Dar la otra mejilla: La victimización en política - EntornoInteligente
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Por Ricardo Pose

Ernesto Talvi acusó a los medios de comunicación de ser socios en una suerte de “proscripción de facto”, por su no convocatoria al debate presidencial.

La acusación de una suerte de megaoperación mediática resulta hilarante, a no ser porque Talvi mancilla el término proscripto.

Es demasiada larga y dolorosa la lista de ciudadanos políticos proscriptos en este país como para que el veterano Chicago boy use ese término; lista además en la que ser proscripto en la lucha política, en impedir el libre ejercicio de la función política pública, por suerte fue para pocos; a una enorme mayoría se la proscribió del ejercicio político a fuerza de ser encarcelados, detenidos desaparecidos, exiliados, asesinados.

Proscriptos de sus derechos como presidenciables fueron el general Liber Seregni y Wilson Ferreira Aldunate; diminuta estatura  posee Talvi para aspirar siquiera a subirse a los hombros de tales gigantes.

Y en el colmo de la hipocresía, hija prodiga de la visión mesiánica e imbuida de fanatismo electoral, Talvi omite dos detalles importantes.

Es el candidato  a presidente por la colectividad partidaria que más ha impuesto la proscripción política en la historia del Uruguay contra otros dirigentes y organizaciones políticas.

Cuando utiliza el término facto asumo que pelea internamente contra esas voces de la  memoria que le susurran los nombres de Gabriel Terra y Juan María Bordaberry, presidentes por su colectividad en su momento.

Quizás, en un ejercicio intelectual alguien podría sostener que lo que le pasa a Talvi es la ley contraria a dar la otra mejilla y es la ley del Talión, el ojo por ojo, diente por diente.

Que consulte, que acuda al líder que derrotó en la interna para desmontar el megaoperativo mediático; si hay alguien en este país que sabe bien cómo se manejan, quiénes son y dónde están los responsables de megaoperativos mediáticos es Julio María Sanguinetti.

Proscripto fue el mensaje de Sara Méndez el último día de campaña por el voto verde contra la ley de Caducidad, sutiles formas de proscripción han sido las tarifas diferenciales, siempre abusivamente más caras de los espacios contratados para las organizaciones sociales, sindicales o los partidos de izquierda para difusión de sus propuestas o denuncias.

Pero debo advertirle a Ernesto, él que tanto maneja números, que va a patear contra el clavo y perecer por razones fundadas.

La menos importante, un criterio de rating mediático; el debate que asegura niveles importantes de audiencia para los canales de aire es entre quienes hoy disputan la posibilidades reales de acceder a la presidencia. La otra razón más importante y numérica, lejos de la frialdad de un economista, es que el debate interesante se da entre las dos fuerzas políticas que ya se midieron en balotaje en la últimas dos elecciones y ahora tienen chance de volver a medirse.

Haber derrotado en la interna a Sanguinetti y ser la tercera opción política del cuerpo electoral no es motivo suficiente para que no pueda esperar sentadito a encontrar con quién debatir.

Claro, la preocupación de Talvi es comprensible; si no debate con Daniel Martínez o con algún dirigente del FA como lo hizo con Andrade, ¿con quién va a debatir?

Abella no representa una opción electoral amenazante para el Partido Colorado, con Salle se rebaja políticamente al escalón de lo ridículo y con el resto de los presidenciables, incluido Luis Lacalle, no se lograría perfilar en esa opositora familia ideológica en la que solo puede aportar más neoliberalismo.

Nacido en 1957, ya andaba por los 16 pirulos cuando se produjo el golpe de Estado cívico-militar y 27 años cuando este terminó; ¿era muy botija para que lo proscribiera el gobierno de facto o flotó como un corcho durante el mismo? Perdió allí una insuperable posibilidad junto a tantos otros compatriotas de ser realmente proscripto.

 

La puñalada

A falta de puñalada, de estocada intestinal como recibió su referente Jair Bolsonaro, Guido Manini apeló a la actuación del fiscal Rodrigo Morosoli para autoerigirse en posible proscripto o víctima de persecución política.

