ARGENTINA: La llave para superar la grieta - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / La Nacion / Eta semana, Margarita Stolbizer dijo en TV que la grieta que divide a los argentinos es el relato o la ficción de dos extremos que antagonizan. Aunque bastante compartida, parece una mirada apresurada, que desconoce cómo se reavivó en el pasado reciente esta nueva encarnación de las antinomias que han marcado a fuego este país desde sus inicios. La cuestión tiene interés. Aunque nadie puede definir sus contornos, la polémica sobre la grieta ha recobrado vigencia, acaso por la proximidad de las elecciones de octubre y porque de algún modo signa la vida nacional con efectos concretos. Por ejemplo, muchos se preguntan si no debe adjudicarse a este enfrentamiento entre dos posturas inconciliables la demora de las inversiones.

En principio, el carácter irreductible de estas posiciones en pugna delata el fracaso de dos instrumentos básicos de la democracia. Primero, la palabra, en la que los unos podrían abrirse a las experiencias e ideas de los otros y viceversa, para descubrir puntos en común o síntesis superadoras; segundo, las instituciones, creadas para resolver estas diferencias de modo civilizado. En este sentido, la grieta pone de manifiesto las limitaciones de nuestro sistema político, todavía precario. También, instala una nota de tensión e incertidumbre que se proyecta sobre el futuro próximo.

Sin embargo, para dejarla atrás, para superarla, conviene tener en claro su naturaleza y el modo en que se instaló entre nosotros durante el gobierno anterior. Se equivocan quienes ven en ambos extremos dos posturas equivalentes, que comparten responsabilidades y fanatismos en medidas parejas. Esta nueva versión de la grieta la abrieron los Kirchner, echando sal en viejas heridas para volver a abrirlas. No los movían convicciones morales ni postulados ideológicos, sino el objetivo de dividir al país en beneficio de su proyecto de poder. Laclau puro, según cuyos dictados muchos intelectuales oficialistas redujeron la realidad a dos categorías etéreas, tan abstractas que se emanciparon por completo de los hechos: el bien y el mal. El bien encarnó para ellos en el proyecto “nacional y popular”; el mal, en todos aquellos que se atrevían a criticarlo. La ex presidenta perfeccionó este reduccionismo con sus arengas en cadena, donde todo era interpretado y manipulado según esta lógica binaria que acabó enajenando al país y divorciándolo de la realidad.

Y también, claro, dividiéndolo. Pero no entre buenos y malos. Lo que hubo del otro lado fue una reacción para evitar que los Kirchner se quedaran con todo. Hubo que oponerse al quiebre total de las reglas de juego y a la demonización de aquel que pensara distinto. Hubo que resistir la concentración absoluta y el intento de acabar con la división de poderes y la prensa crítica. El esfuerzo, al fin, permitió que el país no siguiera la estela que la Venezuela bolivariana va dejando hoy en su declinación.

Sin embargo, esa resistencia tuvo sentido cuando Cristina se soñaba eterna y concentraba un poder monárquico. Hoy la ex presidenta sólo mantiene la fidelidad de un núcleo duro que sigue sosteniendo, como ella, el mismo nivel de intransigencia. Aunque se haga oír, ha perdido también el monopolio de la voz. En suma, ha dejado de ser una amenaza actual para la democracia republicana. ¿No sería éste, entonces, el momento apropiado para enfriar las divisiones y acortar el abismo de la grieta? ¿O para dejar a los intolerantes en paz con su intolerancia?

Esto no parece estar ocurriendo. En buena parte de la población, Cristina sigue despertando mucha animosidad. Habría que buscar las causas en razones humanas e institucionales. Lo que hizo y dijo, lo que hace y dice, provoca reacciones viscerales. Pero ese rechazo también nace de una frustación que tiene raíces en un déficit de las instituciones: la falta de justicia. Son muchos los que entienden que la señora hizo lo que quiso -enriquecerse, entre otras cosas- durante demasiados años sin consecuencia alguna. La impunidad, se sabe, genera impotencia y bronca. Cuando la Justicia actúa como corresponde, algo se repara en el cuerpo social. Cada cual podrá elaborar sus odios en la intimidad de su conciencia, pero la sociedad necesita volver al equilibrio perdido confirmando que quien delinque, sea quien sea, recibe su pena y paga por las consecuencias de sus actos.

De lo contrario, lo diferido, lo que debe hacerse y no se hace, tarde o temprano pasa factura. Es el eterno retorno de lo mismo. Por eso, si esta vez la Justicia no actúa, se repetirá la historia y en un futuro más o menos próximo vendrá alguien a sacar partido de esta grieta, tal como los Kirchner se aprovecharon de las heridas nunca cicatrizadas que dejaron la violencia de la guerrilla y el terrorismo de Estado de los años 70, luego de que se neutralizaron los efectos del trascendente Juicio a la Juntas de los años 80.

Sin justicia, las heridas y los odios no se cierran ni cicatrizan. Se prolongan en un sordo resentimiento. Se mantienen latentes hasta que un inescrupuloso los aviva en provecho propio para beneficiarse de la división. Al fin, la llave para superar la grieta está -siempre lo estuvo- en la Justicia.

La columna de Carlos M. Reymundo Roberts volverá a publicarse el 27 de mayo.

LA NACION Opinión ARGENTINA: La llave para superar la grieta

Con Información de La Nacion

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