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“Ahora los árbitros somos unos títeres”, nos dijo, desesperanzado, un juez del fútbol menor. “Las jugadas dudosas las decide la computadora. Esto no debería ser”.

Desde tiempo inmemorial, el árbitro de fútbol ha sido el ser humano de más poder durante los 90 minutos de un partido; en todo ese transcurso él ha sido el hombre que toma decisiones inatacables, y hasta ha sido dueño del tiempo: solo él puede dictar cuándo termina el juego.

Hasta ahora. La tecnología, ese dios infalible de la nueva era es la que ordena, dispone y hasta rebate al árbitro su hasta hace poco gran poderío. Contraviniendo la naturaleza viva del juego, la computadora, el llamado VAR, detiene, mira en pantalla, estudia, y como un papa del fútbol confirma o revierte lo que el referee había dictaminado.

Esta es una nueva realidad; maldita cosa, dirán los viejos jugadores y los aficionados tradicionalistas, y a ella, que parece irreversible, habrá que obedecer. No así los futbolistas de nuevo cuño, habituados a que las máquinas “piensen” por ellos, y por eso no sienten que este recién estrenado panorama les afecte. Y es que lo del fútbol y el árbitro invisible no es sino un espejo de los nuevos días, afectos sin remedio al hecho informativo que ha dividido a la sociedad mundial según las edades de la gente; a los mayores les cuesta sobrevivir en ese inabarcable océano de cables y ordenadores.

Y no habrá manera de revertir el paso firme de la historia. El ordenador marca la ruta, y si no hacemos caso pues habrá que morir en el intento. En un partido de la reciente Copa América tuvimos que “sufrir” que un árbitro estadounidense detuviera el juego ¡cinco veces! en el primer tiempo para recurrir a los dictámenes de la informática y sus implacables ejecutores. En todas esas paradas vimos a los jugadores, brazos cruzados, con cara de fastidio, esperando la inapelable decisión. Ya no es como antes. Cada gol llega envuelto en el halo de la incertidumbre, cada tarjeta tiene el color que el juez de otra dimensión elija.

Y como la tecnología anda por la vida a paso de invicto gladiador, ahora ensayan en una liga con un robot como árbitro. Menuda innovación. Solo falta que, un buen día de estos no haya jugadores, sino armaduras de metal pateando una pelota y marcando goles impensados. Pero ¿harán caso estos muñecos de acero, de incandescentes bombillos rojos y verdes y circuitos indescifrables, lo que el teclado de la laptop marque en pantalla?

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LINK ORIGINAL: Noticias24 vla

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