Cuerpo, memoria y política en "Historia de mis pies" de Federico Galende - EntornoInteligente
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Varios son los aspectos de interés que aparecen en la novela, como la ciudad con sus calles, con el sol cayendo en sus muros y veredas, los vehículos, los otros caminantes, las construcciones, sus clases sociales: “dividida como está la ciudad entre quienes hacen dinero a destajo y quienes lo padecen”, la ciudad y sus peligros, la gentrificación y los hechos de la calle que aparecen en la crónica roja.  Compartir Twittear Compartir Imprimir Enviar por mail Rectificar

Una de las grandes historias sobre el pié o sobre los pies es, sin lugar a dudas, la que dice: “Y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con sus lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos, y besaba sus pies, y los ungía con perfume”, según la versión de esta escena que hace Lucas en el capítulo 7, en el versículo 38 del Nuevo Testamento, esa magnífica novela supuestamente de inspiración divina. Después de esta salida de libreto y tratando de guardar todas las proporciones, me remito a esta novela que atraviesa varias dimensiones entre las que podríamos definir la íntima, la social, la histórica y política, no sin algunas tintas psicológicas e inclusive frívolas que de todas maneras acuden al tronco estructural de la novela que más que la historia de los pies del hablante, trata sobre el caminar, del moverse, del desplazarse, excursionar, explorar e inclusive pasear, perderse y huir. Es así que la novela se inscribe en una tradición literaria e histórica cuyos antecedentes los encontramos en los peripatéticos de la academia aristotélica, retratada magníficamente por Rafael Sanzio, o en las famosas caminatas de Nietzsche o Heidegger -quizás temática guiño a la profesión del autor que también es filósofo-, pero también inscrita en el término popular “gente de a pié” o los últimos dichos de la honorable senadora de la República de Chile la señora Jacqueline Van Rysselberghe al referirse a los patipelados. 

Las referencias culturales y literarias las podemos pesquisar en el mismo texto que nos habla de Germán Marín, Nona Fernández, la canción “Zapatos rotos” de la banda argentina “Los Náufragos” y de manera más solapada una vasta bibliografía de la ciudad de Santiago como la que aborda Carlos Franz en su premiado ensayo “La Muralla enterrada” o uno de sus referentes más directos, como es Carlos Droguett, autor de la génesis política de la literatura chilena contemporánea, que ya merece estatura de bronce.

La novela comienza con un fuera de cuadro que se mantiene durante todo el texto: ” la noticia que acabo de recibir no tiene nada de bueno “, que funciona como en el cine, frase que marca una intriga y desata el conflicto, que a primera vista pareciera ser sólo un conflicto íntimo. 

Varios son los aspectos de interés que aparecen en la novela, como la ciudad con sus calles, con el sol cayendo en sus muros y veredas, los vehículos, los otros caminantes, las construcciones, sus clases sociales: ” dividida como está la ciudad entre quienes hacen dinero a destajo y quienes lo padecen “, la ciudad y sus peligros, la gentrificación y los hechos de la calle que aparecen en la crónica roja. 

Otro aspecto importante es el arte poética o novelística que el hablante esgrime en frases como: ” la respiración y la resistencia como formas impersonales de escritura “, ” en la literatura, como en todas las cosas, el movimiento, el ritmo, el tranco uniforme sobre el sendero debían imponerse definitivamente a la reflexión ” o ” porque escribir es eso, una actitud, una actitud propia del que se compenetra y se pierde “. 

Sin lugar a dudas uno de los ámbitos más importantes y que es parte de la narrativa conjunta de Galende es la figuración política en que la ciudad, como locación, es una de las manera en que se manifiesta: ” Arrieta es un peladero: está el aeródromo cuya pista de aterrizaje impide por razones de seguridad construir edificios alrededor, le siguen los volúmenes achatados de dos centros comerciales inmensos que abarcan junto al estacionamiento treinta o cuarenta mil metros cuadrados de superficie y los dos parques del frente, destinado a ‘hermosear’ el eriazo que siguió al retiro de la toma de Peñalolén el primero y a enmendar, el segundo, si es que algo así fuese posible, los irredimibles crímenes que en la llamada Villa Grimaldi llevaron a cabo los mismos desequilibrados que refundaron este país “. En este mismo plano, pero centrado en la coprotagonista, el  hablante nos comunica que ” en ese tiempo la mayoría de sus clientas estaban casadas con militares (…) las clientas se ponían a conversar sobre lo indispensable que resultaba liquidar a todos los comunistas ” o, derechamente, el monólogo de una clienta de la podóloga: “¡ le dije a mi marido que había que hacer la limpieza completa !” u otra, la amiga de una clienta que ” había divisado junto al río un montículo de cadáveres rodeado por un grupo de soldados. Estaban desnudos. Desde el auto había alcanzado a ver los pálidos trozos de piel cubiertos por una densa nube de humo o de neblina. No parecían reales, lo que los tornaba más muertos aún, y lo que la había impactado no era tanto la palidez desnuda como la pira que formaban unos encima de otros, amontonados con una desprolijidad impropia para algo tan delicado como un cadáver “. 

Las referencias culturales y literarias las podemos pesquisar en el mismo texto que nos habla de Germán Marín, Nona Fernández, la canción “Zapatos rotos” de la banda argentina “Los Náufragos” y de manera más solapada una vasta bibliografía de la ciudad de Santiago como la que aborda Carlos Franz en su premiado ensayo “La Muralla enterrada” o uno de sus referentes más directos, como es Carlos Droguett, autor de la génesis política de la literatura chilena contemporánea, que ya merece estatura de bronce. 

En definitivas cuentas un cuerpo que se dirige desde el centro de Santiago, el centro de Chile hacia los paisajes cordilleranos que tanto motivo para el arte ha entregado. Un cuerpo impredecible y oscilante que encuentra en la compañía de los otros un refugio y una cantera de sentido para la memoria política e histórica. 

“Historia de mis pies” Federico Galende, Alquimia Ediciones, 2018, 122 páginas. 

Ramiro Villarroel Cifuentes. Escritor.

 

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