ARGENTINA: K - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / Perfil / Lector: pruebe dar vuelta una letra K. Verá que, aun invertida, se sigue viendo igual (en el título de esta columna, está invertida). Quizás esa curiosidad –hay otras letras así en el abecedario– sea una metáfora aplicable a la política. Y muchos de los que fueron K y ahora se dieron vuelta continúan siendo esencialmente K siendo acérrimos opositores. O sea, son oportunistas. Y si se prefiere una definición más elevada, son circunstancialistas.

No encontré mejor forma de comenzar esta columna sobre el nuevo escándalo judicial de la semana a partir de la denuncia del fiscal Nisman a la Presidenta y el canciller por encubrimiento en el caso del atentado a la AMIA. Ni de transmitir mi hastío al escuchar decir al fiscal Nisman: “Yo me reí, no tomé en serio a Pepe Eliaschev, dudé de él y confié en el gobierno argentino. Hoy obviamente me tengo que arrepentir. Uno a veces comete errores. Pero claro, después, cuando se siguió avanzando y se veía que lo que decían las escuchas se corroboraba, se terminó armando todo un rompecabezas perfecto. Pero no son sólo las escuchas, que son fundamentales porque son el hilo conductor. La prueba determinante acá es una cuestión política, que sí se puede negociar políticamente, no quiero que se confunda más eso. Lo que no se puede hacer es borrar una causa judicial de un plumazo”.

Pero tardó cuatro años el fiscal Nisman en reconocer la veracidad de la nota escrita por Eliaschev (que fue principal título de tapa de PERFIL: “El Gobierno negocia un pacto secreto con Irán para ‘olvidar’ los atentados”), porque salió en marzo de 2011.

¿Recién ahora? Francamente me espantan tanto como el kirchnerismo estos jueces y fiscales que intempestivamente salen ahora a imputar al kirchnerismo de todo junto. Así como la letra K dada vuelta es idéntica, esta forma de actuar de jueces y fiscales genera la misma sensación de inseguridad jurídica que Oyarbide.

Hacen sospechar que cuando venga el próximo gobierno harán lo mismo que hicieron con Kirchner, y los más longevos con Menem. Que otra vez los primeros años de un gobierno nuevo no investigarán nada, y si no aplaudieran mirarían para otro lado para, cuando todo el daño ya estuviera consumado, allí emerger como valientes salvadores de la patria.

No les crea, lector. Me refiero a que no les crea a ellos porque lo que denuncian puede ser cierto. Gracias a Dios, esta vez Clarín y La Nación no hicieron como con Hotesur elevando a Bonadio a la condición de Salomón, ni aturdiéndonos día tras día con el tema, y a las 24 horas de la denuncia de Nisman ya comenzaron a bajarle el tono (el jueves, el programa político de TN conducido por la principal figura del diario Clarín –Julio Blanck– directamente omitió el tema, cumpliendo alguna instrucción), porque tampoco era para irse al otro extremo.

Aun con sus excesos en el caso de Lanata o su estructuralismo en el caso de Longobardi, lo que más los engrandece es la coherencia a lo largo de los años, porque siempre han mantenido una posición crítica hacia el kirchnerismo. Ellos son creíbles aunque lo que digan a veces pueda ser equivocado.

De las múltiples interpretaciones que ha tenido la frase de McLuhan “el medio es el mensaje”, quizá la más adecuada a nuestra situación comunicacional actual es que, hasta cuando dice la verdad un juez, un fiscal o hasta un medio oportunista, miente por lo menos en sus intenciones, afectando la credibilidad de lo que es verdadero.

Ese es el mayor problema de la Argentina, no los kirchneristas, que dentro de unos meses comenzarán a pasar al olvido. Con lo que seguiremos conviviendo en el futuro (e hizo posible al kirchnerismo en el pasado) es con esa agresividad lábil, con ese pragmatismo cínico, con esa tolerancia de la opinión pública mientras las cosas no vayan mal, con un utilitarismo miope que cuando ya no sirve más desemboca siempre en bronca tardía y autoexculpatoria.

Superficialidad, ése es nuestro problema. Eliaschev también era verdadero aun cuando se equivocaba; se tomaba en serio su profesión y estaba dispuesto a pagar costos por ejercerla así. No cosechó favores, licencias, contratos o publicidad oficial mientras el Gobierno estaba en la buena para luego escandalizarse cuando la opinión pública comenzaba a cambiar su humor. Durante el kirchnerismo, tanto Eliaschev como Lanata y Longobardi fueron despedidos de los medios audiovisuales en los que trabajaban. Vale agregar a Nelson Castro a esta lista de principales críticos no panqueques.

El panquequismo, oportuno neologismo difundido por la revista Noticias en una célebre tapa sobre el final del kirchnerismo, resume una calaña que tiene más éxito en los países que fracasan. Es responsabilidad nuestra creerles o no a partir de 2016. El renacimiento de la Argentina dependerá mucho más de nuestra dignidad como creyentes, de nuestro esfuerzo para construirnos un sentido no inoculado y de hacernos cada uno una subjetividad más responsable, que del talento del próximo ministro de Economía para desatar la cantidad enorme de nudos que dejan 12 años de errores del kirchnerismo, independientemente de sus aciertos.

Precisamos que cada ciudadano sea un mejor lector de la realidad, que no adhiera con alegría futbolera a lo que confirma sus deseos de cada momento, que lo convierte en presa fácil de la demagogia funcional a las circunstancias. El kirchnerismo hizo un buen diagnóstico sobre la importancia que tienen la subjetividad, el discurso y el relato. Pero en lugar de vacunar a la sociedad con la dosis que resultara un antídoto, aplicó el veneno mismo enfermando a todos de un relativismo mortal que terminó engrandeciendo lo que supuestamente quería combatir.

El grotesco asincrónico de Nisman, que demoró cuatro años en denunciar lo que Eliaschev hizo en 2011, es apenas una muestra más de que la gravedad de nuestro problema no se resuelve con la extirpación del kirchnerismo.

Con Información de Perfil

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