Caracas en una forzada normalidad a diez días del terremoto – Efecto Cocuyo

Caracas en una forzada normalidad a diez días del terremoto – Efecto Cocuyo

Caracas en una forzada normalidad a diez días del terremoto De norte a sur y de este a oeste, un solo tema de conversación: el doble sismo y la preocupación por los que quedaron sin casa Por Albany Andara Meza | @AlbanyAndara ● La Humanidad ● 4 julio, 2026 9:44 pm Los mercados abrieron las puertas muy temprano, dueños de perros los llevan a pasear por la vereda, los autobuses trabajan con su habitual ruido, los mototaxis zigzaguean en las carreteras, en las tiendas de electrodomésticos alguien compra una cocina, la gente ve el atardecer desde la Esfera de Soto en la antes autopista Francisco Fajardo. Parece un sábado normal en la capital de Venezuela, un país que hace diez días se sacudió con fuerza inaudita debido a un doble terremoto destrozó medio litoral y varios puntos de Caracas. A pesar de la aparente cotidianidad del fin de semana, las huellas están ahí. En los escombros en Los Palos Grandes, donde las grietas surcan los edificios y todavía causan que los transeúntes se detengan a hacer una o dos fotos. También en los puntos de acopio camuflados en las avenidas y en la presencia policial, sobre todo en el centro de la ciudad, en el que edificios de la Misión Vivienda se han visto seriamente comprometidos. Más allá de estos espacios, la vida transcurre con lentitud, con lluvias ocasionales y un calor pegajoso que embota los sentidos. “Salí a desconectarme un rato. Si sigo viendo el teléfono me voy a volver loca. Hay demasiadas fotos de cadáveres, las envían por los grupos de WhatsApp. He visto noticias buenas, pero la mayoría que me llega son malas y verlas es como si me drenara la energía. Además me siento muy mal por las personas que se quedaron sin casa y sin familia, cada vez que leo una de esas historias me dan muchas ganas de llorar. Me sentí tan agobiada en casa esta semana que hoy decidí salir con mi esposo y la verdad no me he sentido mejor. Pero por lo menos me está dando el aire”, dijo Karla Valencia, de 37 años, a Efecto Cocuyo este 4 de julio en La California. En Petare, el barrio más grande de Latinoamérica, en el municipio Sucre del Área Metropolitana, los comerciantes venden desde sus toldos improvisados y en sus pequeñas tiendas. No han tenido tantos clientes como esperaban este sábado, pero las personas siguen comprando uno o dos productos constantemente así que los números no son nada críticos. En la redoma, donde está la plaza del Cristo, se extiende un barullo poco extraordinario. Lo único que cambia es el contenido de las conversaciones: todas giran alrededor del sismo, de los rescatados, de aquellos que no tuvieron tanta suerte. Cifras oficiales señalan que hay al menos 2.954 muertos. “Las personas siguen comprando. Algunas aprovecharon el bajón del dólar para buscar divisas. En mi caso yo he vendido mucho enlatado, a veces creo que es porque están donando eso en otro lado. Desde hace tres días es una de las cosas que más vendo (…) El día después del terremoto yo dije que me iba a esperar a que todo se tranquilizara pero después abrí en horario normal. Es que si no trabajo mi familia no come ¿me entiendes? La vida sigue, aunque nos cueste aceptarlo. Yo todavía siento que estoy como en un mal sueño”, dijo Jeffrey León, comerciante en el mercadito de Petare. Realidades Paralelas En las calles de Altamira y Los Palos Grandes, en el municipio Chacao, el escaso tráfico caraqueño coexiste con el rugido sordo de la maquinaria pesada que remueve escombros cerca del colapsado edificio Petunia. El desplome de tres inmuebles y los huecos que dejaron siguen siendo una herida abierta a la vista de todos, custodiada por cintas de peligro y rescatistas exhaustos que trabajan llenos de sudor. Los vecinos han ayudado ha recoger algunos restos de mampostería caída de las aceras. Al lado de la entrada del edificio Argentum acomodaron una fila de sacos bien ordenados. En la avenida San Felipe han acordonado el perímetro debido al riesgo de desplome de algunos edificios afectados. Alrededor, los icónicos cafés y panad

Fuente: Efecto Cocuyo — Ver nota original

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