Lapatilla julio 14 2026, 12:51 pmPosteado en: OpiniónCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn “Los países grandes no se construyen solamente con recursos naturales; se construyen con sistemas capaces de transformar esos recursos en oportunidades para sus ciudadanos.” “Los países grandes no se construyen solamente con recursos naturales; se construyen con sistemas capaces de transformar esos recursos en oportunidades para sus ciudadanos.” Hay preguntas que parecen demasiado pequeñas para explicar problemas demasiado grandes. Esta es una de ellas: ¿qué tiene que ver un cartero entregando una carta con la riqueza de un país? En pleno siglo XXI, cuando un mensaje puede llegar al otro lado del mundo en segundos, hablar de correo puede parecer una conversación antigua. Muchos podrían pensar que un sistema postal pertenece a una época superada, una reliquia de cuando las personas escribían cartas a mano y esperaban días para recibir una respuesta. Pero esa visión desconoce algo fundamental: el correo nunca fue solamente una herramienta para transportar sobres. Fue una de las primeras grandes redes de conexión creadas por los Estados modernos. Fue una forma de unir territorios, organizar poblaciones, facilitar intercambios comerciales y acercar ciudadanos e instituciones. Por eso, la pregunta no es realmente si Venezuela necesita cartas. La pregunta es mucho más profunda: ¿Puede un país aspirar a ser desarrollado cuando pierde las redes invisibles que permiten que una sociedad funcione? Porque detrás de un sistema postal eficiente hay mucho más que una oficina y un empleado repartiendo correspondencia. Hay una cu
Fuente: La Patilla — Ver nota original