ARGENTINA: Una cumbre distinta - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / La Nacion / Existe la impresión de que el mundo tiene demasiadas reuniones “cumbres”, internacionales o regionales, que poco o nada aportan al progreso. Y es posible que así sea. No obstante, la reciente reunión de los 21 países que conforman el “Foro de Cooperación Asia-Pacífico” (APEC) generó una serie de resultados y aportes concretos -de distinto tipo- que no pueden pasarse por alto. Tuvo ruido y nueces, a la vez.

En primer lugar, evidenció -con absoluta claridad- el creciente liderazgo internacional de China. El dueño de casa, el presidente Xi Jinping, salió fortalecido de ella, demostrando no sólo que -después de dos años de gestión y con ocho más por delante- ha consolidado su poder sino además que la gravitación mundial de su país está en continuo ascenso.

China es ya, con los Estados Unidos, una de las dos grandes potencias del mundo. Esa es la realidad que, por lo demás, se advierte con sólo contemplar lo que sucede para constatar la fuerza de su presencia mundial. Por ejemplo, la reciente cotización de las acciones de la empresa china del sector electrónico Alibaba en la Bolsa de Nueva York, que generara un récord mundial. Unos 25 billones de dólares en su primera oferta pública, transformando al fundador de la empresa, Jack Ma, en el hombre más rico de China. Y a su empresa en una con mayor valor de mercado que Facebook, Amazon o J. P. Morgan.

El dueño de casa, el presidente Xi Jinping, salió fortalecido

A lo que se agrega que en la actualidad los inversores chinos están comprando las propiedades más importantes en Nueva York, Londres y otras grandes ciudades occidentales. Entre ellas, el hotel Waldorf Astoria, un símbolo emblemático de la Gran Manzana. China es exportadora neta de inversiones, con un gigantesco stock de inversiones externas del orden de unos 660 billones de dólares.

Pese a que China crece hoy al menor ritmo desde 1990 y que su deuda es ya del 250 de su PBI, lo cierto es que la economía china es una de las dos más grandes del mundo y, al ritmo en que van las cosas, pronto será la primera. La liturgia en Beijing se esforzó constantemente por destacar esta circunstancia.

En segundo lugar, la reunión de la APEC posibilitó un nuevo apretón de manos entre Xi Jinping y el debilitado Barack Obama y produjo algunas sorpresas positivas en la relación bilateral.

Como una sorpresiva declaración genérica entre las dos potencias acerca de cómo enfrentar el cambio climático, según el cual los Estados Unidos reducirán paulatinamente sus emisiones contaminantes para 2025 de modo que, para entonces, ellas sean menores (26%) a las de 2005. Y donde China, por primera vez en la historia, aceptó comprometerse a que sus emisiones contaminantes dejen de crecer a partir de 2030. Esto seguramente permitirá a la comunidad internacional redoblar sus esfuerzos en busca de enfrentar un problema que a todos afecta. China y los Estados Unidos son, recordemos, el primero y el segundo contaminantes del mundo.

Así como cerrar un convenio que permitirá desgravar más el comercio bilateral en el campo de la tecnología, específicamente en materia de videojuegos, semiconductores, equipos médicos y software. Y poner en vigor un acuerdo en materia de visas, que permitirá que los chinos reciban visas de hasta 10 años -con entradas múltiples- para visitar los Estados Unidos y que sus estudiantes y empresarios pueden viajar con facilidad a ese país. En 2013, cabe apuntar, 1,8 millones de chinos visitaron los Estados Unidos, dejando con ello 21 billones de dólares en el camino y generando unos 100.000 empleos. A la inversa, el año pasado el turismo hacia China decayó, como consecuencia -entre otras cosas- del fortalecimiento del renminbi y del impacto adverso de la tremenda contaminación urbana china.

Como si todo eso fuera poco, China -que ha estado excluida de las negociaciones para conformar la zona de libre comercio a la que se llama TPP, que incluye a los EEUU y a 21 países del mundo -entre los cuales están Chile, México y Perú- logró que la APEC decidiera ir adelante con una zona de libre comercio que reúna a todos sus miembros, incluyendo a China. En los próximos dos años se estudiará, a fondo, la factibilidad de esa aventura común.

Si el TPP se celebra primero -sumando a más de la mitad del PBI del mundo y al 45% de los flujos comerciales- será sólo un paso adelante que luego habrá de confluir con la zona que reúna a todo el APEC. Si, en cambio, la liberación del comercio internacional incluyera a todos los miembros de la APEC, se incluiría al 57% del comercio mundial.´

China aparece ahora como un motor más (tan importante, como ansioso) del libre comercio en el mundo

China aparece ahora como un motor más (tan importante, como ansioso) del libre comercio en el mundo. A la par de los EEUU. Las negociaciones para el mencionado TPP han avanzado mucho en el último semestre, pero deben aún vencer el proteccionismo agrícola japonés. La idea es tratar de ponerlo en marcha en el curso del 2015, atento a que el 2016 será un año electoral en los EEUU.

En todos estos pasos, un activo Xi Jinping “se robó el show”. Apareció como es: un hombre fuerte. Ambicioso. Ejecutivo. Decidido. Seguro de sí mismo. Con un claro control sobre el Partido Comunista chino, donde es ciertamente un primus inter pares. Empujando la idea de un Asia con menos influencia norteamericana y más presencia china.

