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Arte sustentable, revalorar lo femenino y materiales orgánicos en la exposición de la pintora Soledad Urzúa

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Volver a la tierra y a la naturaleza. Así llega «Origen, retrospectiva de un encierro» a Lo Matta Cultural, exposición en la que la artista nacional, Soledad Urzúa Edwards, cita la maternidad y, también, sus raíces hispanoamericanas, en un encuentro con lo más propio, lo más íntimo, lo más cercano. «En la naturaleza está todo, dejé de lado los referentes europeos, empecé solamente a introducirme en la naturaleza, sobre todo en el jardín mismo, en la naturaleza están las formas más bonitas, están los colores, la colaboración que existe entre las plantas es un espacio que es muy equilibrado, es la belleza máxima», explica la artista. Compartir Twittear Compartir Imprimir Enviar por mail Rectificar

La música en la sala se apaga y la artista Soledad Urzúa lo primero que hace es volver a prenderla, «para mí es muy importante la música», se excusa. Cada detalle de la exposición es relevante para el eje central de la muestra que es la maternidad y los ciclos de la naturaleza. El espacio, la iluminación, los soportes de las obras y la curatoria, importan. Por coincidencia, el 10 de mayo, el Día de la Madre, la pintora inauguró  «Origen, retrospectiva de un encierro», dos salas en Casa Lo Matta que alojan noventa obras que la artista trabajo dos años previos a pandemia y durante el encierro de 2020 y 2021. Todos los días está en el centro cultural porque le gusta estar disponible para las personas que visitan la muestra.

Tras cuatro años de trabajo, en los cuales la artista pasó prácticamente recluida en su taller, Urzúa comenta que las dos salas muestran dos etapas distintas que marcaron su trabajo artístico. En el primer piso de la casa, está «Jardín», un conjunto de collages que trabajó la artista con un papel proveniente del Himalaya que compró su madre hace más de 20 años y pigmentos naturales que ha ido recolectando de distintos lugares la artista. Las obras se inspiran en formas y figuras de la naturaleza.

«En la naturaleza está todo, dejé de lado los referentes europeos, empecé solamente a introducirme en la naturaleza, sobre todo en el jardín mismo, en la naturaleza están las formas más bonitas, están los colores, la colaboración que existe entre las plantas es un espacio que es muy equilibrado, es la belleza máxima», explica la artista.

Materiales sustentables Uno de los focos de la muestra está en el origen de los materiales que usa la artista, todos son materiales orgánicos justamente haciendo referencia al concepto de la obra y con la voluntad de Urzúa de hacer arte más sustentable. En ese sentido, Soledad Urzúa es cuidadosa con todos los detalles y los aspectos relacionados a sus obras, es por eso, que para ella era importante encontrar un lugar que no sea necesariamente una galería de arte.

«La casa es monumento histórico, quería que donde yo expusiera mi obra fuera de materiales nobles, encuentro que ese lenguaje era más fácil que se compenetrara y me pasa que papel hecho de fibra de planta no tiene nada que ocultar», expresa.

«Las galerías, sin criticarlas, creo que son muy importantes en su rol en la sociedad pero su iluminación y su materialidad hacen que las personas se alejen, son como espacios muy fríos y las personas se cohiben», añade la artista.

Maternidad y nuevos materiales Para complementar, la reflexión sobre la maternidad la artista prefirió no trabajar con un curador, sino que le pidió a su madre, sus hermanas, hijas y sobrinas que la ayudarán con el montaje de la exposición. Soledad Urzúa relata que está acostumbrada a trabajar soledad,  pero que las mujeres presentes en su vida aportaran con su visión en la muestra fue fundamental.

«A mí me gustar estar encerrada sola en el taller o jardineando, entonces en vez de encargarle la curatoría a un extraño me pareció que lo más sensato era convocar a mi mamá, mis hermanas, mis hijas y mis sobrinas, traje a todas y a ellas les entregué el montaje», sostiene.

La segunda sala es el resultado del trabajo durante los meses de encierro durante el inicio de la pandemia. La artista encontró en el arte un espacio de reflexión, de goce y reconciliación con la maternidad que según cuenta postergó su trabajo como creadora.

«Me he tenido que postergar por la maternidad, sin arrepentimiento, pero es un hecho real entonces tener que enfrentarme al oficio al principio me dio un poco de asfixia. Me enfrenté conmigo misma pero el proceso fue lindo y el tiempo que aplica que requieren esos oficios significan muchas cosas y con eso se me calmó la maternidad, se me calmaron las rabias de los tiempos que no tenía para trabajar. Vino una reconciliación», reflexiona.

Para poder llegar a eso primero pasó por un periodo de experimentación con materiales. Al explorar con fibras naturales cuenta que un día abrió una humita y se le ocurrió trabajar con las hojas de choclo.

«A medida que uno conoce más la naturaleza más las respeta, como mi relación con el jardín se fue profundizando y fui conociendo los ciclos. Entonces me pasó que me propuse ese respeto creando una obra cada vez más sustentable que dejara menos huella de carbono. Como desde siempre he hecho papel con pulpas de papel, hago compost, intenté hacer papel con las hojas de los lirios, empecé a pensar en qué otra fibra natural me pudiese ayudar hacer arte y de repente abriendo una humita pensé en la hoja de choclo y la hoja de maíz», expresa la artista.

En ese momento comenzó a explorar con el material y enfrentarse a nuevas formas de realizar sus obras.

«Las hojas me enseñaron que hay que lavarlas, teñirlas y plancharlas. Como son orgánicas igual tienen cierto movimiento porque se mueven con la presión atmosférica, entonces tuve que aprender a bordarlas. Fueron oficios que yo no quería hacer, yo venía de la pincelada, de la pintura rápida y del gesto pictórico, entonces enfrentarme con todos estos oficios que además están relacionados a las mujeres», afirma.

Finalmente, tras un trabajo de limpieza, tintura y planchado de las hojas de choclo, comienzan a surgir las obras que componen las series «Los choclarios», haciendo referencia a los plumarios utilizados por pueblos indígenas americanos, y luego los «Bulbos vulvas» y los «Jardines uterino».

«Bulbos vulvas» de Soledad Urzúa.

«La forma de la hoja de maíz lleva a lo que yo siempre he trabajado, que es el caliz, el pubis, el origen, que es la forma femenina más linda, que es la vulva y de ahí también viene la palabra origen, no solamente de la tierra, sino que también aceptar y dignificar que es desde ahí donde se origina la vida», expresa Soledad Urzúa.

La exposición «Origen, retrospectiva de un encierro» es el resultado de un proceso de introspección de la artista que reúne obras en dos etapas diferentes de la creadora que le permitieron reconectar con las raíces del territorio americano. Para Soledad Urzúa la muestra es su «manera de revalorar lo femenino», concluye.

La exposición está disponible hasta el domingo 19 de junio de 10:00 a 19:00 horas en Lo Matta Cultural (Av. Kennedy 9350). Entrada liberada.

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