Dayana Cristina Duzoglou Ledo: Venezuela y el desafío educativo post-tiranía 

Lapatilla junio 17 2026, 6:54 amPosteado en:  OpiniónCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn Hay algo que llama la atención sobre Venezuela. Después de más de dos décadas de crisis, buena parte de la discusión nacional continúa concentrada en cómo recuperar el país y muy pocas veces se aborda una pregunta realmente fundamental: qué país debemos construir ahora que esa recuperación avanza.  La diferencia parece menor, pero no lo es. No es lo mismo restaurar estructuras del pasado que preparar instituciones para un mundo completamente distinto al que existía cuando comenzó el deterioro nacional a finales del Siglo pasado. Los debates y medidas actuales suelen girar en torno a la reconstrucción de servicios públicos, infraestructura, estabilidad económica, seguridad jurídica y atracción de inversiones. Todos son temas fundamentales. Sin embargo, rara vez aparece una discusión académica seria sobre las capacidades, el talento y las universidades que necesitará Venezuela dentro de cinco, diez o veinte años. Venezuela atraviesa un plan de TRES FASES, déjanos tu correo y te actualizaremos al momento Mientras esa conversación sigue ausente, otros países ya están tomando decisiones. China ha eliminado más de doce mil programas universitarios y, al mismo tiempo, ha creado miles de nuevos programas vinculados a inteligencia artificial, automatización, robótica, economía digital y tecnologías avanzadas. Lo interesante es que estas reformas no fueron impulsadas por el fracaso de sus universidades. De hecho, muchas de ellas figuran entre las mejores del mundo. La explicación es mucho más sencilla: comprendieron que el mercado laboral del 2030 tendrá poco que ver con el de hoy. Esta noticia debería generar más debate en América Latina que en Asia. La región lleva años observando cómo se aceleran los cambios tecnológicos mientras gran parte de sus sistemas educativos continúan funcionando bajo esquemas concebidos para realidades económicas muy diferentes. El problema no es únicamente quedarse atrás en innovación. El riesgo es seguir formando generaciones enteras para un mundo que ya comenzó a desaparecer. En el caso venezolano existe además una tendencia comprensible a mirar hacia atrás. Después de tantos años de deterioro económico, institucional y social, es natural que muchas personas asocien la recuperación con el regreso a una etapa anterior. Pero la reconstrucción de un país no puede limitarse a reproducir modelos —socialistas, para colmo de males— diseñados para otra época. La realidad internacional también ha cambiado. Una eventual etapa de recuperación venezolana probablemente se desarrollará en un contexto hemisférico muy distinto al de comienzos de siglo, con un renovado protagonismo de Estados Unidos bajo la administración Trump-Vance y resulta difícil imaginar una reconstrucción nacional exitosa sin una estrecha relación económica, tecnológica y educativa con la principal potencia del mundo.  Las universidades venezolanas, tanto públicas como privadas, hicieron grandes aportes al desarrollo nacional. De sus aulas salieron médicos, ingenieros, economistas, investigadores y profesores que contribuyeron a construir buena parte del país moderno. Ese legado merece reconocimiento. Sin embargo, también es cierto que aquellas instituciones respondían a una realidad distinta. El petróleo ocupaba el centro de la economía, internet apenas comenzaba a transformar sectores productivos y la IA era un concepto reservado para especialistas. Hoy el panorama es otro. Por esa razón, la discusión no debe centrarse únicamente en recuperar lo que existía antes. También debería plantearse qu

Fuente: La Patilla — Ver nota original

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