino sobre todo la mediática, la que proyectan los medios», dice el escultor Javier Marín, quien desde su Fundación y con un grupo de amigos y ciudadanas y ciudadanos uruapenses se propuso desde 2017 rescatar la antigua Fábrica de Hilados y Tejidos de San Pedro, un edificio de fines del siglo XIX construido en la ribera del río Cupatitzio, y convertirla en un centro cultural dedicado al arte contemporáneo, el diseño y la cultura alimentaria.

Para Javier Marín (Uruapan, 1962) prolífico artista que lo mismo esculpe que graba, pinta o diseña vestuario, el proyecto recuperación y rehabilitación de la antigua factoría resultó en un reencuentro con su tierra natal. «El silbato de la fábrica está conectado a nuestra infancia, regía los horarios de nuestra vida cotidiana», rememora.

Es así que, a partir de 2020, y luego de convencer al ayuntamiento de comprar el predio y firmar un convenio de usufructo de la edificación en favor de la Fundación Javier Marín, comenzó la rehabilitación del espacio bajo la conducción del arquitecto Mauricio Rocha.

«Cuando fui a verlo me pareció que el edificio era una belleza, poseía la magia del abandono, con esa pátina del tiempo que nos transporta a la historia textil de Uruapan, a orillas del río Cupatitzio que atraviesa la ciudad, y me pareció ideal para crear allí un centro cultural. Entonces comenzamos a hacer las adaptaciones, respetando su belleza y originalidad, pero para que funcionara como un lugar para exposiciones de arte contemporáneo, seminarios, cursos y talleres», relata Marín en charla con El Economista.

Foto: Liliana Jemal y Matías Álvarez. Cortesía Fundación Javier Marín.  Revela que emprender este proyecto significó superar varios obstáculos y prejuicios: -en plena pandemia, primera variable, «una osadía».

Comparte también que la población uruapense no está acostumbrada a tener exposiciones importantes, «pero nos dimos cuenta de que la gente está ávida de tenerlas, tiene mucho orgullo por su ciudad y está dispuesta a sumarse a un proyecto que le quite un poco la cara fea que le han creado por la violencia, y creo que la fábrica es un elemento asociado a la identidad de todos los habitantes, por eso se han sumado muchas personas».

Foto: Liliana Jemal y Matías Álvarez. Cortesía Fundación Javier Marín.  «El arte, donde se necesita, no sólo en Polanco» Ante el fenómeno de violencia que ha «amurallado» no sólo a Uruapan sino a muchas otras ciudades de México, Marín reflexiona que mucho se debe a la imagen que han difundido los medios de comunicación, quienes –lamenta– «ya no tienen oídos ni ojos para percibir nada más que no sea la violencia de ciertos lugares».

Sobre el reto que supone montar un centro cultural en una zona de conflicto, Marín comparte: «Mucha gente me preguntaba ‘¿por qué en Uruapan?, ahí matan’; pero por eso estamos ahí, porque el arte debe estar donde necesita estar, no sólo en Polanco, para recuperar los espacios y para que la gente no los abandone por miedo», afirma.

Foto: Liliana Jemal y Matías Álvarez. Cortesía Fundación Javier Marín.  «Estamos tratando de poner un granito de arena para enfrentar esta situación (la violencia), que es real, pero que es muy injusta para la sociedad, que es la que paga por esa muralla mediática que le han construido, y nosotros queremos derribar esa muralla para hablar de lo bello que es Uruapan, de las cosas interesantes que estamos haciendo a través dHeading 2el arte, queremos que eso sea la buena noticia, la buena foto, y no sólo los acontecimientos de violencia».

Estoy convencido de que el arte puede cambiar esa historia, porque el arte te sensibiliza, te hace consciente del que está junto a ti, y partir de eso se puede tener empatía y dejar de hacer cosas que afectan a otras personas», reflexiona.