El lunático impresentable de Gustavo Salles arguye que este procedimiento judicial es posible a partir del golpe de Estado técnico que dio el “fraude amplio” con el cambio de rol de las fiscalías, quedando estas al servicio del poder político.

Por respeto a los enfermos psiquiátricos no voy a sostener que esa afirmación es producto de uno de los tantos desvaríos del verde animalista (animalista sin dudas), sino que trasunta frágil memoria; sin esta reforma el fiscal Miguel Langón hizo cuanto mandado el gobierno de Sanguinetti le encomendó, incluidos aquellos famosos y mediáticos juicios a Eleuterio Fernández Huidobro. Salle en aquellos momentos era un leguleyo de baranda, poco más capacitado que un procurador y que claramente no se sentía en rebeldía contra el gobierno colorado de la ley de Caducidad.

En audiencia que se llevará a cabo el 3 de octubre, Manini pidió a sus simpatizantes no acudir al juzgado para evitar cualquier acusación de presión sobre la justicia, pero, como buen militar, sí los alienta a acuartelarse en los locales de Cabildo Abierto.

Con o sin procesamiento, el efecto de consolidación del espacio político de ultraderecha está asegurado.

En uno de los tantos vuelos de política profunda, Mujica consideró un “error político” la decisión del fiscal de Flagrancia Rodrigo Morosoli de pedir el procesamiento de Guido Manini Ríos.

“Lo inflan y lo colocan de víctima”, sostuvo, porque entiende así que este tipo de acciones, lejos de perjudicar políticamente las chances del postulante de Cabildo Abierto, lo favorecen.

Para tranquilidad de mi espíritu, Pepe cerró el tema afirmando que es un problema estrictamente judicial: “Los jueces no tienen por qué tener en cuenta a la política” y ahí está el detalle.

La carrera política de Manini nació como la de muchos y bajo distintos signos de gobiernos, a partir de una bofetada en la mejilla.

Mi calculadora y olfato electoral no me llevan a concluir que Manini procesado aumente su caudal electoral, pero seguramente consolide aún más su espacio político, espacio político que está y estaba presente en la sociedad, el mismo al que pertenece el  nacional chauvinista escribano Guillermo Domenech, que varias administraciones de gobiernos se “comieron” como escribano de Presidencia.

 

La minoría

El empecinado esfuerzo de subvertir el contenido de la democracia republicana y representativa, esto es, las decisiones tomadas por la mayoría del cuerpo electoral, el no haber recibido respaldo popular, pasar a ser minoría en el espectro político nacional se ha convertido en argumento político por excelencia de politizada victimización.

Efectivamente, y volviendo al ejemplo cristiano del Sermón de la Montaña, no recibir el respaldo electoral en el sufragio es una suerte de bofetada en la mejilla.

El traslado mecánico del poder de las minorías parlamentarias en Europa que luchaban contra la imposición aplastante de las mayorías fue el latiguillo argumentativo de los partidos de la oposición en el Parlamento y, entre ellos, el del más encumbrado y minoritario en el Senado, Pablo Mieres.

El discursito de minoría le rindió a Lacalle, claro, hasta la hora de definir con quién debatir, dejando a Pablo solo con su  lamento por el rol no reconocido de las minorías y la importancia de la alternancia en el gobierno.

Quienes vienen ofreciendo la otra mejilla para recibir el golpe, parecen olvidar que solo tienen dos, siendo, como hemos argumentado, bastante difícil de comprender que siquiera se le hubiera rozado una.

Sería bueno que reflexionaran sobre lo oportuno del cambio de estrategia; el debate entre Daniel Martínez y Luis Lacalle concita la opinión pública nacional, reflejo de una sociedad altamente politizada, buena cosa para los agoreros de la antipolítica. Fíjense, tanto discurso sobre la poca importancia de la política y ahí estarán, prendidos a la pantalla.

 

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