Ciudad Bolívar: una crónica de resiliencia - EntornoInteligente
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Hace algunos días llegó la noticia del hallazgo de unos cuerpos descuartizados en el barrio Paraíso, ubicado en la localidad de Ciudad Bolívar. La noticia entristece profundamente, no solo porque este tipo de descubrimientos son lo común en estas localidades, sino sobre todo porque quienes conocemos estos barrios sabemos que este tipo de noticias no son las que verdaderamente representan a las personas que allí habitan.

Todos sabemos que la localidad de Ciudad Bolívar es la más peligrosa de la ciudad de Bogotá. Las altas tasas de microtráfico y delincuencia envuelven a muchos jóvenes que, al no tener cómo sustentarse, se involucran en actividades de carácter ilícito. También sabemos que los niveles de escolaridad y alfabetización se han visto afectados ampliamente por la escasa presencia de colegios y la amplia población infantil que hay que cubrir. Sabemos que Ciudad Bolívar queda lejos, arriba del portal Tunal, que hay que llegar en Transmicable y que en la época del alimentador llegar allá era toda una travesía. La vemos como una localidad lejana y peligrosa; hay una frontera enorme entre ellos y nosotros. Solo sabemos que de vez en cuando, por las calles de Bogotá, en el Transmilenio o en algún rincón escondido del servicio de un restaurante, de un almacén o de algún negocio local, encontraremos a alguien que vive ahí, que viene de ahí o que ha crecido en la suma pobreza de la localidad de Ciudad Bolívar.

Últimamente he tenido la oportunidad de conocer muy de cerca estos barrios, a sus habitantes y, en especial, a los moradores de Bella Flor y Paraíso, sectores que se encuentran en la cumbre más alta de la localidad. Para llegar a Paraíso tenemos que tomar el Transmicable y llegar a la última etapa del recorrido. Desde el vagón del funicular ya tenemos una vista panorámica de toda la localidad, que nos permite observar la resiliencia y el ánimo positivo con el que los habitantes de Ciudad Bolívar enfrentan la vida. Hermosos murales de paz se extienden por las paredes de colegios y casas. A veces, vemos murales en los techos, como dándoles la bienvenida a aquellos que miran la localidad desde arriba. Los techos están construidos en marquesina y, para que no se los lleve el viento, las personas, con los pocos recursos de los que disponen, colocan sobre las tejas toda clase de pesos. De esta forma, se aseguran la posibilidad de no quedarse sin un techo.

Desde arriba también podemos observar los rezagos de una vida rural: en las terrazas muchos crían cerdos, gallinas o riegan sus cultivos urbanos con el amor más absoluto, esperando la prosperidad del clima y la generosidad de la naturaleza. También podemos ver un riachuelo, niños corriendo con sus perros o madres que van a lavar su ropa por el camino viejo. Al llegar a Paraíso vemos pequeños establecimientos de comercio, vecinos charlando por fuera de las casas, mujeres que se saludan de una ventana a la otra, perros que corren detrás de sus dueños, algunas calles ya pavimentadas.

Hace muchos años Ciudad Bolívar era la cuna de una vida desgraciada: sin luz, sin agua, sin las condiciones mínimas de vida, quienes nacían en la localidad vivían la condena de una existencia sin futuro. Sin embargo, en los últimos años el crecimiento de la localidad ha sido evidente y no gracias a la presencia de un gobierno, sino gracias a la labor de los mismos habitantes que, a pesar de enfrentar unas condiciones de vida muy difíciles, han intentado sacar adelante a las nuevas generaciones. Que viva el ánimo de lucha de estas comunidades, maestras de resiliencia y orgullo de los empoderados.

@valentinacocci4 , [email protected]

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Ciudad Bolívar: una crónica de resiliencia

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LINK ORIGINAL: El Espectador

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