Espacio multidisciplinario Michoacán es un estado rico en arte popular, cocina mexicana y diseño originario. Por eso el Centro Cultural Fábrica de San Pedro será un espacio multidisciplinario dedicado al arte contemporáneo, al diseño y a la cultura alimentaria, expone Marín. Y pese que la restauración del inmueble aún no concluye, ya es posible visitarlo, «incluso queremos que la gente sea testigo del proceso y que vaya viendo cómo se transforma», dice.

Ahora mismo la nave principal alberga la exposición Punto de partida. Modas, tramas y textiles, con la que se inauguró el recinto formalmente hace unas semanas. Sin embargo, otras actividades le precedieron, con las que ha sumado más de 36 mil visitantes, casi la mitad de ellos, niños y jóvenes.

Foto: Liliana Jemal y Matías Álvarez. Cortesía Fundación Javier Marín.  El Centro Cultural Fábrica de San Pedro contará con salas de exposiciones temporales, además de la muestra permanente que es en sí mismo el complejo fabril, con sus espacios históricos, como los talleres y el edificio de residencias. «La idea es que podamos hacer del centro cultural un espacio autosustentable, con una tienda, un restaurante, y espacios que puedan alquilarse para actividades culturales, porque la idea es que el acceso a las exposiciones sea gratuito para la gente», señala el escultor.

También se ofrecerán talleres, diplomados y seminarios sobre arte textil, diseño colaborativo y cultura alimentaria ancestral, tópico en el que Michoacán puede presumir haber sido el paradigma en la conformación del expediente que consiguió la declaratoria de Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO para la cocina mexicana. Por estos meses, de mayo a agosto, estará en curso un laboratorio de tintes naturales aplicados al textil, dirigido por la diseñadora italiana Maddalena Forcella.

El centro cultural no recibe fondos gubernamentales, ni para su operación ni para los cursos o talleres que ofrece a la población. «La mitad de los alumnos son becados. Estamos buscando donaciones para poder costear estos cursos y que ninguna persona que quiera participar se quede fuera por falta de recursos», dice el artista.

Foto: Liliana Jemal y Matías Álvarez. Cortesía Fundación Javier Marín.  Su obra dialogará en Seúl con «Aztecas» Famoso por sus esculturas de cabezas monumentales que han recorrido cientos de ciudades y cuestionado los cánones en el espacio público, Javier Marín en esta ocasión no habla mucho de su obra, que es vastísima y variada. Sólo nos adelanta que en unos días sus piezas conocidas como «Chalchihuites» se exhibirán en el vestíbulo del Museo Nacional de Corea, en Seúl, donde se aloja la exposición mexicana «Aztecas: el pueblo que movió el Sol», con entradas agotadas para todo el mes de mayo, por cierto. «Será una especie de diálogo entre el arte prehispánico y el arte contemporáneo», afirma.

También revela que en este momento explora la creación artística con otras tecnologías, como el modelado virtual en 3D, pero de eso quiere hablar en otra ocasión. «Por lo pronto, mi última obra es la fábrica. Porque la labor de un artista no es solamente las piezas que logra conseguir, sino el impacto social que puede tener a partir de un proyecto como este (el centro cultural)», concluye.

Foto: Liliana Jemal y Matías Álvarez. Cortesía Fundación Javier Marín.  Sobre la exposición Punto de partida. Modas, tramas y textiles Punto de partida. Modas, tramas y textiles, bajo la curaduría de Ana Elena Mallet, exhibe cerca de 400 piezas. Ofrece una línea del tiempo, fotografías, instrumentos, tapices, vestidos de clientes, documentos y un taller de hilado, que dan cuenta de la historia de la fábrica textil. Además, en la primera nave se encuentran montados telares con distintas formas, texturas, colores y tramas que hablan del enriquecimiento y diversidad de los textiles, diseños y materiales que se han trabajado a lo largo de más de un siglo de vida industrial del inmueble. Corona la exposición, un conjunto de 150 vestidos de 50 diseñadores provenientes de Ciudad de México, Estado de México, Nuevo León, Chiapas, Jalisco, Tlaxcala, Puebla, Michoacán, Chihuahua, Veracruz e Hidalgo. Estará vigente hasta el 28 de agosto.

Tú puedes apoyar la labor del Centro Cultural Fábrica de San Pedro .

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