Sesenta y cinco años después de que Cuba rompiera con Taiwán para abrazar a China, la isla sufre apagones, escasez de arroz y una deuda que no termina de pagar.
Así lo consignó el sitio de periodismo de investigaciónhttps://www.elarchivo.com/investigaciones/cuba-la-amistad-china-que-le-costo-la-soberania-n5326935
Cuba fue el primer país del hemisferio occidental en reconocer a la República Popular China, el 2 de septiembre de 1960, cuando Fidel Castro rompió relaciones con Taiwán ante una multitud en la Plaza de la Revolución. Ese gesto fundacional se convirtió, con los años, en el relato oficial de una "amistad imperecedera" entre dos revoluciones hermanas que hoy, más de seis décadas después de su inicio, se sigue presentando como un modelo de cooperación Sur-Sur. Pero la historia de Cuba no arranca en 1959 ni se explica por su alineamiento con potencias extracontinentales: es la historia de una isla que peleó su independencia de España, resistió intervenciones y construyó, con Martí como referencia, una tradición de autodeterminación que nunca fue subordinación a nadie. Que ese relato hoy se lea en simultáneo con apagones de horas, desabastecimiento crónico y una economía que se contrajo un 15% en el último lustro no es un detalle menor: es la clave para entender qué tipo de "amistad" es esta.
Lo que separa a Cuba de ChinaLa cultura política cubana —caribeña, hispanoparlante, forjada en la lucha antiimperialista latinoamericana— tiene poco en común con el proyecto de partido-Estado chino, construido sobre una tradición civilizatoria, un aparato burocrático milenario y una lógica de expansión de influencia que no reconoce pares, solo clientes. La retórica de "hermandad entre pueblos" oculta una asimetría de origen: China no necesita a Cuba culturalmente, políticamente ni estratégicamente del mismo modo en que Cuba dice necesitar a China. La relación nunca fue entre iguales; fue, desde el primer convenio comercial firmado por el Che Guevara en 1960, la de