Consulta ciudadana y comercio… ¡Y la consulta se salió de su cauce!

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No podremos examinar todo, pero en relación con los Estados Unidos –en los años que siguieron al TLC, en especial en el área agroalimentaria–, a nivel nacional se trabajó con determinación y unidad de propósito. Luego «se perdió el rumbo» y no supimos «sacarle el jugo» a este TLC. ¿Qué nos ocurrió? El fomento y promoción de las exportaciones se politizó y, además, estancó en unas pocas actividades –en las mismas regiones y áreas metropolitanas–, sin avanzar en un proceso de diversificación real enfocado en productos con mayor valor agregado y dirigido a penetrar el interior de los EE.UU. La actividad de promoción siempre estuvo centrada en un puñado de centros urbanos de la Costa Este y Oeste estadounidense. Además, después de un intenso trabajo en los primeros años, nos dejamos estar y abandonamos el territorio ganado, para volcarnos a mercados en Asia y China. Y, sospecho, seguimos sin «sacarle el jugo» ni a uno ni a los otros.  Compartir Twittear Compartir Imprimir Enviar por mail Rectificar

Sorprende que haya tomado tanto tiempo en «explotar» el tema de la revisión de los Tratados de Libre Comercio (TLC) y la Consulta Ciudadana propuesta por la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales (Subrei). Después de todo, esta evaluación ya había sido anunciada durante la campaña del candidato Gabriel Boric. Semanas luego de asumir, el subsecretario Ahumada, en una entrevista informó lo se venía, aunque vagamente ( El Mercurio , 17 de abril). Hasta ahí no creo haber visto nada serio. De hecho, me parece haber sido el primero en destacar la necesidad de mayor precisión por parte del subsecretario ( El Mostrador , 29 de abril ). Lo que rebalsó el vaso –y no sé por qué con tanta virulencia– fue el anuncio hecho por la Subrei el 9 de abril.

Estos últimos días, la industria «se vino con todo», con la ayuda de El Mercurio . Y creo que «empezamos a hacer agua» en materia de política comercial. Lo cierto es que el silencio de la Cancillería y en particular de la Subrei, no hacen sino confundir y complicar aún más este debate. Por mi parte, reitero que no veo problemas en la revisión de los TLC y en la consulta ciudadana, pero, como en muchas ocasiones, el éxito del proceso dependerá de cómo se realice. Hasta el momento tenemos declaraciones generales y poca substancia. Respecto de lo primero solo conocemos algunos titulares, como que los TLC deben estar «alineados» con el «nuevo modelo de desarrollo» «turquesa», «feminista» y «descentralizador», así como con los derechos humanos y la integración latinoamericana. Y, respecto de la consulta ciudadana, que se podría utilizar como referencia lo hecho a ese respecto por la Unión Europea y Nueva Zelanda.

Propongo conducir esta conversación por carriles separados. En breve, según el subsecretario Ahumada, en esta c onsulta ciudadana se intenta establecer «un proceso participativo de forma tal que los principales actores que han estado involucrados en la política comercial (…) puedan plantear cuál es el tipo de política comercial que desean». Sugiero «congelar» –momentáneamente– este tema, hasta que Minrel entregue detalles de contenido y forma. Creo difícil, si no imposible, realizar una conversación seria a este respecto, sin saber de qué conversaremos y cómo lo haremos. Faltó prolijidad acá y no culpemos a la Convención Constitucional.

Respecto de la revisión de los TLC , creo importante hacerlo, pero sugiero iniciar el trabajo por lo más urgente y –sobre todo– viable . Si lo que se propone es modificar el texto de los acuerdos ya ratificados por nuestros socios y Chile, lo veo complicado o poco probable, a menos que nuestra contraparte vea una ventaja en ello. Por ejemplo, por qué querría China –nuestro principal socio comercial– revisar el TLC, dadas las grandes diferencias existentes en los estándares que –entiendo– se querría utilizar en materia de derechos humanos, medio ambiente, derechos laborales y género, por nombrar solo algunos. No obstante, con quiénes sí creo posible entablar un diálogo constructivo, es con los países de América Latina . Para ello, debemos proponer objetivos que nos permitan avanzar en materia comercial –donde sí podemos hacerlo, eliminando barreras aún existentes– y, a partir de esa base, continuar a temas de cooperación en materias tales como medioambiente, trabajo, pymes y género –entre otros– y progresar en materia de integración regional.

Junto a lo anterior, también debemos realizar una urgente revisión de la gestión y administración de los TLC actuales, así como de las actividades de fomento y promoción de las exportaciones asociadas a las oportunidades que ofrecen esos tratados. Acá, sugiero que no estamos resolviendo de manera efectiva los desafíos que implica administrar y gestionar una economía tan abierta –como la nuestra– en medio del proceso de globalización y, al mismo tiempo, que no estamos «sacándoles el jugo» a los tratados que ya tenemos (¿y para qué queremos otro?). Con la apertura económica, nuestro comercio y los ingresos han ciertamente crecido, pero no es efectivo –como se ha insistido en estos días– que este proceso haya beneficiado a todos por igual. Muchos han quedado en el camino y unos pocos con la «torta». A diferencia de los países avanzados, no hemos sabido darles el necesario respaldo. Esto debe ser corregido.

