Apagones sin horario generan ansiedad y agotamiento en Venezuela

Los cortes de luz sin cronograma oficial mantienen a la población venezolana en un estado de alerta permanente que trasciende la simple falta de electricidad. Desde inicios de febrero se registran apagones que se extienden de cuatro a doce horas continuas sin información oficial sobre racionamiento, afectando profundamente la rutina diaria de miles de familias. El Gobierno justificó inicialmente estas medidas como respuesta a un fenómeno solar, pero posteriormente reveló que Venezuela alcanzó un récord de demanda eléctrica de 15.570 megavatios en mayo, la cifra más alta en nueve años, atribuyéndolo al crecimiento económico y a las intensas olas de calor.

Para Andrea, residente en Los Jardines de El Valle, los apagones representan una crisis integral que afecta su economía y salud emocional. La incertidumbre sobre cuándo se irá la luz la obliga a estar en constante vigilancia, desconectando electrodomésticos ante cada corte impredecible. El impacto trasciende lo material: sin poder trabajar ni estudiar durante las horas sin servicio, y sin comunicarse con su familia, Andrea ha llegado a estados emocionales críticos, incluyendo episodios de llanto que reflejan el deterioro de su bienestar.

Expertos en salud mental consultados por Crónica Uno advierten que la falta de previsibilidad genera cuadros severos de ansiedad y lo que se conoce como indefensión aprendida. La psicóloga social Delys Navas explica que la electricidad es fundamental para necesidades básicas como higiene, seguridad y alimentación, y que el ser humano requiere predictibilidad para sentirse seguro. La ausencia de horarios oficiales resulta más dañina que el corte mismo: el cerebro gasta una energía colosal intentando adivinar cuándo faltará la luz, generando un agotamiento ejecutivo invisible pero devastador.

Este estado de hipervigilancia permanente afecta la salud mental de ciudadanos de todas las edades y sectores socioeconómicos, quienes viven en una tensión constante derivada de la incertidumbre. La carga psicológica de intentar planificar lo impredecible deja a las personas exhaustas, impactando su capacidad de trabajo, estudio y convivencia familiar, convirtiendo la crisis energética en una crisis humanitaria de consecuencias mentales profundas.

Fuente: CronicaUno — Ver nota original

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