Codex Seraphinianus: el sistema lúdico de Luigisitema lúdico » EntornoInteligente
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1. Encuentro con el códex mágico Mi primer encuentro con el códex fue cuando un amigo, ya no recuerdo quién para agradecérselo de nuevo, me compartió un PDF con la versión digital del asombroso Codex Seraphinianus (CS) hecho y narrado por el arquitecto y diseñador Luigi Serafini cuando tenía 27 años en Roma. Desde la virtualidad seguí la pista del códex hasta que pude hacerme de una edición facsimilar de Rizoma. Vagaba por un remoto y abarrotado perisur y lo vi en la vitrina de El Péndulo. Era un tesoro que irradiaba luz y no pensaba irme sin llevármelo. Como un forastero distraído le pregunté al dependiente por su costo. Al decirme cuánto dije de inmediato lo quiero. Ahora, con los agotadores arreglos pandémicos le otorgué un lugar preferente. Disfruto muchísimo al verlo. Puedo pasar horas frente a sus páginas gozando de sus láminas y el idioma imaginario que explica los misterios del CS en un grueso y ligero tomo de 23.5 x 35 cm. que incluye índice, secciones, capítulos y un universo numérico también inventado. No hice ninguna investigación a fondo para escribir sobre el códex, la entrada de Wikipedia me parece incompleta y existe una reseña de Vonne Lara en Hipertextual, con acceso a la versión digital del CS, escrita hace poco menos de tres años, a la que no estaría de más que los editores le dieran un arreglo decoroso. Escribe Vonne: “Lo que convierte al Codex Seraphinianus en un libro único son sus peculiares características: 360 páginas con ilustraciones que rayan entre la fantasía y lo surrealista, acompañadas de descripciones en un lenguaje desconocido expresado mediante una caligrafía bellísima.” La belleza de este trabajo genera en algunos lectores perturbación, de hecho, se trata de una palabra recurrente para quienes no se sienten atraídos por las fuerzas magnéticas del códex y su mundo mágico, donde flora, fauna, máquinas, juegos y arquitectura provienen de un mundo de ensueño en el que desde luego hay algo de pesadilla, quizá por ello algunos afirman que parte de sus influencias provienen del trabajo de Hieronymus Bosch. El no lenguaje o lenguaje inventado del CS es otro juego de Serafini al que los pocos críticos de su trabajo le encuentran influencias provenientes del, si no fantástico sí por lo menos enigmático, Manuscrito Voynich (MV) del que Wiki nos dice: “es un libro ilustrado, de contenidos desconocidos, escrito por un autor anónimo en un alfabeto no identificado y un idioma incomprensible, el denominado voynichés. Aunque no se sabe cuándo fue escrito, según pruebas de carbono 14, el pergamino en el cual está escrito fue fabricado entre 1404 y 1438.” A diferencia de su probable hermano menor, el MV ha sido objeto de numerosos, interesantes y hasta disparatados estudios. No es para menos, un libro enigmático cuyo soporte tiene cuando menos la friolera de 582 años merece eso y más. Si Serafini se basó en el MV cuando escribió e ilustró su códex es algo que me tiene sin cuidado, chocantes, en cambio, me resultan las críticas que le atribuyen parentescos con la estética kitsch. Ahí sí no. Claro que el CS tiene influencias ya explicadas también en las referidas entradas, va mi propia descripción a partir de ellas y un puñado de enlaces desprendidos de la propia Wikipedia que merece enriquecer esa entrada por si alguien se anima: su escritura va de izquierda a derecha, tiene jerarquía indexada y coincidente con su contenido y hay un simpático juego de relaciones entre el texto y las láminas, sin embargo éstas en sí mismas se despliegan en historias visuales casi siempre secuenciales. Aunque hay gráficos relativamente aislados. Lo escribo así porque existen múltiples vínculos entre varias partes de la obra. En otras palabras. Serafini imaginó y creo un sistema. Eso, en paralelo con el humor y la belleza de su estilo gráfico, es su gran mérito. 2. El sistema lúdico de Luigi Desde el punto de vista formal, los críticos han encontrado en el CS un orden enciclopédico occidental. El Diderort juguetón, pero también la paz del scriptorium medieval, convergieron en este trabajo genial de un solo autor escrito en tres años de arrebato que él mismo explica en su Decódex, una agradecible apostilla autoral que viene a manera de encarte en varias ediciones facsimilares, incluida la mía, y fechada en 2013. Escrita en italiano y traducida a varios idiomas, al nuestro lo hizo Marta Graupera. Plantas con forma de tijeras, puentes de arcoíris, especies que al florecer dan fósforos, máquinas simpatiquísimas para toda clase de propósitos derivados del mundo onírico, secuencias reproductivas de las que se han hecho magníficos loops. Serafini se divirtió como enano al trabajar. Las referencias a ciertos inventos como el automóvil o el bolígrafo vinculan al códex con su presente, al igual que algunas escenas violentas que tiene sin ser la norma. Eso no quiere decir que, si con una máquina del tiempo dejáramos el códex sobre la mesa de una biblioteca renacentista, perdería su significado. Al contrario, sería objeto de gran interés, el mismo que un presente chato, aburrido y sin magia, le niega. La explicación del proceso creativo de Luigi Serafini es mejor leerla en su Decodex, extraigo un puñado de fragmentos que nos dan pistas del hedonismo que corría por las venas de este artista. “Una noche, mientras regresaba a casa después de cenar, vi una gata blanca que vagaba maullando en la esquina de Vía Condotti con Vía Belsiana. Me pareció una gata abandonada, de modo que me la llevé conmigo. Me siguió con la cola erguida y vivimos juntos hasta la conclusión del Codex.  “[…] Pasaba gran parte de mi tiempo dibujando las futuras páginas del libro, sentado en una mesa sobre dos caballetes frente a dos ventanas. La gata se aprovechaba de mi posición y se me subía a los hombros para acurrucarse ronroneando. Después se dormía, con la cola colgando sobre mi pecho, unas veces a la derecha, otras a la izquierda, y se movía de vez en cuando, según los sueños. “[…] Para concluir, de acuerdo con las consideraciones mencionadas y otras que omito por razones personales, debo admitir aquí que la verdadera autora del Codex fue la gata blanca y no yo, que siempre me hice pasar por tal, mientras era un simple ejecutor manual. “Puesto que la presente confesión no pude hacerla antes por razones de Copyright, aprovecho la ocasión para expresar públicamente mis más sinceras disculpas al Editor y mi más sincero agradecimiento a la Gata, in memoriam.” Hay una escena del códex a la que vuelvo varias veces. Es un parque en el que deambulan individuos como nosotros, de varias edades; tiene bancas, árboles, niños jugando. En el mismo espacio los paseantes del parque conviven con unos extraños seres conformados sólo por un tronco de estambre y piernas humanas. Es decir, carecen de brazos, cuello y cabeza. Ambas especies ocupan la plaza pública con relativa paz. Desde luego que esa página del libro está acompañada de viñetas y descripciones adecuadas para que conozcamos las características de los amables seres estambre. Que, aunque bien calzados, a juzgar por lo observado son desmadejables. Sin duda la Gata Blanca influyó en ese trabajo.

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