Cantar y recordar - EntornoInteligente
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La cantante huancavelicana se ha especializado en difundir las tradiciones de su tierra natal. Gracias a ello, tiene un conocimiento amplio de las costumbres del ande. Para este mes, alista su regreso a los escenarios, donde interpretará temas de su autoría.

15/9/2019

Todavía recordamos, con algo de nostalgia, al doctor Panizo, quien en los bares del centro de Lima, como el Queirolo, de pronto se paraba de su mesa y, haciendo unas venias, cantaba el huaino ayacuchano ‘Huérfano pajarillo’. “A qué has venido a tierras extrañas, alza tu vuelo vamos a Ayacucho…”. Luego  comenzaba  con unos movimientos extraños de brazos, enfrentándose con un imaginario rival, “hasta dejarlo tendido en el suelo”, según su mirada, las palmas de manos extendidas y sus palabras. Regresaba a su mesa y explicaba a sus amigos que este era un deporte huancavelicano, al estilo de los gladiadores griegos. Con el tiempo y las aguas, nos fuimos enterando de esta costumbre, que ahora nos explica detalladamente la cantautora Juliana de la Cruz Boza, más conocida por su nombre artístico, Juliana de Oropesa. Saber enamorar La intérprete nos cuenta que esta pelea tiene su origen en la región Huancavelica de los chopqas, intrépidos jinetes, músicos y, sobre todo, soberanos rebeldes. Ni incas ni españoles pudieron doblegarlos. El enfrentamiento es un desafío de dos hombres que se disputan el amor de una pasña (mujer joven en quechua), mientras un coro canta versos de amor y desafío. Juliana de Oropesa recuerda que participó alguna vez en esos coros, que es todo un privilegio. Fue gracias a esa experiencia, entre otras, que reafirmó su amor y entrega al canto. Además, esta pelea “amor a codazos” es un ejercicio atlético ligado a la agricultura. De ahí su nombre: champa tiqray (voltear la tierra) o cuchuscha (medir la fuerza). Se celebra en dos fechas especiales: en Semana Santa y en la ceremonia Huahua Huañuy (la muerte de un niño). Además, está dentro del cuerpo escénico del Atipanakuy o competencia de los danzantes de tijeras, donde el enfrentamiento entre los luchadores o los danzantes no solo representan a los individuos que participan, sino también a la comunidad, en su permanente entendimiento con la tierra o Mamapacha. De esta manera, el Champa Tiqray está vinculado con la fertilidad, el vigor o fuerza en el trabajo agrícola. Con más de 40 años de vida artística, Juliana de Oropesa es autora de bellas composiciones, como la mulisa ‘Oh, Perú’, el santiago ‘Yo soy pichuisita’ o el huaylarsh ‘Soy huancavelicana’, entre otras.  Orgullo huancavelicano Juliana de Oropesa nació en el anexo Ambato, distrito de Yauli. “El nombre de mi pueblo se debe a la gran cantidad de sapos que había porque sapo en quechua se dice ampatu”, cuenta. Revela que en el centro del pueblo hay una piedra en forma de sapo y se le respeta porque este animal es considerado guardián de la agricultura. A los 18 años, Juliana se inicia como intérprete en el recreo campestre de Campoy en Lima, con el nombre artístico de Alondra de Colca debido a su empresario arequipeño. Luego cambiaría a Juliana de Oropesa, Bella de los Andes. Ha estado desvinculada de los escenarios para dedicarse a impulsar el folclor andino mediante su programa de radio. Sin embargo, alista su retorno para fines de este mes en un local de la carretera Central. (Antonio Muñoz Monge).

LINK ORIGINAL: El Peruano

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