La psicóloga social Nancy Hernández advierte sobre el impacto psicológico devastador que los constantes cortes de electricidad provocan en la población venezolana. Según la especialista, estos racionamientos eléctricos generan un estado de alerta permanente que eleva significativamente los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Hernández explicó que la falla eléctrica descontrola el entorno predecible que las personas mantienen en su vida cotidiana, creando lo que denomina un trauma crónico ambiental que afecta directamente la salud mental de los ciudadanos.
Las consecuencias de esta situación se manifiestan tanto a nivel físico como psicológico. Los venezolanos experimentan agotamiento constante, insomnio y falta de sueño que deterioran su bienestar general. Este problema es particularmente grave en el sector educativo, donde niños y adolescentes sufren efectos diferenciados en su desempeño escolar. La irritabilidad causada por la falta de sueño, combinada con el estado de ansiedad que transmiten los padres y representantes, genera una sensación de inseguridad que compromete el proceso de aprendizaje de los menores.
En las aulas, la situación se agrava aún más con la interrupción constante de las clases. Los docentes enfrentan dinámicas educativas que se vuelven repetitivas y desorganizadas, lo que agota profesionalmente a los maestros y frustra a los estudiantes. La especialista enfatiza que no se trata simplemente de interrumpir las lecciones y continuar como si nada hubiera sucedido, sino que estas interrupciones generan un ciclo de estrés que afecta toda la experiencia educativa de la comunidad escolar.
Hernández advirtió que si las autoridades no atienden urgentemente esta crisis eléctrica, los cuadros de depresión aumentarían de forma masiva y generalizada en la población. La imposibilidad de resolver la irritabilidad y el estrés crónico derivados de los apagones podría llevar a una crisis de salud mental sin precedentes en Venezuela, especialmente considerando que el país simultáneamente intenta atraer inversiones extranjeras para recuperar su infraestructura económica.
Fuente: La Patilla — Ver nota original