Carlo Petrini, fundador del movimiento Slow Food, falleció dejando un legado revolucionario en el sector alimentario mundial. Este intelectual italiano fue el brazo creador de una iniciativa que transformó la gastronomía tradicional, reivindicando el placer de la mesa a partir de alimentos humildes y rechazando la homogenización del gusto. El movimiento nació en 1986 como protesta contra la apertura de un McDonald's en la Plaza España de Roma, donde Petrini y otros intelectuales italianos manifestaron su rechazo a la desaparición de las tradiciones alimentarias locales. Tres años después, en París, se presentó formalmente el movimiento con una declaración de principios que proclamaba: "comencemos desde la mesa con la Slow-Food, contra la estandarización producida por la Fast-Food".
Lo que pocos conocen es que el movimiento Slow Food fue presentado por primera vez en Venezuela, específicamente en Caracas, en febrero de 1989, un mes antes de su presentación oficial en París. El movimiento evolucionó hacia una visión mundial que garantiza el acceso a alimentos buenos, limpios y justos, entendiendo la comida como cultura e identidad ligada a la tierra, con respeto y solidaridad. Petrini promovía siempre el vínculo entre el hombre y la calidad de vida, luchando por formar comensales informados y conscientes de sus elecciones gastronómicas. Su trabajo trascendió las fronteras italianas para impactar globalmente en la forma de concebir la alimentación.
Carlos Petrini visitó Caracas en febrero de 1989 para participar en un festival de cocina piamontesa organizado en el Club Member's de La Castellana. Durante su estadía en la capital venezolana, compartió momentos memorables con amigos cercanos, lejos del lujo pero cercanos a la trufa y a la gente. Uno de los firmantes del manifiesto del Slow Food en París fue José Rafael Lovera, en representación de Venezuela, lo que demuestra la conexión temprana que existía entre el movimiento italiano y los intelectuales gastronómicos venezolanos. Petrini también visitó Los Roques durante su permanencia en el país, donde padeció una curiosa insolación, formando parte de esa red de conexiones que lo vinculaban con Venezuela más allá de lo meramente oficial.
La historia de Petrini en Caracas permanece poco documentada en los registros públicos y digitales, pero fue testificada por quienes trabajaron directamente con él en los primeros proyectos del movimiento Slow Food. Su influencia en Venezuela llegó a ser tan significativa que aún hoy existen familiares suyos viviendo en las calles caraqueñas, y estuvo presente incluso durante el Caracazo, los eventos que marcaron un momento crucial en la historia venezolana. Estos detalles, que ningún buscador digital podría proporcionar, forman parte de un legado humano y gastronómico que conecta la revolución alimentaria global con las experiencias vividas en tierra venezolana.
Fuente: Tal Cual — Ver nota original