Chavismo triplicó desapariciones forzadas en Venezuela durante 2025

Las desapariciones forzadas en Venezuela se han triplicado durante 2025, según denuncia Provea, la principal organización de derechos humanos del país. De las 54 desapariciones documentadas en 2024, el régimen chavista pasó a registrar 160 casos el año pasado, configurando un patrón sistemático que ha sido puesto bajo investigación por el Tribunal Penal Internacional. Esta escalada represiva afecta directamente a miles de familias que buscan respuestas sobre el paradero de sus seres queridos desaparecidos.

El caso de Carmen Teresa Navas ejemplifica la crueldad de este sistema de represión estatal. A los más de 80 años, esta anciana fue obligada a desenterrar a su hijo Víctor Hugo tras 16 meses de búsqueda infructuosa por cárceles, hospitales y morgues de Caracas. Las autoridades nunca informaron sobre su paradero ni su muerte, manteniéndolo detenido en secreto desde el 1 de enero de 2025. Cuando finalmente le entregaron un comunicado oficial confirmando su fallecimiento, el cuerpo llevaba ya diez meses sepultado en una fosa del cementerio Jardín La Puerta, con un simple cartelito de cartón marcando el lugar donde el Estado intentaba borrar su existencia.

La exhumación del cuerpo de Víctor Hugo se convirtió en un viacrucis televisado que conmovió al mundo. Durante nueve horas, bajo el sofocante clima montañoso de Caracas, Carmen presenció cómo extraían los restos de su hijo mientras furgonetas policiales bloqueaban el acceso a los medios de comunicación. Hombres vestidos con batas azules y mascarillas vigilaban cada movimiento, creando una atmósfera de represión incluso en el momento del duelo. Las imágenes de esta anciana viendo enterrar a su hijo nuevamente dieron la vuelta al mundo, mostrando la brutalidad de un régimen que niega información básica a las familias sobre sus desaparecidos.

Diez días después de esta traumática exhumación, Carmen Teresa Navas murió el 17 de mayo de 2026. No fue la edad ni la enfermedad la que se la llevó, sino el dolor de la espera prolongada, la tristeza de haber buscado durante meses sin respuestas y el sufrimiento de enterrar dos veces a su hijo. Su historia refleja un fenómeno que ahora azota a Venezuela de manera similar a como México ha sido devastado por desapariciones: madres buscadoras que excavan la tierra con sus propias manos ante la inacción estatal. La diferencia crucial es que en Venezuela el victimario no es un cártel del narcotráfico, sino el propio Estado actuando a plena luz del día, convirtiendo las desapariciones forzadas en una herramienta sistemática de control político.

Fuente: ABC Espana — Ver nota original

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