Cómo resolver el problema de Rusia - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / Expansión / La disuasión dura es el antídoto contra el veneno de Putin

El Kremlin no tuvo nada que ver con el intento de asesinato de un ex espía ruso en la pequeña ciudad inglesa de Salisbury. Moscú también debe ser absuelta por su intervención en la invasión y la anexión de Crimea. Los soldados rusos fuertemente armados que combaten en el este de Ucrania no son más que voluntarios civiles. Los ataques cibernéticos a las Repúblicas Bálticas y a Escandinavia son una invención de países hostiles a Rusia. Rusia no tiene ninguna responsabilidad en las matanzas diarias de civiles sirios. Las acusaciones de interferencia en las elecciones presidenciales de Estados Unidos son totalmente falsas.

Eso es lo que dice el presidente ruso Vladimir Putin. Las imágenes de televisión de las tropas rusas en Crimea, los restos de gas nervioso ruso de grado militar encontrados en Salisbury y las pruebas documentales evidentes obtenidas por el fiscal especial de Estados Unidos Robert Mueller son todas noticias falsas. Pero a Putin no le importa que sepamos que miente. Como se ha dado cuenta la canciller alemana Angela Merkel, se muestra tan chulo en sus conversaciones privadas como en sus declaraciones públicas. Romper las reglas es la manera que tiene Putin de proyectar el poder ruso.

Aunque el envenenamiento de Sergei Skripal y su hija Yulia es un acto horrible, sobre todo por el uso de un producto químico que llevaba la huella dactilar inconfundible de Moscú, es poco sorprendente según los estándares del régimen. El asesinato promovido por el Estado tiene el respaldo público del parlamento ruso. En este momento, Putin está inmerso en un simulacro de elecciones. Lo más probable es que el Kremlin pensara que matar a un “traidor” que vivía en el extranjero incrementaría de inmediato el apoyo a Putin y serviría de advertencia a sus oponentes.

Desde hace algún tiempo es evidente que el régimen ruso desprecia a Reino Unido. Si alguien utiliza un arma como Novichok, sabe que lo más probable es que descubran el compuesto. La similitud con el asesinato en Londres de Alexander Litvinenko en 2006 es sorprendente. Según los resultados de una investigación exhaustiva, Litvinenko fue asesinado con polonio por orden del Estado ruso. La débil respuesta de Gran Bretaña a esa atrocidad probablemente explica por qué Moscú creyó que podría volver a actuar con impunidad.

Las medidas contra Rusia anunciadas por la primera ministra Theresa May son positivas, pero de nuevo demasiado cautelosas. La respuesta a cualquier agresión de Moscú debería ser mucho más firme. Desde hace mucho tiempo se debería haber limpiado de espías la embajada rusa en Londres y se deberían haber aplicado restricciones financieras y de viajes a los empresarios rusos aliados de Putin. Durante demasiado tiempo Londres ha lavado dinero negro e incluso asuntos más sucios sin ningún problema.

Los banqueros, los asesores de relaciones públicas, los agentes inmobiliarios de Mayfair y los políticos y diplomáticos jubilados han obtenido abundantes recompensas. Las galerías de arte, los museos y las universidades hacen cola para otorgar un sello de respetabilidad a los rusos a cambio de grandes donaciones.

Los rusos ricos disfrutan gastando sus fortunas en Londres. Ahora hay que cerrar de golpe la puerta a las personas que tienen relaciones con el régimen actual de Moscú. La firmeza de la respuesta de May dependerá de si después de su declaración verbal aplica una legislación dura basada en la Ley Magnitsky de Estados Unidos y ejerce poderes contra la “riqueza inexplicable” para confiscar los beneficios de la corrupción.

El intento de asesinato de Skripal no se puede considerar de forma aislada. Es parte del patrón que engloba el fomento de la corrupción en los antiguos estados comunistas de Europa Central y del Este, el fomento de la inestabilidad en los Balcanes, la difusión de noticias falsas y la desinformación y el apoyo financiero a los populistas extremistas. El objetivo de Putin es bastante obvio: desestabilizar y dividir a las democracias europeas y destruir los valores que sustentan el orden liberal.

Aunque las expresiones de apoyo de los aliados a May son algo positivo, por sí solas son insuficientes. Reino Unido no se ha ayudado a sí mismo al decidir abandonar la UE, pero para Alemania, Francia y el resto de países la defensa del estado de derecho internacional debería ser más importante que las disputas sobre el Brexit.

Lamentablemente, Putin tiene defensores en las altas esferas. El presidente estadounidense Donald Trump todavía se niega a admitir que Putin intentó subvertir la democracia estadounidense. A los populistas europeos de extrema derecha y de extrema izquierda les seduce el autoritarismo ruso. A pesar de las pruebas del terrorismo y del uso de armas químicas promovidos por el Estado, a Jeremy Corbyn, el líder de extrema izquierda del partido laborista de la oposición de Gran Bretaña, le costó condenar a Putin.

Y luego por supuesto también hay gente que quiere “mantener buenas relaciones” con una Rusia revanchista: es demasiado poderosa y es peligroso quedarse aislado. Pero estas personas confunden las relaciones con la sumisión. También recuerdan mal la guerra fría, cuando la cooperación en el control de armas coexistió con la competitividad militar.

Esa cooperación estaba enraizada en los valores occidentales. Ahora, como entonces, los que valoran la democracia y los derechos humanos pueden tratar adecuadamente con Putin solo desde una posición de fuerza. Hay que demostrarle que su desdén por las reglas y las normas conlleva un coste. El líder ruso no presta atención a los conciliadores. La disuasión dura y sostenida no constituye una provocación, sino que es la única vía plausible para tener una relación más estable con Rusia.

Occidente está amenazado por el régimen de Putin. A pesar de su debilidad económica, el poder militar de Rusia y su hostilidad insensata hacia las normas de conducta internacional ponen en peligro la paz y la democracia en Europa. El presidente ruso piensa que Occidente ha perdido la fe en sus propios valores. Si Occidente no actúa con firmeza ante sus agresiones, eso significará que Putin tiene razón.

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