Lapatilla julio 23 2026, 7:54 pmPosteado en: Actualidad, InternacionalesCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn En los últimos meses Mario Silva, ha venido dando declaraciones en las que pretende presentarse como víctima de una supuesta entrega de Venezuela a intereses extranjeros, lo que constituye un ejercicio de impostura política que ofende la memoria de quienes padecieron durante más de dos décadas el aparato de persecución que él ayudó a sostener. Mario Silva no fue un espectador extraviado dentro de la llamada revolución bolivariana. Fue uno de sus operadores propagandísticos más visibles, persistentes y agresivos. Desde una televisora perteneciente al Estado venezolano utilizó recursos públicos para identificar, denigrar, intimidar y exponer ante el poder a periodistas, dirigentes políticos, intelectuales, defensores de derechos humanos y ciudadanos cuyo único delito consistía en disentir. Suscríbete aquí para hacerle seguimiento diario al rescate de Venezuela tras los sismos La Hojilla no fue simplemente un programa de opinión ni una expresión excéntrica de la polarización venezolana. Fue una pieza del dispositivo mediante el cual el chavismo transformó al adversario político en enemigo interno. Allí se exhibían nombres, rostros, escritos y trayectorias; se destruían reputaciones; se atribuían delitos sin juicio; se sembraba odio contra personas concretas; y se preparaba a la sociedad para aceptar como legítimas la vigilancia, la exclusión, la inhabilitación, el encarcelamiento y el exilio de quienes cuestionaban al régimen. La persecución comenzaba en el lenguaje. Primero se despojaba al ciu
Fuente: La Patilla — Ver nota original