Cuatro propuestas de lectura - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / Diario Libre / 1 Varios amigos sudan su fiebre de conocimiento dominicanista leyéndolo de la A a la Z. Yo adopté un método menos riguroso: busco primero los términos que recuerdo o utilizo en el ámbito familiar sobre todo, los subrayo y luego hago el abordaje total, letra a letra, siguiendo mi propio interés. Digamos: busco jondear, leo su significado y variantes, y entonces hago el paseo por toda la letra J. Localizo desguañangue (“desguañangue se formó en todita la enramá…”) y una vez encuentro el vocablo de nuevo lo destaco con felpa, y a leerme completo la letra D. De esta forma llevo “leído” (consultado, debería decir) el libro casi por completo. Es una joya que casi debiera merecer el título de libro del año. Un serio, inteligente y minucioso trabajo de investigación en equipo, que acoge el estilo de la Real Academia Española en cuanto al formato de los valiosos diccionarios, gramáticas y ortografías publicados en los últimos años por la docta casa. Cubanos, colombianos, venezolanos, argentinos, mexicanos, puertorriqueños, costarricenses, entre otros, han otorgado siempre el valor que corresponde a su habla coloquial, sin sonrojarse. Las voces propias del español dominicano han sido exaltadas anteriormente por importantes investigadores. Muchas palabras están prácticamente en desuso. Empero, si usted no es de provincia, si no ha salido, salvo que sea de pasada, de la ciudad capital, probablemente desconozca la variedad y riqueza de nuestros dominicanismos, tenidos a menos en los espacios sociales habituales. Yo suelo usarlos con frecuencia, porque expresan un sentimiento, una identidad y un tono particular del que no debiéramos desembarazarnos. Hay que felicitar a Bruno Rosario Candelier y, en especial, a María José Rincón González por emprender esta tarea sin precio: la de producir el Diccionario del Español Dominicano, en el que muchos nos reencontramos con las raíces de la lengua con la que crecimos y en el que otros conocerán nuestro léxico patrimonial, “signo vivo y elocuente de la vitalidad de nuestro lenguaje, que como nuestra lengua española es timbre de orgullo de nuestra cultura”, como bien ha anotado el director de la Academia Dominicana de la Lengua. (744 pp.)

2 Y hablando de diccionarios. Creíamos tener todo lo que había publicado Mario Vargas Llosa, hasta que un amigo me indicó, mientras recorríamos una librería, un libro que, a primera vista, dije conocer pero que al revisarlo tranquilamente en casa me sorprendió sobremanera porque nunca tuve antes noticias de su salida. Se trata del Diccionario del amante de América Latina, un libro que el premio Nobel publicara en 2005 en francés, pero que desde el 2006 la barcelonesa Paidós incluyera en una de sus colecciones, donde se han publicado otros conjuntos de textos con similar estilo y finalidad que la del laureado escritor peruano. Es un diccionario de temas, donde por cierto la República Dominicana aparecerá más de una vez a través de personalidades políticas y hechos históricos. “Una mezcolanza plural que se ocupa de todos los temas imaginables”, escribe el propio autor. La revolución, la fotografía, el lenguaje popular, el cine, las dictaduras, el paisaje, los escritores, la historia, el humor, el fútbol, Hispaniola, Leonel Fernández, Ciudad Trujillo, en forma de reportaje periodístico, crónica, artículo. En nuestro país se han desatado los mil demonios por la toma de partido que hizo Mario en un artículo, un tanto severo, en torno a la debatida decisión del Tribunal Constitucional. Pero, esta opinión, que puede ser acogida o desaprobada, no debe invalidar nunca la preocupación que, por muchos años, el autor de “La Fiesta del Chivo” ha mostrado por la historia, el devenir y la democracia de nuestro país, que ha defendido y exaltado en decenas de artículos y en diversos foros internacionales. Ni mucho menos una obra, un estilo de escritura y una trayectoria que muchos hemos admirado por largos años. Sus libros tienen -y seguirán teniendo- un lugar especial en nuestra biblioteca. Encontrarme pues con este diccionario es un hallazgo que celebro. (421 pp.)

