Crónica de una noche say no more con aires peronistas - EntornoInteligente
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Ni siquiera la crónica de un concierto logra evadir la mística peronista en la ciudad de la furia. Fue uno de esos días demoledoramente calurosos en aquella orilla del Río de la Plata, aliviado apenas por una brisa húmeda y pegajosa que llegaba desde el puerto. Buenos Aires aún estaba de resaca de los festejos por la asunción del presidente Alberto Fernández y sus personajes no hablaban de otra cosa. Había sido una noche larga para muchos porteños.

El día anterior, la Plaza de Mayo había sido copada por personas que celebraban el regreso al poder. A medida que avanzaban los recitales previstos, el rumor ganó las calles del microcentro: Charly García sería el encargado de cerrar los shows de ese histórico 10 de diciembre de 2019. A ese guión de euforia peronista le venía bárbaro sumar el Himno Nacional Argentino en vivo, en la versión que Charly grabó en Filosofía Barata y Zapatos de Goma, en 1990. Pero la cuenta oficial del músico en Instagram desmintió la noticia. 

El genio del sur tenía otros planes. A esa hora estaba encerrado detrás de sus teclados, ensayando las canciones que tocaría al día siguiente en su show La Torre de Tesla. Charly siempre es una buena noticia, y si es en el Luna Park – uno de sus templos sagrados – mucho mejor. Pocos recitales generan tanta adrenalina como Charly García en Buenos Aires. Los shows son anunciados apenas con una semana de anticipación y las entradas se agotan en unos minutos. El miércoles 11, los perseverantes que habían conseguido sus tickets esperaban impacientes afuera del Luna Park con los brazaletes say no more como muestra de fidelidad eterna.  

Adentro, un porteño esperaba su turno para comprar cerveza y se quejaba porque hasta hacía poco el brazalete venía de regalo con las remeras del merchandising oficial de Charly. “Ahora te lo cobran 200 mangos. Ahí también se ve la macrisis, la puta madre”, dijo a los que estaban junto a él sin que nadie se lo preguntara. 

La ansiedad del público ya era insoportable, pero por fin cerca de las nueve de la noche se bajó el telón y comenzó a sonar la guitarra rabiosa de No llores por mí, Argentina. Los porteños, que ostentan el título de los campeones del mundo del pogo, hicieron de las suyas con ese inmenso rock and roll de Serú Girán. Era difícil de digerir la emoción de ver a Charly tocando la guitarra y cantándole a las heridas que no paran de sangrar en ese escenario de Buenos Aires, casi cuatro décadas después de componer esa canción. La banda sonaba increíble. El zorrito Von Quintiero – uno de los soldados más leales de Charly – disfrutaba como un niño de estar junto al jefe, acompañado por la enorme Rosario Ortega y el trío de chilenos fieles a García: Kiuge, Toño y Carlos. 

El público aún estaba sacudido como un boxeador que acaba de recibir un derechazo en la mandíbula cuando comenzó a sonar el bajo de Yendo de la cama al living. La lucidez que mostraba García en esos primeros minutos anunciaba una noche épica. “Podés ser un gran campeón, jugar en la selección”, cantaba Charly, mientras las pantallas mostraban a Diego Maradona eludiendo a los jugadores ingleses en el mundial de México de 1986. Los argentinos tuvieron en ese instante a sus dos dioses ante sus ojos. El Luna Park gritó el gol del 10 como si fuera en vivo. 

Qué ganas de Yendo de la cama al living, le dije a @tinchotoc . Es el segundo tema de esta maravillosa versión de Charly que disfrutamos ayer en el Luna Park, tal vez su templo más sagrado. https://t.co/KDzQleV4wM

— sebastián panzl (@spanzl) December 12, 2019

Apenas hubo tiempo para respirar un poco con In the city that never sleeps, del disco Kill Gil, y volvió la furia. “You say you want a revolution”, dijo Charly antes de tocar la guitarra para que temblara el suelo gracias a Cerca de la revolución. 

Los argentinos demostraron en cada canción su fanatismo por Charly. Pocos artistas marcaron tanto a un país como aquel jovencito que a comienzos de la década de 1970 emocionó a los adolescentes con las canciones de Sui Generis, experimentó nuevos ritmos con La máquina de hacer pájaros, deslumbró a todos con la perfección de sus composiciones en Serú Girán y luego comenzó una carrera solista que lo consolidó como un ícono del rock en español. Charly García es gigante y sus canciones serán eternas.  

        Ver esta publicación en Instagram                   cerca de la revolución/ el pueblo pide sangre

Una publicación compartida de Sebastián Panzl (@spanzl) el 11 Dic, 2019 a las 7:03 PST

El músico demostró su vigencia creativa cuando comenzó a entretener al público con algunas de sus más recientes canciones, como Lluvia, Rivalidad y Otro, grabadas en Random, su último disco. Hubo tiempo para emocionar a los más nostálgicos con clásicos como Parte de la religión y Canción de dos por tres, además de Asesíname, una canción del disco Rock and Roll Yo que pide cancha para transformarse en uno de sus himnos. 

A Charly García le sobran canciones. Tiene uno de los repertorios más completos de su generación y prendió fuego el escenario con los últimos tres temas. Hubo pogo con El Aguante, hubo llantos con Rezo por vos y hubo un cierre memorable con la fuerza de Demoliendo Hoteles. Charly había tocado catorce canciones y abandonaba el escenario.  

        Ver esta publicación en Instagram                   Yo no quería morir sin ver a Charly en Buenos Aires. Tocó algunas de las canciones más importantes de mi vida. Gracias por tanta música, García

Una publicación compartida de Sebastián Panzl (@spanzl) el 11 Dic, 2019 a las 6:58 PST

Ahí comenzó el otro show: el peronista. “Alberto presidente” y “Volvió Cristina, la puta que los pario” cantaron miles de personas en el Luna Park. Hubo puteadas a Mauricio Macri y odas al general Juan Domingo Perón. Adolescentes, jóvenes y viejos unieron sus voces en un cántico a mitad de camino entre de estadio y de guerra. “Perón, Perón, qué grande sos. Mi general, cuánto valés, Perón, Perón, gran conductor, sos el primer trabajador”, retumbó en el Luna Park. Los jóvenes cantaron su propia marcha con furia. “A pesar de los golpes y de nuestros caídos, la tortura y el miedo, los desaparecidos, no nos han vencido”. Los uruguayos que habían cruzado el Río de la Plata aprovechaban para chequear cómo iba el clásico entre Nacional y Peñarol en el Estadio Centenario. 

El intervalo duró casi cincuenta minutos. “¿Todavía están ahí?”, preguntó Charly, pidió un whisky y tocó Desarma y Sangra, un himno de Serú Girán. Es difícil de explicar la atmósfera que se generó cuando ese veterano de 68 años cantó esa canción con su voz gastada. 

El público se entusiasmó con volver a bailar cuando la banda subió de nuevo al escenario, pero no hubo más canciones. “Bueno, chiques, ahora a sus casas”, dijo y comenzó la retirada. Charly es Charly. Nada para recriminar. Fue un show memorable. Entre tantos aplausos y ovaciones, el músico dejó una frase por ahí para la posteridad: “Todos me aman, pero a algunos no les creo”. Say no More. 

LINK ORIGINAL: El Observador

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