COLOMBIA: "La Oficina", mito y realidad - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / El Colombiano / Sorprende la capacidad de permanencia y mutación de las estructuras criminales en el Valle de Aburrá. Algunas, como la llamada “Oficina”, han sobrevivido a sus guerras internas y al combate mismo de las autoridades. Su sombra, después de casi 20 años, aún se tiende sobre la vida de los 4,5 millones de personas que habitan Medellín y su área metropolitana. Y aunque tal vez su omnipotencia y omnipresencia tenga cada vez más visos de mito urbano, no es menos cierto el control que, tras cinco generaciones de jefes desarticuladas, aún ostenta sobre el grueso de la delincuencia en la región.

La conexión entre crimen callejero organizado y niveles superiores que lo auspician y que derivan beneficios del mismo es parte de la historia de las mafias contemporáneas. En Italia, Japón, Estados Unidos, México, Brasil y, por supuesto, en Colombia. Medellín y su área metropolitana han sufrido esta estructura capaz de regular los ajustes de cuentas, deudas y negocios ilegales y “legales” al más alto nivel del hampa.

“La Oficina” es ese fantasma que incluso pudo haber existido desde los años finales de Pablo Escobar y el Cartel de Medellín, pero que se encargó de dimensionar, organizar y consolidar en sus roles “reguladores” Diego Fernando Murillo Bejarano, alias “Berna”, hoy condenado y reo en Estados Unidos.

La mafia optó por tener una instancia de resolución de conflictos entre los principales capos y clanes narcotraficantes, e incluso en otros “negocios” de su periferia. La caída de Escobar enseñó que se requería tender hilos de mando sobre todas la bandas del Área Metropolitana y esa tarea se encomendó desde la cúpula a Murillo Bejarano. Que ningún jefe ni sicario pudiese cometer ataques contra otros sin antes acudir a esa instancia monolítica reguladora.

Hubo grupos que pretendieron resistirse a tal hegemonía, como La Terraza, y también el Bloque Metro de las Auc, que sostuvo una guerra con “Berna”, en calidad de jefe narcoparamilitar. Pero esas organizaciones sucumbieron al poderoso aparato armado, corruptor, y con tentáculos en el sector empresarial, la política y la Fuerza Pública, que ha sido “la Oficina”.

Ello describe su intrincada y continua penetración en diferentes niveles institucionales privados y públicos y su retroalimentación con poderes legales e ilegales. Interdependencia de una estructura, con un consejo directivo y de asesores —su cúpula oscura en la trasescena, con influjo en la institucionalidad formal e informal—, que no ha podido ser derrotada ni mucho menos desmantelada en su totalidad.

Hay razones: su aparato financiero no ha sido debilitado. El sistema penitenciario permite prontas excarcelaciones y el retorno de peligrosos capos a sus andadas. Además, detrás de “la Oficina” gravitan personajes poderosos, de doble faz, interesados en sostenerla.

Medellín no es la excepción. Las grandes urbes mundiales, con mercados negros de flujos millonarios insertos en el capital y sus leyes de oferta y demanda, conviven con esos fenómenos: Nueva York, Tokio, San Pablo, Ciudad de México, Los Ángeles, están dentro de esas metrópolis incapaces de desbaratar totalmente las redes mafiosas, aunque procuran un control policial relativo y estable.

Se requiere que en Medellín y el país haya una acción sostenida de inteligencia y operatividad contra esas superestructuras, incluido el Clan del Golfo, muy en especial en sus finanzas directas y el blanqueo de otros capitales que les garantizan capacidad militar y corruptora.

Si bien “la Oficina” ha perdido territorios y control, y aunque han caído cabezas clave, está demostrada su rapidez para reorganizarse. Sus jefes han tenido reinados efímeros, al final en la cárcel o el cementerio, pero la sombra de sus hilos aún cubre estas calles..

COLOMBIA: “La Oficina”, mito y realidad

Con Información de El Colombiano

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