Antonio de la Cruz: Venezuela y la reconstrucción del Estado

Antonio de la Cruz: Venezuela y la reconstrucción del Estado

Lapatilla junio 24 2026, 7:13 amPosteado en:  OpiniónCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn La transición comienza cuando las instituciones vuelven a importar Durante años, Venezuela fue interpretada como una novela. Los personajes cambiaban, los nombres se sucedían, los discursos se multiplicaban, pero el argumento permanecía intacto. Todo parecía reducirse a una pregunta: ¿quién gobernará el país cuando termine el ciclo chavista? Venezuela atraviesa un plan de TRES FASES, déjanos tu correo y te actualizaremos al momento La pregunta era comprensible. También era equivocada. Las sociedades suelen enamorarse de los individuos cuando en realidad dependen de las instituciones. Buscan salvadores cuando lo que necesitan son reglas. Confían en héroes cuando lo que garantiza la libertad es la existencia de límites al poder. Por eso el hecho más importante que está ocurriendo hoy en Venezuela no es la aparición de un nuevo liderazgo ni la desaparición de uno antiguo. Es algo menos espectacular y mucho más trascendente: el debate ha comenzado a desplazarse desde los nombres propios hacia la arquitectura institucional del país. La reciente reunión entre Dinorah Figuera y Jorge Rodríguez ha sido interpretada de múltiples maneras. Algunos han querido verla como una sustitución de liderazgos. Otros, como una derrota política de María Corina Machado. No faltan quienes la consideran una negociación convencional entre adversarios. Sin embargo, ninguna de esas interpretaciones parece capturar lo esencial. Lo verdaderamente relevante es que la conversación ya no gira alrededor de ministerios, cuotas de poder o repartos burocráticos. Los asuntos colocados sobre la mesa son otros: la composición del Consejo Nacional Electoral, la independencia del sistema judicial, las garantías para los derechos políticos, la libertad de expresión y las condiciones para futuras elecciones. En otras palabras, no se está discutiendo quién ocupará la silla presidencial. Se está discutiendo cómo evitar que alguien vuelva a convertirlo en una propiedad personal. Esa diferencia cambia todo. Las democracias no se construyen el día de las elecciones. Se construyen mucho antes. Nacen cuando existen árbitros confiables, tribunales independientes, prensa libre y mecanismos capaces de garantizar que quien pierde acepte el resultado y quien gana no abuse de la victoria. Venezuela pasó más de un cuarto de siglo destruyendo precisamente esos mecanismos. El deterioro fue gradual. Primero se debilitó la autonomía institucional. Luego se subordinó la justicia al poder político. Más tarde se convirtió la competencia electoral en un procedimiento administrado desde el Estado. Finalmente, la diferencia entre gobierno e instituciones desapareció por completo. El resultado fue un país donde las reglas dejaron de proteger a los ciudadanos y comenzaron a proteger a quienes controlaban el poder. Reconstruir ese edificio tomará tiempo. Mucho más tiempo del que desean quienes esperan una transformación inmediata. Pero la historia ofrece pocas alternativas. Las transiciones duraderas nacen de instituciones fuertes. Las transiciones apresuradas suelen producir nuevas frustraciones. Existe además otro elemento imposible de ignorar. Venezuela ya no es únicamente un asunto venezolano. La magnitud de la migración, la importancia energética del país, la presencia de actores criminales transnacionales y la competencia geopolítica en el hemisferio han convertido la crisis venezolana en un asunto de seguridad estratégica para Estados Unidos. Esta dimensión quedó particularmente clara en la reciente entrevista concedida por Donald Trump a

Fuente: La Patilla — Ver nota original

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