CLAUDIO NAZOA: Tecnología versus cachos + - EntornoInteligente
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26/06/2018 – Reportero 24. / ¿Recuerdan los telefonotes celulares de los años ochenta que llamaban ladrillos? A todo el mundo le parecía que esos incómodos y pesados bichos (3,5 kilos), con batería para ¡20 minutos de conversación!, eran increíbles y prácticos…”.

 

?  Lo más parecido que conocíamos eran los teléfonos reloj de Dick Tracy y el zapatófono del Superagente 86. H oy nos reímos de algo que ocurrió relativamente hace poco. En veinte años, ¿de qué se reirán nuestros nietos? La vida es corta y la tecnología va muy rápido. Creo, y eso anótenlo, que los celulares serán tan pequeños, que habrá que inyectarlos.

-Ayer me puse un Movilnet en la nalga.

-Y yo, un Movistar en la vena.

-Mi primo compró un Apple Supositorio Plus dorado con repique interno.

Hace aaañoossss, antes de montar cacho, uno llamaba a su esposa desde un teléfono público.

-Mi amor, hoy voy a llegar tarde. Tengo una reunión… Si consigo un teléfono te llamo y si no, no te preocupes ni te cuaimatices, tú sabes que estoy trabajando… Chao, yo también te quiero…

También tengo en mi memoria a las muchachas escapadas con sus novios, llamando a sus padres desde los teléfonos públicos de la isla de Margarita, frente a la antigua tienda La Media Naranja.

-¡Mamá…! ¿Me oyes? , ando con unas amigas… No, tú no las conoces… No te he llamado porque en el hotel no hay teléfono…

Con los teléfonos inteligentes las cosas cambiaron. ¡Día y noche somos vigilados, localizados y controlados! No hay excusas para no aparecer.

Hoy las cuaimas no comen cuento. ¡No creen nada! Hay que atender el celular donde uno esté, con quién esté y como se esté, si no seremos sospechosos.

Igual ocurre con los hombres inseguros, celópatas, quienes sufren el síndrome de Otelo y controlan las llamadas de su mujer. Hace poco recibí la llamada de uno de ellos, quien furibundo me dijo:

-¡Aló! ¿Quién eres tú? ¡Dime tu nombre ya!

Seguramente era un necio que encontró mi número en el celular de su mujer.

-¿Y por qué voy a decirte mi nombre? ¡Dame el tuyo! Tú fuiste quien llamó.

A lo que el imbécil respondió:

-¡Tu número aparece en el celular de mi mujer!

No pude evitar hacer una maldad.

-Claro, ella tiene mi número y tú los cachos montaditos también ¡cabeza e’ñema!

Ya nadie se come el cuento de: “Casi no me queda batería” o “me quedé sin saldo” o “estoy en un sitio donde no hay señal”.

Ahora los matrimonios duran más, no porque la gente se quiera sino porque los celulares nos la pusieron difícil.

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