Ansiedad y desconcierto en los hospitales venezolanos: “No sabemos a quién creer”

Lapatilla junio 28 2026, 6:59 amPosteado en:  Actualidad, NacionalesCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn Personas aguardan este viernes, frente a un centro de emergencia en Catia La Mar (Venezuela). Familiares recorren distintos hospitales para intentar ubicar a sus parientes heridos o fallecidos tras los terremotos de 7,2 y 7,5 registrados la tarde del miércoles y que ha dejado, hasta el momento, un saldo de 920 personas muertas. EFE/ Ronald Peña R   Una señora vestida de negro aparece en la sala de espera de emergencias con una manguera: “Todo el mundo se levanta que tengo que limpiar”. Las familias que tienen a sus hijos acostados sobre mantas en el suelo recogen a los pequeños y se hacen a un lado. Merlí Gallardo también se levanta cargando un vaso de plástico con café. Lleva dos días atenta a las novedades sobre su marido, internado en el Hospital Domingo Luciani, uno de los más grandes de Caracas. Apenas ha dormido desde el día del terremoto, pero está algo más tranquila. Por elpais.com URGENTE: Dos terremotos azotaron La Guaira y hemos preparado un reporte de información actualizada AQUÍ Su marido pasó ese miércoles funesto más de 20 horas debajo de los escombros de su casa en La Guaira, el epicentro del sismo. Cuando lo rescataron, los primeros médicos le dijeron que no tenía nada grave y lo querían dar de alta. Pero Merlí, de 47 años, sabía que algo iba mal porque su esposo estaba pálido y defecaba sangre. “Me dijeron que era una úlcera por estrés, pero yo me lo traje en el carro de un amigo para Caracas”. El viernes, ya en el Hospital Luciana, le indujeron el coma. Mientras los manguerazos limpian las esquinas de la sala de espera, Merlí busca esperanza en medio del desconcierto: “Al menos aquí siento que está mejor cuidado. Pero no sabemos a quién creer”. Los hospitales de Caracas están recibiendo desde el miércoles gran parte de los más 3.200 heridos que, hasta ahora, ha contabilizado el Gobierno. Los primeros días se vivieron escenas de colapso. “A nuestro sobrino lo tuvimos que traer de La Guaira con otros dos niños en una ambulancia y tardaron más de un día en meterlo al quirófano”, cuenta el tío, Carlos Gonzalo, en otra silla de la sala de espera del hospital Luciani. El niño, de siete años, tiene fracturados el fémur y la clavícula, y presenta daños renales que aun no han podido identificar bien los médicos. Sus padres murieron al protegerle con su cuerpo de los escombros. “Se le montaron encima”, cuenta su tío. Tras unos primeros días de caos y angustia, los familiares del niño dicen que ahora las cosas están un poco mejor. “Le han comenzado a dar diálisis, aunque no sabemos para cuántos días podrá ponérsela”. Aunque el temblor causó estragos también en la capital, derribando bloques de pisos enteros, los peores daños vienen de La Guaria, un Estado vecino al norte. Famoso por alojar uno de los puertos más importantes del país y hermosas playas, pese a ser un centro turístico, la infraestructura médica quedó desbordada desde el día del doble sismo. El viernes, dos días después del temblor, las calles principales eran un avispero de gente buscando ropa y víveres para resguardarse en carpas donde pasar la noche. En la acera hay montadas también carpas con centros médicos improvisados. Acostada sobre una camilla, los sanitarios le toman los signos vitales a una joven con la pierna derecha vendada. Desde la puerta de la carpa, su suegro cuenta que los hospitales de la ciudad “están dañados o no cabe ya nadie”. A su espalda, la gente hace cola para ser atendida. “Hay pocos recursos pero somos médicos de guerra” La infraestructura médica ya estaba muy

Fuente: La Patilla — Ver nota original

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