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Con fundamento: Los Santos Inocentes

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Bernardo Moncada Por: Bernardo Moncada Cárdenas…

« …Una horda de brutos soldados, que hacían su oficio / (Pero que quizás se pasaban un poco) / Pasó una oleada de brutos, como gendarmes, como los ogros de los cuentos de hadas, como el coco que asusta a los niños. / Llevando sables que eran como grandes machetes. / Y eran los soldados de Herodes. / Una avalancha, un tumulto, un estruendo, camisas remangadas, un clamor. / […] Y ya no hubo en la sangre y en la leche más / Que una gran alfombra de cuerpos muertos .» Charles Péguy, El Misterio de Los Santos Inocentes. 1912

« La amenaza más grande que sufre la paz hoy es el aborto, porque el aborto es hacer la guerra al niño, al niño inocente que muere a manos de su propia madre. Si aceptamos que una madre pueda matar a su propio hijo, ¿cómo podremos decir a otros que no se maten? Para mí, las naciones que han legalizado el aborto son las más débiles, le tienen miedo a un niño no nacido y el niño tiene que morir. » Madre teresa de Calcuta

El tiempo de Navidad tal como lo concibe la liturgia recuerda la alegría de la llegada de Dios Niño, pero no una alegría inconsciente, una embriaguez que olvide por unas semanas los problemas del mundo. La Iglesia no ignora a quienes sufren. Ello se manifiesta en la presencia de dos fuertes conmemoraciones que aparentemente contradicen la alegría navideña: San Esteban Protomártir, el primer seguidor del Evangelio en ser ejecutado por causa de su fe, el 26. El día de los Santos Inocentes, el 28. No se trata entonces de un carnaval de sentimentalismo y jolgorio. El recuento mismo de la Natividad, rodeado de pobreza aunque deslumbrante de luz y cantos angélicos, nos recuerda las exigentes condiciones del camino: la primera Navidad no fue “coser y cantar”

Bernardo Moncada Por: Bernardo Moncada Cárdenas…

« …Una horda de brutos soldados, que hacían su oficio / (Pero que quizás se pasaban un poco) / Pasó una oleada de brutos, como gendarmes, como los ogros de los cuentos de hadas, como el coco que asusta a los niños. / Llevando sables que eran como grandes machetes. / Y eran los soldados de Herodes. / Una avalancha, un tumulto, un estruendo, camisas remangadas, un clamor. / […] Y ya no hubo en la sangre y en la leche más / Que una gran alfombra de cuerpos muertos .» Charles Péguy, El Misterio de Los Santos Inocentes. 1912

« La amenaza más grande que sufre la paz hoy es el aborto, porque el aborto es hacer la guerra al niño, al niño inocente que muere a manos de su propia madre. Si aceptamos que una madre pueda matar a su propio hijo, ¿cómo podremos decir a otros que no se maten? Para mí, las naciones que han legalizado el aborto son las más débiles, le tienen miedo a un niño no nacido y el niño tiene que morir. » Madre teresa de Calcuta

El tiempo de Navidad tal como lo concibe la liturgia recuerda la alegría de la llegada de Dios Niño, pero no una alegría inconsciente, una embriaguez que olvide por unas semanas los problemas del mundo. La Iglesia no ignora a quienes sufren. Ello se manifiesta en la presencia de dos fuertes conmemoraciones que aparentemente contradicen la alegría navideña: San Esteban Protomártir, el primer seguidor del Evangelio en ser ejecutado por causa de su fe, el 26. El día de los Santos Inocentes, el 28. No se trata entonces de un carnaval de sentimentalismo y jolgorio. El recuento mismo de la Natividad, rodeado de pobreza aunque deslumbrante de luz y cantos angélicos, nos recuerda las exigentes condiciones del camino: la primera Navidad no fue “coser y cantar”.

Un nacimiento siempre trae gozo y amor, así como la responsabilidad por una nueva vida. La Sagrada Familia deja el ejemplo de tal devoción al recién nacido, por encima de amenazas y dificultades. El mundo civilizado, sin embargo, va olvidando subrepticiamente este deber para con la vida que nace. La sucesión de Herodes, tirano que ordena la masacre de los pequeños con el solo propósito –según la narración evangélica- de eliminar preventivamente toda amenaza a su poder, vuelve a aparecer para poner la vida de inocentes en peligro, ordenando y organizando la matanza, a escala nunca vista, para que los privilegiados sigan disfrutando sus privilegios.

Según nuestra tradición criolla, un niño siempre nacía “con su arepa bajo el brazo”, y con esta premisa las familias, de mayores o menores recursos prohijaron buena cantidad de compatriotas que con trabajo y afán de formarnos, surtimos la materia prima de una nueva nación. Hoy ese proceso histórico es olvidado bajo la presión de intereses egoístas, acicateados por una estrategia global que enarbola dudosos lemas tecnocráticos. Desautorizamos el precepto divino, “creced y multiplicaos”, lo cual, no siendo suficiente, se complementa con la propagación del abortismo como rasgo prominente de la agenda globalista.

Aproximadamente cien mil niños fueron víctimas de esta forma de ejecución prenatal solamente en España, durante 2020, como ejemplo de una mortandad que va incrementándose con beneplácito de los organismos internacionales. Para la infancia de hoy, el martirio de San Esteban se entreteje con el espanto de los Santos inocentes. El aborto, clandestino o permitido y estimulado legalmente, es sólo una monstruosa punta del iceberg. Denuncia el Papa Francisco « ochenta y cinco millones de niños, olvidados por todos: los niños soldado, los menores prostituidos, los niños malnutridos, los niños secuestrados y frecuentemente víctimas del monstruoso comercio de órganos humanos, o también transformados en esclavos, los niños víctimas de la guerra, los niños refugiados y los niños abortados .» La mitad de los millones de migrantes que huyen de condiciones infrahumanas, arrostrando toda clase de riesgos, son menores.

Así, en un planeta donde las banderas de protección al menor ondean clamorosamente, el exterminio de los niños continúa, con los ropajes de una serie de argumentos “humanitarios” y con la complicidad de quien hace el sordo ante los hechos. Por ejemplo, jamás tendremos las cifras de cuántos menores, entre lactantes y adolescentes, han caído víctimas en el desasistido éxodo de venezolanos por trochas y caminos. Posiblemente su número equivalga al de las víctimas de la trágica pandemia en el país.

No hay que dejarse llevar por las consignas y razonamientos prefabricados que permiten la popularización de nuevas matanzas de Santos Inocentes. No podemos ser cómplices,  debemos adoptar una posición firme antes de que no haya « en la sangre y en la leche más / Que una gran alfombra de cuerpos muertos » cubriendo a la entera humanidad extinta.

28-12-2020

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