Intentaré ilustrar brevemente estos temas. Para empezar, la institucionalidad existente no ha estado a la altura de los desafíos de administrar y gestionar eficientemente los flujos comerciales de una economía tan abierta como la chilena. Nuestros servicios de inspección sanitaria (SAG, Sernapesca y Minsal) y el de Aduanas, trabajan al límite, bajo el amparo de una institucionalidad anticuada y la falta de recursos. En un país que se dice y que –al parecer– continúa describiéndose como «Potencia Alimentaria»: ¿vamos a seguir intentando alcanzar ese objetivo con varios ministerios y servicios? Más allá de declaraciones de «buenas intenciones», necesitamos avanzar en propuestas efectivas. ¿Cuántas veces se ha mencionado la necesidad de un Ministerio de Agricultura, Alimentación y Pesca? Seguimos sin ese ministerio, y «pesca» sigue en Economía y Transforma Alimentos en la Corfo. ¿Y por qué no tenemos un Servicio Nacional de Inspección Sanitaria único? Evitaríamos la duplicación de actividades, mejoraríamos la coordinación y podríamos realizar una labor de fiscalización más efectiva. Y, a ese respecto, ¿recuerdan el lema de Chile Isla Sanitaria? Argumentábamos estar protegidos por la cordillera, el Pacífico y no sé qué más. Sorpresa, ya no somos una isla sanitaria. No fuimos capaces de proteger eficientemente nuestras fronteras.

Un ejemplo más de la inadecuada institucionalidad comercial, es el debilucho apoyo que ofrecemos, de hecho, a la gran mayoría de las pymes –en particular, productores rurales y agrícolas– para acceder y mantenerse en los mercados de exportación. Ya lo he destacado en otras ocasiones, pero lo reitero: la institucionalidad que supuestamente es responsable de apoyar a las pymes en este proceso está «diluida» en diferentes servicios, es difícil de encontrar, y es poco amigable. A los pequeños productores les es difícil encontrar respuestas efectivas para ingresar y mantenerse con éxito en el mercado internacional. Los que lo logran son la excepción y no la regla, particularmente desde las regiones. Lo reitero, no hemos sabido administrar y gestionar de manera efectiva nuestra apertura económica y esto es lo primero que deberíamos examinar, consultar y corregir. Además, no necesitamos negociarlo con otros países.

Y una última ilustración. Hasta hace algunos años, Estados Unidos era nuestro principal mercado, ahora desplazado por China. Los productos agropecuarios, alimentarios y de origen forestal, continúan siendo –por lejos– los principales productos exportados a EE.UU. (casi el 49%, período 2017-2021). Sin embargo –y a pesar de su enorme importancia en el ámbito comercial y económico–, excepto en las etapas previas a las negociaciones del TLC, no hemos dedicado ni el tiempo ni los recursos a tratar de conocer y entender cómo funciona y con qué recursos cuenta ese mercado. A modo de ilustración, vaya la «Ley Agrícola» o «Farm Bill». La última, correspondiente al año 2018, le entregará al sector cerca de 430.000 millones de dólares durante el período 2019 – 2023, en diversas medidas de apoyo, incluyendo cuantiosos fondos de sustento a la producción y exportaciones, en productos y en áreas de nuestro interés. En síntesis, creo que no hemos hecho bien la » pega » y que debemos mejorar, antes de pensar en renegociar este y otros TLC. Deberíamos hacerlo, pero empecemos ordenando » la casa «.

¿Les hemos «sacado el jugo» a los 31 TLC que tenemos actualmente? En mi opinión, la respuesta es definitivamente NO, como espero haberlo ilustrado esquemáticamente arriba. Ello, en parte, por la falta de recursos, la «pobre gestión» de la apertura comercial, una institucionalidad inadecuada y, también –creo–, debido a actividades de fomento y promoción del comercio y exportaciones, que se fueron «desinflando» con el paso del tiempo.

No podremos examinar todo, pero en relación con los Estados Unidos –en los años que siguieron al TLC, en especial en el área agroalimentaria–, a nivel nacional se trabajó con determinación y unidad de propósito. Luego «se perdió el rumbo» y no supimos «sacarle el jugo» a este TLC. ¿Qué nos ocurrió? El fomento y promoción de las exportaciones se politizó y, además, estancó en unas pocas actividades –en las mismas regiones y áreas metropolitanas–, sin avanzar en un proceso de diversificación real enfocado en productos con mayor valor agregado y dirigido a penetrar el interior de los EE.UU. La actividad de promoción siempre estuvo centrada en un puñado de centros urbanos de la Costa Este y Oeste estadounidense. Además, después de un intenso trabajo en los primeros años, nos dejamos estar y abandonamos el territorio ganado, para volcarnos a mercados en Asia y China. Y, sospecho, seguimos sin «sacarle el jugo» ni a uno ni a los otros.

Las exportaciones van donde está el mercado y los mejores negocios, pero ¿dónde estuvo el Estado? En un comienzo, activo. Progresivamente, la mayor apertura ganó terreno y nosotros perdimos la capacidad de liderar. Por eso, ahora necesitamos con urgencia propuestas concretas. ¿Se lo vamos a dejar nuevamente «a las fuerzas del mercado»?

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