COLOMBIA: Las obras de Cuarta Generación - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / El Universal / El país fue testigo del encontrón entre Germán Vargas Lleras y Mauricio Cárdenas Santamaría por la plata para las obras de Cuarta Generación, conocidas también como las bisnietas de Eduardo Santos y Carlos Lleras. Vargas, irritado, reclamó respaldo del Estado para el ambicioso programa que el presidente le confió; y Cárdenas, remiso, carameleaba con plazos y más plazos al enardecido vicepresidente. Vargas gritó y Santos obró de componedor entre su segundo y su alcabalero.

Tres meses después del incidente, Cárdenas era, casi al tope de Vargas Lleras, el abanderado de la modernización de nuestra infraestructura para que la economía sea más competitiva y Juan Martín Caicedo mantenga chanfa. Por consiguiente, abundan las cábalas sobre el confite que partieron Germán y Mauricio desde antes de la venta de Isagén. No es que los colombianos seamos suspicaces de profesión, sino que el sector público funciona así, alimentando las suspicacias por actuar su elenco con los mismos guiones del sector privado.

La vehemencia y la dedicación con que Vargas Lleras tomó el rumbo de la infraestructura no han variado. Fueron intensas desde el principio. En cambio, la metamorfosis de Cárdenas estuvo como para Kafka, pues pasó de la morosidad a la beligerancia ante la estupefacción de millones de colombianos, sin excluir a los convidados de piedra.

Pero Colombia depara sorpresas. Igual que los argentinos con la elección de Macri, Vargas Lleras y Cárdenas hicieron posible lo que parecía imposible: una paz oportuna con la observación Internacional de Brookfield Asset Management y su garantía de que la de ellos será una paz sostenible, sin las tensiones de un posconflicto que complicara sus respectivas precandidaturas presidenciales. La distribución de esperanzas es una táctica que no falla.

Me descubro ante Cárdenas. Su pertinacia es tan alta como él. Nada ni nadie lo arredró para vender, contra los vientos más bravos, el portafolio hidroeléctrico de Isagén. Atrás había quedado el episodio amargo de Dragacol, una chichigua en comparación con los 6,49 billones de un negociazo que no se detuvo ni ante el peligro de que se desintegrara la Unidad Nacional. El estallido de los dos pleitos pendientes no será harina de su costal. La pertinacia de Cárdenas fue una cópula emocionante entre el pragmatismo y la técnica.

La mitad del confite de Vargas Lleras tiene el dulce sabor de 21 proyectos viales que representan adhesiones y votos. La mitad del confite de Cárdenas sólo le augura holgura, gasolina para transitar la ruta, porque la gratitud de Sachín Shah, el presidente de Brookfield, no es un hidróxido soluble en agua que, con efectos milagrosos, transforme el talante de un tartufo en figura de triunfador.

*Columnista

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COLOMBIA: Las obras de Cuarta Generación

Con Información de El Universal

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