Católicos y perplejos - EntornoInteligente
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A muchos católicos la crisis de abusos sexuales que golpea a la Iglesia en varios países nos ha dejado helados. Desde el 2002 (con el famoso reportaje del Boston Globe) a la actualidad hemos visto cómo este problema es más grande y complejo de lo que muchos nos imaginamos. No nos consuela (o por lo menos a mí no) pensar que son una inmensa minoría los sacerdotes o religiosos que han aprovechado de la inocencia de tantos menores. Con que haya sido uno, nos basta para dolernos profundamente.

Sobre este tema leí el libro “Católicos y perplejos” publicado por la Universidad Católica de Chile, un país que en los últimos años se ha visto particularmente golpeado por esta plaga y que ha comenzado a implementar medidas de protección al menor en los espacios eclesiales, como lo hacen las diócesis de los Estados Unidos. El libro es un intercambio de cartas entre Josefina Araos, Joaquín García – Huidobro y Claudio Alvarado que escribieron tras la visita del Papa Francisco en enero del año pasado, la cual tuvo una recepción muy diferente (menos calurosa, más distante y con una gran crítica por el famoso comentario imprudente que el Pontífice realizó sobre el caso del obispo Barros) a la visita de Juan Pablo II en 1987 al mismo país.

Los escritores (los tres laicos) analizan algunos factores que han causado este tremendo mal. Uno de ellos, señalan, es la idealización del clero (y esto se aplica también a países como Colombia). Esto tiene sus raíces en una herencia real (indica el libro) de sacerdotes buenos, entregados a su misión que los convierte en genuinos transmisores del mensaje de Cristo. Esa idealización ha hecho que muchas veces la palabra del sacerdote sea la última, que se olvide que son pecadores como cualquier mortal, que no se les corrija cuando se ve algo malo o sospechoso de parte de ellos, que no se les acompañe y, lo más grave, que los laicos no oremos por ellos. Y así, muchos sacerdotes, que pueden parecer grandes líderes y buenos predicadores, se han aprovechado de la buena fama que ha tenido su figura para implementar un horroroso sistema de abuso y manipulación que ha causado un tremendo daño en muchas víctimas, cuya fe se ha visto tremendamente lastimada. La idealización hacia una figura enceguece la mirada, nos hace pensar que ellos son súper – hombres, (que deben ser excelentes administradores, predicadores, intelectuales, catequistas, amos de casa, psicólogos, consejeros entre muchas otras exigencias) quitando a nosotros, los laicos, una actitud corresponsable con la misión de la Iglesia que debemos tener por el hecho de haber sido bautizados.

El espacio se queda corto para comentar otros factores que analiza este libro (como las enfermedades, la pobre selección de candidatos al sacerdocio por la falta de vocaciones en muchas diócesis entre otros) y que han hecho estallar una crisis que nos duele y nos deja perplejos. Sin embargo el mensaje de Dios es el mismo, la validez de los sacramentos es la misma y por ello hay (y quizás también, más de lo que pensamos) muchos buenos y santos sacerdotes y religiosos que no figuran en los diarios, pero que en silencio están construyendo la Iglesia con su generosidad (y también con una buena dosis de martirio) porque en medio de las humillaciones creen y siguen a la persona de Jesucristo, el mismo ayer hoy y siempre.

LINK ORIGINAL: El Colombiano

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