Crisis eléctrica venezolana afecta salud mental de niños

A siete años del apagón nacional de 2019, las interrupciones del servicio eléctrico en Venezuela han dejado de ser episodios excepcionales para convertirse en una condición cotidiana que permea la vida de millones de familias. Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI 2025), nueve de cada diez hogares venezolanos experimentan cortes eléctricos diarios o esporádicos, afectando profundamente el acceso a servicios básicos y las condiciones necesarias para el cuidado y desarrollo integral de niños, niñas y adolescentes. Esta problemática no se distribuye de manera uniforme en el territorio nacional, con reportes que documentan interrupciones que pueden extenderse varias horas al día, especialmente intensas en estados del interior del país y comunidades rurales, profundizando las desigualdades territoriales.

La crisis eléctrica trasciende el simple funcionamiento de servicios públicos, impactando directamente en el ejercicio de derechos fundamentales de la población infantil y adolescente. Cecodap ha documentado en centros educativos del país que las altas temperaturas e interrupciones de servicios han expuesto problemas graves de infraestructura: escuelas con ventilación insuficiente, acceso limitado a agua potable y baños inoperativos que generan condiciones insalubres durante la jornada escolar. Estas deficiencias producen consecuencias concretas y alarmantes, como niños que reducen el consumo de agua para evitar baños no funcionales, estudiantes que enfrentan jornadas escolares en condiciones de calor extremo que afecta su concentración, y adolescentes que luchan por completar tareas académicas mientras lidian con interrupciones constantes en sus hogares.

Cuando estas condiciones precarias se prolongan en el tiempo, el impacto trasciende las dificultades cotidianas para afectar seriamente el derecho a la educación, al descanso y al desarrollo integral de la población infantil. La incertidumbre permanente, los cambios constantes en horarios de electricidad, las interrupciones del sueño reparador, la pérdida de conectividad digital y el estrés familiar acumulativo generan consecuencias psicológicas significativas en niños y adolescentes. Estos factores crean un entorno de ansiedad persistente que compromete el bienestar mental y emocional de generaciones completas.

La combinación de factores ambientales adversos, infraestructura deficiente y estrés psicosocial crea un círculo vicioso que perpetúa la vulnerabilidad de la población más joven de Venezuela. Organismos como Cecodap advierten que la salud mental infantil y adolescente se ve progresivamente deteriorada por estas condiciones estructurales, requiriendo intervenciones urgentes que aborden tanto la crisis eléctrica como sus impactos psicosociales acumulados en el desarrollo de las nuevas generaciones.

Fuente: La Patilla — Ver nota original

Related Articles

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore
Salir de la versión móvil