Rockefeller invierte USD 59 millones en América Latina con soluciones innovadoras

Rockefeller invierte USD 59 millones en América Latina con soluciones innovadoras

La Fundación Rockefeller consolidó su primer año de operaciones en América Latina y el Caribe con inversiones estratégicas por USD 59 millones durante 2025. Esta inversión regional forma parte de una estrategia global que destinó más de USD 350 millones para beneficiar a 731 millones de personas en todo el mundo. La Oficina Regional, ubicada en Bogotá, se enfoca en fortalecer la resiliencia local frente a la volatilidad global mediante alianzas con comunidades y gobiernos locales.

Las iniciativas de la Fundación en la región priorizan cuatro áreas clave: alimentación escolar, salud pública, energía limpia y agricultura regenerativa. Según Lyana Latorre, vicepresidenta para América Latina y el Caribe, la estrategia combina tecnología de vanguardia, modelos impulsados por las comunidades y datos clave para generar impacto tangible. En un contexto marcado por la disminución de la ayuda internacional, estas inversiones buscan desarrollar soluciones que emanen desde la región y respondan a sus desafíos estructurales más importantes.

Uno de los proyectos más destacados es Dengue.IA, una plataforma desarrollada junto a la Universidad ICESI y autoridades de salud en Cali, Colombia, que utiliza inteligencia artificial para predecir brotes de dengue con 93% de precisión. Este sistema protege a 2,2 millones de personas al permitir intervenciones tempranas y efectivas. En Brasil, la Fundación apoyó el desarrollo de ÆSOP, un sistema de alerta temprana creado con Fiocruz y la Universidad Federal de Río de Janeiro para detectar brotes infecciosos antes de que se conviertan en crisis sanitarias.

La Fundación Rockefeller movilizó directamente USD 3.000 millones a nivel mundial durante 2025, demostrando su compromiso con soluciones sostenibles y locales. Los proyectos en Colombia, Brasil y Haití ejemplifican cómo la innovación tecnológica combinada con conocimiento comunitario puede escalar y generar cambios estructurales. Esta aproximación regional posiciona a América Latina y el Caribe como un territorio clave para desarrollar modelos que pueden replicarse globalmente y fortalecer la resiliencia ante futuros desafíos.

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