3 Si algún libro he disfrutado en los últimos meses es Etimologicón de Javier del Hoyo, publicado con el subtítulo (que fue lo que produjo mi compra): “El sorprendente origen de nuestras palabras y sus extrañas conexiones”. Es otro diccionario, pero no de vocablos, como el de dominicanismos, no de temas como el de Vargas Llosa, sino de determinadas palabras del español, el origen y evolución de las mismas, y su unidad con temas y estilos narrativos. Guardando las distancias de estilo y propósito, me ha recordado dos libros de similar estirpe, aunque estos consolidadamente irreverentes: “El diccionario del diablo” del norteamericano Ambrose Bierce, que comenzó a publicarse por partes hacia 1886, y el “Diccionario secreto” del español Camilo José Cela, dado a conocer en 1968, y que rastreó los orígenes de las palabras obscenas de la lengua española. El “Etimologicón”, presentado el año pasado por Planeta y Círculo de Lectores, recoge 32 raíces latinas, y de cada una de ellas se desprenden entre veinticinco y ciento diez palabras diferentes que tienen, sin embargo, un mismo origen y un mismo “hilo conductor”. Conoceremos el itinerario que cada palabra seleccionada ha tenido para alcanzar su significado actual. Todo, bajo un lenguaje atractivo, con sentido del humor, y con un didactismo inusual, de sabrosísima e inteligente catadura. “Etimologías encadenadas, un libro lleno de curiosidades, de sorpresas, de palabras tantas veces usadas, pero cuyo origen quizás no sospechábamos”. (234 pp.)

4 Las librerías se reducen. Es un fenómeno recurrente. Ha ocurrido en todas las épocas, solo que en la actual cuando cierran una o dos, se eleva el temor de que la lectura desaparezca o de que las tabletas o el libro digital termine definitivamente con sus vidas. Las librerías han desaparecido siempre. Antes, dando paso a nuevas tiendas. Ahora, porque los tiempos exigen otros formatos y otras maneras de mercadeo de este instrumento vital para el progreso de la humanidad, o porque otras demandas de consumo las ahogan. Entre los libros que han movido mis resortes de lector empecinado, en los últimos meses, está Librerías de Jorge Carrión, finalista del premio Anagrama de Ensayo, y que esta editorial barcelonesa puso a circular el año pasado. Un librero, un escritor, un comunicador, un buen lector en suma no puede dejar de leerlo. El origen de las librerías, su lugar en el imaginario colectivo, su rol en la historia de las ideas y en el desarrollo de la inteligencia, de la vida política, del progreso humano, su inestabilidad, su carácter mutante, como mito cultural o icono turístico, como centros de tertulia o de resistencia política. Las más emblemáticas a través del mundo: La Strand de Nueva York, la parisina Shakespeare and Company, la Bertrand de Lisboa, la Stanfords de Londres, la Antonio Machado de Madrid, la Avila de Buenos Aires, el Fondo de Cultura Económica de México, las de Tanger, Sidney, Lima, Oporto, Tokio, Turín, San Francisco, Ciudad del Cabo, Berlín, Bogotá, Estambul. Muchas vivas, otras sobrevivientes, otras tantas desaparecidas. Carrión escribe un ensayo para reconstruir el mito y sus alcances, para rescatarlas del olvido, para unirlas al destino de miles de lectores y de nombres como Goethe, Diderot, Borges, Joyce, Mallarmé, Machado, Ginsberg, Lezama, García Márquez, Cortázar, Bolaño, que salieron iluminados de sus anaqueles. También los que oscurecieron sus almas trastornadas, como Hitler y Stalin que las frecuentaron y tanto poder descubrieron en los libros que terminaron execrándolos en hogueras infames. Un recorrido que fascina no solo por la historia que transita, sino también por los personajes que incorpora en cada pasaje, en cada anécdota, en cada recuento. Desde los inicios en Atenas hasta el conocimiento de las librerías más antiguas del mundo. Las librerías políticas, las librerías orientales, las librerías norteamericanas de costa a costa, las de América del Norte y del Sur, las cadenas libreras, el imperio Barnes & Noble, las librerías del fin del mundo, las cotidianas y las virtuales, las que cerraron para abrir nuevas y modernas, y las que clausuraron para convertirlas en McDonald’s, la librería como brújula, como metáfora, como eje de muchas vidas, el lento tránsito entre la lectura en papel y la lectura digital. “Las librerías, desde siempre, han sido aquelarres del canon y por tanto puntos clave de la geopolítica cultural”, escribe Carrión. Amazon se convirtió en la librería virtual por excelencia, pero Barnes & Noble la denunció por publicidad engañosa, al decir que era “la mayor librería del mundo” cuando en verdad no es un bookstore, sino un book broker. Hace rato que Amazon “es un traficante de cualquier objeto que se tercie, menos los e-readers que no sean Kindle”. Repito: es un libro fascinante. No exagero si les cuento que dos meses después de haberlo leído, ahora voy a comenzar a releerme todas las frases y momentos del libro que subrayé en rojo. (342 pp.)

www. jrlantigua.com

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