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Si echamos un vistazo a la popularidad de los artistas criollos, los más conocidos son los cantantes. Pocos instrumentistas han logrado tener entre el gran público una popularidad similar a estos y es que, si uno se percata, casi siempre la figura central es el vocalista, pese a que muchas veces son los músicos los que arman toda la canción y trabajan para la voz, a fin de que esta se luzca. Es una simbiosis la que ocurre porque la voz no podría expresar lo que el autor quiso transmitir en su canción sin el músico o la melodía correcta. Dentro del ambiente nos conocemos entre todos, pero fuera, allá donde se sigue escuchando música criolla de la llamada “época de oro”, el público se ha quedado en aquellos instrumentistas que brillaron hace 50 años y que hoy ya han fallecido. Habiendo en nuestro criollismo actual extraordinarios músicos que trabajan seriamente, quiero contarles en esta oportunidad sobre uno al cual admiro y respeto como artista y persona: don Willy Terry.

15/9/2019

Sergio Salas Abogado, Músico criollo El primer recuerdo que tengo de Willy se remonta al 2002. Yo acompañé una noche a Graciela Polo a un show en un local miraflorino y Willy era quien dirigía al marco musical. Sin embargo, nuestra amistad nació posteriormente. Ha sido en las tantas reuniones en que coincidíamos en la casa de Óscar Avilés (él como yo éramos admiradores del maestro) en que Willy, pese a la diferencia de edad y de trayectoria (yo recién empezaba en esto) no tenía ningún reparo en que yo lo acompañara en la guitarra. Al contrario, él me decía: “Sergio ¿tocamos algo?” En un medio musical donde he presenciado tanto celo, el señor Terry, curtido guitarrista criollo, me acogió con cariño desde el primer momento, y eso es algo que no olvido. Él desde muy joven logró introducirse en este mundo del criollismo cuando aún vivían los “monstruos” de la canción criolla. Ha logrado acompañar a grandes como Las Limeñitas, Jesús Vásquez, Teresa Velásquez, Fetiche…, la lista es interminable. Tanto así que Luis Garland, quien fuera el fundador de Los Troveros Criollos, vio en él esas cualidades musicales y lo llamó para integrar este famoso conjunto en su última conformación. Ya solo eso es un honor. Pero además fundó el Trío de Lima, un conjunto de guitarras y voces que llegaron a plasmar su arte en un casete de la época. Estas experiencias, creo yo, desarrollaron en él la capacidad de buscar armonías vocales. Como he explicado anteriormente, la melodía es la primera voz, mientras que las armonías son las segundas, terceras o cuartas voces. Una vez, cuando grabábamos una resbalosa, yo quería hacer el típico cierre a dos voces mientras que Willy propuso hacer cuatro voces. Ahí dijo algo que me quedó grabado: “tenemos que salir de la zona de confort”. ¡Cuánta razón tenía! Quien no arriesga no gana. He sido testigo cómo siempre está buscando qué proyecto desarrollar, ya sea con artistas conocidos o personas con un arte más privado como sucedió con el disco de la Gran Reunión que en el 2009 fue un suceso en nuestro ambiente musical peruano. Ha sido nominado al Grammy el año pasado por un disco que grabó con Eva Ayllón, y trabaja junto con Lucy Avilés desde hace 20 años, conformando juntos una de las duplas más reconocidas de la canción criolla. Con cerca de 40 años de vida artística, Willy tiene energía para seguir trabajando y proponiendo, posee un torrente de ideas y retos por delante y cuenta con una legión de jóvenes guitarristas que lo tiene como justo referente. Él lo sabe y por eso cuida mucho cada presentación que brinda, ya sea en una peña local acompañado de un cajón o en el Teatro Nacional junto a la sinfónica. Les contaré algo más. El día en que se produjo la sepultura de don Óscar yo llevaba en mi hombro el ataúd y delante de mí estaba Willy. Cuando llegamos a la Plaza de Armas de La Victoria, donde hubo un homenaje, bajamos el féretro, Willy volteó y nos dimos un abrazo muy fuerte. Yo estaba quebrado y las lágrimas me brotaban sin parar. No nos dijimos nada, pero éramos dos amigos y admiradores del maestro que en ese momento tan duro, sin mediar palabra, nos apoyamos. Estoy seguro de que él recuerda ese momento como yo. He tenido la suerte de trabajar con él como co-conductor en el programa Otra vez Avilés desde el 2014 al 2017, año en que me retiré para poder emprender nuevos retos; sin embargo, me alegro con cada uno de sus logros y tenemos proyectos en conjunto. Que Dios nos permita contar con su arte muchos años más.

LINK ORIGINAL: El Peruano

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