Cuando perdió su empresa y sus ahorros se animó a cumplir su sueño - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / Santiago nació en La Plata, en una familia de clase media dónde nunca faltó un plato de comida, pero tampoco sobró para comprar un auto o hacer viajes al exterior. Vivía con su mamá, su tía y sus abuelos en una casa chorizo, que supo ser muy linda en sus inicios pero que estaba venida a menos por el paso del tiempo.

Por alguna razón que no recuerda, Santiago terminó yendo a uno de los colegios más exclusivos de la ciudad. Allí descubrió un mundo hasta entonces desconocido e inaccesible: amigos que pasaban inviernos en la nieve y veranos en el Caribe, con casas en Punta del Este y autos de lujo.

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De ese mundo a Santiago le llamaban la atención tres cosas: cómo sería tocar la nieve, viajar en avión y tener un dormitorio propio, cuando él lo compartía con sus abuelos.

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En paralelo, la infancia de Santiago estuvo rodeada de libros y música. Creció escuchando a The Beatles, The Rolling Stones, Led Zeppelin, Guns n´Roses, Queen y aprendió a leer antes de iniciar la escuela primaria.

Esto último, sembró la semilla de su deseo más genuino: escribir.

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Santiago quería vivir escribiendo. Aunque más que un deseo era una necesidad. Cada idea que tenía la plasmaba en un papel. Escribía vivencias, novelas, poesías, guiones. No salía a la calle sin un lápiz y un papel.

En el colegio, a Santiago lo obnubilaba el nivel de vida que llevaban sus compañeros y quería ser como ellos.

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El momento de decidir su futuro Cuando terminó el secundario se vio tironeado por dos fuerzas opuestas: o se dedicaba a escribir o a algún rubro que le de dinero.

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Y cómo quería llevar la misma vida que sus amigos se decidió por esto último.

Santiago se sentó a diseñar una estrategia para llegar a tener mucho dinero.

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La llamó “S.D.I.S.”, Sistema de Desarrollo Integral Sostenido, que consistía en un plan de negocios, con metas de seis y doce meses que abarcaban ahorros, contabilidad, gastos e inversiones.

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Era un hombre con una misión: ser rico y pertenecer.

Comenzó ahorrando los sueldos de su primer trabajo y cualquier otro incentivo que pasara por sus manos: si su mamá le daba plata para un taxi una noche de tormenta, él igual tomaba un colectivo y ahorraba ese dinero.

Inversiones, plazos fijos, dinero y poder Pronto, le alcanzó para abrir un plazo fijo.

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“Ya tenía dinero trabajando para mi, era todo un hombre de negocios”, cuenta. Al poco tiempo empezó a invertir en la Bolsa y comenzó a estudiar Ciencias Políticas. Porque mientras tanto, seguía escribiendo. No porque fuera parte de su S.D.I.S. sino porque simplemente no podía evitarlo.

En el 2008 Santiago sintió por un momento que “había llegado” a donde tanto había querido.

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Ese año se sintió un “par”: comenzó a hablar de igual a igual con sus ex compañeros de colegio, a conversar con ellos sobre inversiones, mercado de valores y hasta realizó con ellos un viaje al exterior.

El principio del fin El 2014 fue el principio del fin.

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Invirtió todo lo que había ahorrado y ganado durante quince años en un bazar gastronómico. Estaba convencido de que sería un éxito, pero las cosas no salieron como Santiago esperaba y en noviembre de 2016 tuvo que cerrar.

Perdió la totalidad de la inversión.

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Quince años de esfuerzo, dedicación y paciencia que habían desaparecido en 24 meses. No lo podía creer.

A los 34 años Santiago se animó empezar una nueva vida. Tocar fondo para levantarse con todo Comenzó a dormir poco, a llevarse mal con Victoria, su mujer, y a estar ensimismado en pensamientos negativos todo el día.

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Pasaba horas dándole vueltas al asunto, viendo dónde se había equivocado, intentando encontrar una solución que no aparecía.

Preocupadas, su mamá y su mujer, lo convencieron para que se fuera unos días da viaje en familia.

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Así fue como Santiago, Victoria y sus dos hijas, de 3 y 4 años, se subieron al auto camino a Villa La Angostura.

Las primeras noches fueron una pesadilla.

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Santiago no podía conciliar el sueño, estaba de mal humor y sólo pensaba en qué iba a hacer cuando regresara a La Plata.

Santiago junto a su familia, que lo apoyó desde el primer momento en la decisión de perseguir su sueño de escribir.

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“Ya no tengo plata, ni ahorros ni proyectos” se escuchó diciendo una noche. Y la frase le quedó dando vueltas en la cabeza. Fue reveladora, bisagra. Si ya no tenía nada que perder, si no le quedaba más que su familia, por qué no podía animarse a cumplir el sueño de escribir que había abandonado de adolescente.

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“Si no es ahora, ¿cuándo, pensó?”

“Cuando me quité de encima el peso de lo que yo creía que la sociedad esperaba de mí, me encontré conmigo mismo.

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Volvimos a La Plata y me puse a escribir sin dejar pasar ni un solo día. Comencé a escribir columnas de política en un medio digital y pronto llegaron otros que se ofrecieron a publicar mis artículos.

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Al mismo tiempo comencé a escribir otra novela, que espero terminar antes de fin de año -cuenta Santiago- Fue como volver a casa luego de un largo viaje.

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De algún modo, había aprendido una lección: a veces la sociedad y uno se impone metas y objetivos que no nos son propios, sino que forman parte de lo que creemos que tenemos que hacer para ser interpretados como exitosos por los demás, cuando el verdadero éxito pareciera estar en otro lado, en nosotros mismos, en abrazar nuestra singularidad y seguirla, adonde sea que nos lleve”.

La voz de la especialista Graciela Moreschi, médica psiquiatra y escritora, analiza la historia de Santiago.

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Tags: Lujo

Con información de: La Nacion

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