A los 61 años, luce vigoroso y confiado. Pero es duro e intolerante con el disenso. Xi Jinping hasta mostró, en la conferencia de prensa conjunta con Obama, su abierta desconfianza hacia la libertad de expresión. Y, de paso, advirtió a sus visitantes la necesidad “no entrometerse” en el dilatado conflicto que -en materia de libertades civiles y políticas- aqueja a Hong Kong. Xi Jinping, que camina el mundo, lo conoce. Tuvo a su hija estudiando en Harvard, aunque con un seudónimo.

Su objetivo no parece ser ahora una suerte de inflexible Doctrina Monroe para Asia. Pero sí el de que China pueda jugar siempre un papel central en su desarrollo. Y en su estabilización. Sin por ello necesariamente excluir a los Estados Unidos. Con un rol que seguramente será tan vigoroso como su personalidad. Jugando constantemente en la primera fila, sin estar detrás de ningún país.

Las reuniones bilaterales de alto nivel con Obama fueron tres. Todas intensas y con resultados concretos. Del frío gélido inicial que había invadido la relación, se pasó en Beijing a un ambiente de cooperación, más relajado por cierto. Lo que es positivo.

En tercer lugar, como es habitual en estas reuniones, se avanzó asimismo colateralmente en algunos otros temas. Aprovechando la oportunidad. Quizás el paso más trascendente en este capítulo se exteriorizó mediante otro apretón de manos. Visiblemente helado. Pero apretón y comienzo de un deshielo al fin. Con los efectos de distensión que ellos generalmente producen.

Me refiero al encuentro entre Xi Jinping y el premier japonés, Shinzo Abe. Ambos son líderes fuertes y nacionalistas. Y están enfrentados por el conflicto de soberanía sobre las islas Senkaku o Diaoyn, según las denominaciones japonesa y china. Islas que Japón nacionalizara hace unos dos años, encendiendo la desconfianza. El encuentro entre ambos mandatarios duró escasamente 25 minutos. Y tuvo poca cobertura periodística en China. Es importante porque hablamos de tensiones crecientes que afectan a la segunda y a la tercera economías del mundo. Graves. El paso al frente es entonces bastante claro. Japón aceptó, por primera vez, que existe un conflicto de soberanía respecto de las islas antes nombradas. Y China, por su parte, admitió que hay otra opinión a tener en cuenta, lo que no es frecuente. Habrá ahora, por lo menos, una “hot-line” para evitar incidentes militares. No es poco. Pero es apenas el comienzo de una labor que debiera culminar en un entendimiento entre las partes, quizás basado en alguna fórmula de explotación conjunta de los yacimientos de hidrocarburos que -se sospecha- estarían en torno a un archipiélago de islas rocosas y deshabitadas.

Xi Jinping también se reunió con el presidente de Filipinas, Benigno Aquino, para comenzar a conversar sobre otro delicado conflicto de soberanía que China mantiene, siempre en el mar, con ese país Entre el diálogo y los silencios amenazantes hay una enorme diferencia, particularmente cuando se trata de emotivos conflictos de soberanía.

Aprovechando la reunión multilateral, también Obama pudo reunirse, tres veces, aunque siempre brevemente, con Vladimir Putin. La peligrosa cuestión de Ucrania estuvo, sin duda, en el temario.

Putin -ahora aislado por Occidente, pero ladero constante de Xi Jinping- aprovechó la oportunidad para reunirse con el premier australiano y conversar con él sobre cuestiones aún no resueltas vinculadas con el derribo del vuelo de Malasia MH17, donde lamentablemente muriera un tendal de pasajeros australianos.

Dejó un saldo más específico que otras cumbres que apenas son un ejercicio de promoción personal común de los líderes que concurren a ellas

También México -que acaba de dejar sin efecto un proyecto de “tren bala” que estaba siendo discutido con una empresa china- pudo dejar ese sinsabor atrás y logró suscribir varios importantes acuerdos de financiamiento para su desarrollo, incluyendo el sector energético, hoy en ebullición. Chile y Perú no se quedaron atrás. Chile fue el primer país latinoamericano que suscribiera un tratado de libre comercio con China, en 2006. Perú siguió ese mismo camino en el 2010 y está requiriendo participación china en el ambicioso proyecto de comunicación ferroviaria entre el Atlántico y el Pacífico que tiene en estudio. De concretarse, se conformaría un activo corredor comercial, al norte de nuestro país.

Lamentablemente la India no concurrió, pese a que el infatigable Narendra Modi había sido ciertamente invitado por el país anfitrión. Tiene ciertamente las manos llenas con las reformas con las que está modernizando a su país. Pero esa circunstancia no es excusa.

A partir de la reunión de APEC comentada puede generase en nuevo ímpetu para el desarrollo de la región de Asia-Pacífico. Y disminuir las preocupantes tensiones generadas por los conflictos de soberanía aún abiertos entre China y sus vecinos. Así como en las Kuriles, entre Japón y la Federación Rusa. Esto debería traducirse en la disminución de los discursos xenófobos que, desde hace rato, resuenan en la región, aturdiéndola. Muy particularmente, en China.

Todo luce más positivo entonces después de una “cumbre” distinta. Provechosa. Que dejó un saldo más específico que otras “cumbres” que apenas son un ejercicio de promoción personal común (con el dinero de los demás) de los líderes que concurren a ellas. Lo sucedido nos recuerda palabras recientes de Henry Kissinger, cuando sentencia que “los Estados Unidos y China son, ambos, pilares indispensables del orden mundial”. Por ello la cooperación -y la cercanía- entre ellos es indispensable. .

Con Información de La Nacion

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