Argentina sin rumbo - EntornoInteligente
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El nuevo presidente argentino Alberto Fernández (aunque aún no sabemos si es el que detenta el poder real y menos a tenor de la penosa actuación de su vicepresidenta Cristina Fernández el día de la asunción) ha recibido un país en grave emergencia económica y social, con alta pobreza, en recesión, con alta inflación  y con una deuda externa e interna elevada que no puede pagar y que deberá renegociar en forma amigable o en forma brutal (default, aunque esperemos que sea sin festejo en el Congreso esta vez, a diferencia de 2002).

En todo caso, Alberto Fernández no está dispuesto a hacer un ajuste del gasto, seguramente subirá algunos impuestos al capital, y como tiene poco margen para hacer la política keynesiana habitual del peronismo y no estamos en el comienzo del boom de las commodities que le cayó de regalo a Néstor Kirchner en 2003, se propone algunas cosas como “un sistema masivo de créditos, a tasas de interés bajas”, que otorgarán instituciones “no bancarias”; y la economía popular y sus movimientos organizados, el cooperativismo y la agricultura familiar, serán actores centrales. Habrá además “un Consejo Económico y Social que diseñará, consensuará y consagrará un conjunto de políticas de Estado para la próxima década”.

Cuales son las instituciones “no bancarias” que darán “créditos masivos” a “tasas de interés bajas” y de dónde conseguirán fondos que no vengan del endeudamiento (Argentina no tiene capacidad de acceder al mercado de crédito) o de la emisión monetaria, es un misterio. Al menos tiene un guiño del FMI, cuya directora gerente señaló que comparten “los objetivos de perseguir políticas que reduzcan la pobreza y alienten el crecimiento”. Eso sí, igual que todos los actores, el FMI espera el plan económico del nuevo gobierno. Porque los objetivos son plenamente compartibles, el problema es cómo conseguirlos y en qué plazo.

Aunque Argentina no tenga crédito, la relación con el FMI, los mercados y los inversores es muy importante. Es preciso poner sobre la mesa un plan creíble y consistente.

Por otro lado, Alberto Fernández deberá ubicar a Argentina en el mundo. La relación con Brasil no es buena: Brasil quiere liberalizar el comercio y Argentina protegerlo. ¿Hasta dónde llegará la tensión en el Mercosur? Más temas. Evo aprovechó la asunción presidencial para ir a la Argentina y solicitar refugio: una forma de estar más cerca de su país que es limítrofe. Alberto se lo otorgó, cosa que Macri no había hecho. Y algo volverá a ocurrir con Venezuela a quien Cristina apoyó a capa y espada y Macri desconoció la relección de Maduro.

Y después entramos en el tema judicial. Alberto Fernández hizo en su discurso una fuerte critica a los jueces y una fuerte llamada a la reforma profunda del sistema judicial. Parecería que todo los casos de corrupción política van a quedar en la nada. “Cuando los jueces tienen miedo, los ciudadanos no pueden dormir tranquilos” decía el célebre jurista italiano Francesco Carnelutti. Hoy en Argentina los jueces –los buenos, los malos, los honestos y los corruptos– tiene miedo si son señalados por el presidente entrante (y bien que lo fueron, cuando aún no era presidente, con nombre y apellido), llamándolos a responsabilidad por haber procesado a Cristina. Porque habrá jueces malos o corruptos, pero que durante los tres gobiernos K, desde 2003 a 2015, hubo una enorme corrupción en la obra pública es algo que nadie en su sano juicio puede negar. Y de ello hay pruebas al canto como los bolsos con US$ 10 millones volando por encima de los muros de un convento o los US$ 5 millones en la caja de seguridad de Florencia Kirchner o los cuadernos de las coimas con minuciosos relatos de la ruta del dinero. Y eso no es un “linchamiento mediático” como señala Alberto Fernández.

Todo eso da para un documental de Netflix como el que se hizo sobre el “Lava Jato” en Brasil. Pero lo que se va a hacer es un documental por Oliver Stone sobre el “lawfare” (la guerra judicial de los jueces contra gobernantes de izquierda), con los relatos de Alberto y Cristina. Por algo Stone estuvo en Buenos Aires charlando con ellos en los días de su asunción.

Y si alguien tiene aún duda, basta que repase 3 minutos del alegato de 3 horas de Cristina ante el Tribunal Oral Federal para ver  la forma despectiva con que trata a los magistrados, a los que amenaza duramente: “A mí me absolvió la historia. Y a ustedes, seguramente los va a condenar la historia”. Cualquier otro ciudadano hubiera tratado con el debido respeto al tribunal ante el que declara en una causa en la que está procesada. Al menos para evitar el delito de desacato. Pero ella se considera impune e inmune y superior a todos. Lo triste es que Alberto Fernandez, a pocos días de asumir, respaldó por completo ese alegato vergonzoso. Vergonzoso para quien lo dice y vergonzoso del país en que ello ocurre sin sanción alguna. Por eso, más allá de lo economico-social, Argentina es un país sin rumbo.

LINK ORIGINAL: El Observador

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